Turismo

Curazao, la ciudad de las casitas multicolores

Celeste, naranja, verde y rosado pastel son los colores de las fachadas que engalanan Willemstad.

Domingo 29 de Septiembre de 2019

Escuchar Bon Bini o Dushi es algo habitual cuando uno llega a la isla. Son dos palabras en papiamento (una lengua que entremezcla español, portugués y holandés) que significan bienvenidos y cariño, respectivamente, dos expresiones que los lugareños no se cansan de decir a quienes llegan a su tierra.

   En el centro del país la arquitectura resalta al llegar: casas con techos de forma inclinada se convierten en una parada obligatoria para cualquiera que visite la avenida de Handelskade, una zona que forma parte de la ciudad declarada como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1997.

Más que una simple estética

“Durante el siglo XVII los barcos holandeses exportaron las tejas a cambio de la sal, conocido en ese entonces como el oro blanco, muy importante para los países europeos en esa época”, relató con orgullo la guía Lesire Livette, de la empresa de turismo FBTT Travel Curacao.

   Destacó que durante la construcción de los edificios se utilizaron materiales como la piedra caliza, la arena y el coral, elementos que han resistido el paso del tiempo y que ahora una fundación se encarga de restaurar para evitar el deterioro por los azotes del clima tropical.

   Pero para los “curazoleños”, el color de las casas va más allá que una simple estética urbanística y se debe a un acontecimiento cuanto menos extravagante. Según una ley vigente promulgada en 1817 por el entonces gobernador holandés de Curazao, Aruba y Bonaire, Albert Kikkert, las casas no pueden pintarse de blanco porque el resplandor del sol causa dolores de cabeza y ceguera.

   Bajo un sol abrasador, Livette explicó que la ciudad está dividida en dos secciones: Punda y Otrobanda, conectadas por el puente de la Reina Emma que cruza la Bahía de Santa Ana. En Punda, el mercado flotante, la Fortaleza de Amsterdam, el Palacio del Gobernador y el Parque Wihelmina conforman parte del circuito histórico de esa zona.

   Otrobanda, por su parte, es considerada una de las primeras zonas residenciales construidas en el siglo XVII y está rodeada de negocios, como hoteles, casinos, comercios y hospitales.

   Otro de los sitios destacados es el Museo Kura Hulanda, o Jardín de Holanda, que cuenta las diferentes etapas de la esclavitud que sufrió la isla caribeña a manos de sus conquistadores.

   La guía no dejó de recordar, como curiosidad, la tradicional visita que cada cuatro años tiene por costumbre realizar a todas las islas de las Antillas el rey de Holanda, Guillermo-Alejandro, junto a su esposa, la reina consorte Máxima.

   La instructora relató que la influencia neerlandesa -que data de 1634- no se ha mitigado en estos siglos, y las personas de 110 nacionalidades que hoy habitan Curazao respetan y defienden la historia del país.

   Durante el recorrido por sus impresionantes parajes, detalló que son cerca de 146.836 los habitantes que pueblan este territorio de 444 kilómetros cuadrados, situado en el sur del mar Caribe, a unos 50 kilómetros de la costa noroccidental de Venezuela. La mayoría habla holandés, inglés, español y la lengua criolla papiamento.

   El turismo representa el 70 % de la economía de la isla, lo que explica que los nacionales atiendan al visitante con esmero y se encarguen de que los más de 500.000 turistas que arriban vuelvan otra vez. Mientras tanto, el alma caribeña de Holanda seguirá encantando a los que deseen conocer la ciudad de los colores.

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