En el mejor de los casos, los gobernadores y los negociadores de Milei llegaron a un principio de acuerdo sobre algunos temas, como darle luz verde a la ley ómnibus XS, pero condicionado a que se destraben otros, como los subsidios al transporte, el fondo de incentivo docente y los anticipos de la Anses a las cajas previsionales provinciales.
Los gobernadores quieren mostrarse cooperativos pero el rojo en las cuentas provinciales ya se está tornando violeta. Tampoco les causa gracia que el presidente pretenda llevarlos a la rastra sin compensaciones para sus distritos. En este punto, Milei es igualitarista: castiga tanto a los colaboracionistas como a los confrontativos, aunque no está claro que comprenda que sólo una parte de los legisladores —y no precisamente la mayoritaria— responde directamente a los caciques provinciales.
Un factor que los gobernadores buscan camuflar para ampliar su capacidad de negociación. Los cambiemitas también celebran que pudieron mantenerse unidos. Más por errores o estrategia de Milei que por méritos propios. “Otro gobierno ya te hubiera roto el bloque y los habría comprado de a uno”, dice un armador.
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Pese al desconcierto que todavía persiste en sus filas, tras cuatro meses de gobierno el círculo rojo empezó a descifrar el modus operandi de Milei. El presidente borra con sus pulgares tuiteros lo que el ministro del Interior escribe con la mano, mientras reza por una recuperación en V de la actividad económica y los salarios que descartan hasta los talibanes de la ortodoxia.
Nadie puede acusar al presidente de no ser transparente. Esta semana, Milei dijo que su peor error desde que aterrizó en la Casa Rosada fue “creer que podía negociar y hacerle un planteo honesto a los gobernadores” y blanqueó que su gran apuesta es la elección legislativa del año que viene. La hipótesis es que conseguirá el volumen necesario en el Congreso para dinamitar el dique que bloquea, por ahora, la corriente revolucionaria pro mercado.
La popularidad de Milei y el recuerdo fresco en la opinión pública de la pobre performance de Cambiemos y el Frente de Todos disuade a casi toda la dirigencia política de confrontar con una administración precaria, tanto en términos políticos como económicos. Nadie quiere sacar la ficha que haga tambalear al jenga libertario.
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“El gobierno tiene muchas dificultades para construir acuerdos, pero saben que estamos entrando en una etapa donde la conflictividad te puede jugar en contra. Igual, los gobernadores no quieren ser parte del fracaso y no van a hacer nada que muestre que no tuvieron voluntad de acordar”, dice un consultor que presta sus servicios a un mandatario de la franja central del país.
Pasar el otoño
En este panorama, Milei sobreactúa la afinidad con Estados Unidos. Detrás del álbum de fotos que armó el presidente con la jefa del Comando Sur, la generala Laura Richardson, se conjuga una mirada rígida de política exterior, más propia de la Guerra Fría que de un mundo en transición por el ascenso de China, con urgencias financieras. Toto Caputo pasa el CBU pero no consigue los 15 mil millones de dólares para levantar el cepo. Sería la primera buena después de un loop de malas noticias.
El FMI, donde EEUU tiene el voto decisivo, elogia el camino, pero de inyectar fondos frescos ni hablar. El organismo pide más consistencia política y advierte sobre la calidad del ajuste, que recae sobre asalariados y jubilados. No es que a los burócratas del Fondo les haya nacido una inédita sensibilidad social. Observan las fragilidades del andamiaje libertario, al menos en su fase inicial, y quieren estar lejos si se desploma.
La recesión autoinducida y la obsesión de Milei por el déficit cero pueden meter a la economía en un círculo vicioso de caída de la recaudación por el derrumbe de la actividad que a su vez obliga a un ajuste mayor que nunca alcanza. Un león que da vueltas y se muerde la cola.
Por ahora, el dólar se mantiene planchado. Sin embargo, la liquidación de la cosecha gruesa podría presionar para una devaluación y los tarifazos en camino le meterán turbo a una inflación que viaja al 276% anual. Desde agosto del año pasado sólo en octubre el índice de precios al consumidor se ubicó en la banda de un dígito: 8,3%.
Los estudios de opinión marcan que la mayoría de la sociedad asigna la responsabilidad de la crisis económica al gobierno de Alberto Fernández, Sergio Massa y Cristina Kirchner. Sin embargo, el activo de la herencia recibida tiene rendimientos decrecientes a lo largo del tiempo y el ajuste que Milei vende como el más grande de la historia podría estar muy por encima del umbral del dolor de la población.
Milei tiene a su favor el clima de época. Un consenso de repliegue estatal que no alcanzaba estos niveles desde comienzos de los ‘90 y que le permite avanzar sin mayores sobresaltos la cancelación de miles de contratos en la administración pública. Un consenso que Macri no tenía, o no se animó a testear.
También cuenta como ventaja la pasividad opositora. La casta deja hacer a Milei, ya sea porque entienden que está llevando adelante el trabajo sucio, porque leen que todavía es lo suficientemente fuerte para enfrentarlo de manera abierta, o por una combinación de ambas. Delegan en la sociedad los tiempos y los modos de la resistencia a Milei.
Representaciones estalladas
Hasta Pablo Moyano duda antes de convocar a un paro del transporte porque el gobierno no homologa la paritaria de Camioneros con las empresas del sector. Una situación curiosa: desde diciembre el gobierno dejó prácticamente todos los precios —alquileres, prepagas, alimentos, combustibles— a la mano invisible del mercado pero fija los salarios con puño de hierro.
Si Milei tiene campo libre es porque el triunfo del más outsider de los outsiders fue un golpe de la sociedad a la mesa que resquebrajó o hizo saltar por los aires, según el caso, a los distintos esquemas de representación.
En este contexto, Karina Milei se lanzó al armado de La Libertad Avanza en todo el país. Ya no como una alianza que surgió de modo aluvional con libertarios, conservadores, personal reciclado de experiencias políticas pasadas (y no tanto) y aventureros, sino como un partido conducido desde arriba, más homogéneo y con menos lugar para librepensadores. De los márgenes al poder, primero; del centro a la periferia, después.
El protagonismo creciente de Karina en la pública de cara a 2025 (¿también hacia 2027?) podría incrementar la tensión con Victoria Villarruel, que construye su propia instalación. Milei es el jamón de un sandwich de mujeres fuertes y con un proyecto político personal que, si suma a Patricia Bullrich, se convierte en triple.
Dilemas en el PRO
En Santa Fe, el montaje libertario está a cargo de Romina Diez. La economista y amiga personal de los hermanos Milei tiene viejos conocidos en el mundo PRO, el partido con el que los libertarios buscan una alianza y que a la vez buscan desplazar y superar, como intentó la fuerza amarilla con el radicalismo.
El avance libertario pone en un dilema a los referentes locales del PRO. Con sus diferencias, todos los sectores del partido que Macri tuvo que volver a conducir integran el oficialismo de Unidos para Cambiar Santa Fe, que podría estar abriendo un ciclo político largo en la provincia y tendrá su oferta electoral en 2025.
En la conducción del PRO ya entrenan para un difícil equilibrio pero deslizan: “Estamos más cerca de Milei que de Lousteau”.
De todos modos, el plan de expansión de La Libertad Avanza y la estrategia electoral por ahora están escritas en una mesa de arena y dependen de la performance del gobierno.
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Aunque autoridades sanitarias como el porteño Fernán Quirós señalen que el brote histórico de dengue está cerca de llegar al final, la forma en que el gobierno manejó la situación —de manera tardía y delegando en las provincias y el mercado la distribución de vacunas y repelentes— deja un antecedente inquietante para el futuro no tan lejano.
El amateurismo en gestión, el desprecio por el Estado en paralelo a su desmantelamiento, en medio de un ajuste inédito y con una comunicación displicente y poco empática son un imán de eventos críticos para el respaldo social del gobierno, que necesita revalidarlo en la cruda temporada otoño-invierno que acaba de empezar.