En la contundente victoria sobre San Lorenzo en el Bajo Flores quedó otra vez evidenciado que este Newell’s alcanza sus mejores performances cuando Cristian Ferreira está encendido. Cuando el volante rojinegro está motivado, participativo y preciso, cuando influye en la usina de elaboración de juego y consigue poder de fuego al acercarse al área rival, allí este equipo sube de nivel, sale de su chatura, de sus reiteraciones y sus empecinaciones habituales y consigue una carta determinante que sirve para marcar diferencias. Cuando el 30 está inspirado, o le salen las cosas, la apuesta leprosa suele estar mucho más cerca de los resultados positivos.
Muchas veces, su propia irregularidad (y la del equipo), atentan contra puestas en escena que sean más confiables y que se puedan mantener en el tiempo. Es difícil de establecer dónde comienza esa cadena, si en su propias dubitaciones o en las de nivel colectivo. Lo cierto es que cuando logra exponer sus mejores virtudes, Ferreira es el rasgo distintivo de un Newell’s que muchas veces apela a otro trayectos para conseguir juego y lastimar al rival.
Cuando se anima a levantar la cabeza y pedirla, cuando se atreve a enfrentar la monotonía circundante, cuando intenta ponerle algo de luz a una estructura de vértigo que en muchas ocasiones recae en la tentación de buscar todo a través de sus extremos, el mediocampista ofrece una alternativa de enorme valor y le pone su sello personal a los ataques rojinegros. Es una pieza vital, casi única en este Newell’s, ya que el resto brinda otro tipo de aportes.
Sin reemplazo
Ferreira tampoco tiene reemplazo. Ni a mano, ni lejos. El arribo de Esteban Fernández, volante de carácter ofensivo proveniente de la reserva de River, todavía no asoma en condiciones de ser una variante que amerite un lugar de consideración en el once principal. Todavía recorre una etapa de puesta a punto para poder ser tenido en cuenta por Gabriel Heinze y sus colaboradores.
Con los pibes del club, tampoco aparecen nombres que despierten interés. Hasta el momento, las entradas de Guillermo Balzi no llegaron a convencer. Las veces que el Gringo apostó por su figura, generalmente terminó excedido por las circunstancias. Se vio ante Corinthians en la Copa Sudamericana y esta tela lo ata cada vez que le toca salir al ruedo.
Cuando tuvo pista libre no cumplió, no estuvo a la altura de las exigencias y eso le quita opciones al cuerpo técnico rojinegro.
Entonces, cuando Ferreira no funciona, Newell’s tiene problemas, y Heinze usualmente suele optar por jugadores de otras características (Marcos Portillo o Lisandro Montenegro), o algunas posturas tácticas diferentes para suplir esa situación.
Eso sirve para reconocer y poner en valor las características de Ferreira, quien en un momento de máxima necesidad, donde estaba en riesgo el propio ciclo de Heinze, apareció y se hizo cargo de liderar una actuación que le devolvió signos de vitalidad a este Newell’s. Justo a tiempo.
Con sus dos goles estampó su firma en el Nuevo Gasómetro, y construyó un símbolo de reacción, más que oportuno. Esas conquistas también representaron la respuesta en cancha a un entrenador que siempre lo respaldó y apostó por él.
Con un rendimiento muy destacado, que le valió ser figura ante el ciclón, respaldó el DT y despejó, al menos por un rato, al menos por par de días, el manto de cuestionamientos que venía cubriendo los pasos en este proceso.
Este Newell’s lo necesita así, como contra San Lorenzo. Decidido y determinante. Poniendo en el campo de juego toda su capacidad para llegar al gol y destrabar partidos intrincados.