Ya estamos sumergidos en un nuevo mundial. Desde el primero, en 1930, todo ha cambiado. Por ejemplo, no tenemos que estar pegados a una radio para saber el resultado, imaginando cómo habrá sido aquel golazo que se relataba entre sonidos de interferencia que hablaban de la lejanía del evento. Ni esperar por la llegada de un telegrama. Con toda claridad, ¡esperar no! Hoy los satélites nos alcanzan la imagen al lugar del mundo donde estemos, nítida y sin ruidos. La podemos ver en nuestros televisores LED en muy alta resolución y, si no podemos en ese momento, seguramente el partido habrá sido grabado en alguna memoria de estado sólido para que podamos verlo luego. Y si tenemos suerte, tal vez podamos ver otra vez a Lionel Messi sentado en el césped, celular en mano, hablando con su familia, donde quiera que esté.
Niels Henrik David Bohr: físico, profesor universitario, físico nuclear, filósofo de la ciencia, futbolista, químico e investigador. Copenhague, Dinamarca, 1885 - 1962.
Fuente: Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
Toda esta tecnología que permea nuestra vida diaria, los chips que hay en nuestros celulares, computadoras, autos, satélites, televisores, la luz misma que emanan los teles y alumbran las canchas, las que controlan los gigantescos sistemas de refrigeración en los estadios del Mundial Qatar 2022, los equipos de resonancia magnética que hay en espera de posibles lesionados, tienen un elemento en común: la física cuántica. El desarrollo de esta rama de la ciencia se produjo a partir de 1900 con Max Planck, pero fueron muchos los que contribuyeron a darle forma. Entre ellos, se encontraba Niels Bohr, hijo de Christian Bohr, quien fuera el introductor del fútbol a Dinamarca. Christian, un fisiólogo, creó el Akademisk Boldklub (AB, que aún existe), un club de fútbol. Insistió en que sus tres hijes, Jennifer, Niels y Harald, se formaran tanto en la academia como en los deportes. Así, en 1905 Niels llegó a ser el arquero del AB, y Harald fue un temible delantero y figura de su equipo. Se cuenta que, en un partido en Alemania, los defensores y el público tuvieron que gritarle a Niels para que ataje una pelota fácil. Luego explicaría que estaba distraído con un problema matemático que lo preocupaba. Ya para 1906 abandonó el fútbol. Su vocación estaba definida, y no era en esas canchas en las que iba a jugar, sino en las ligas mayores de la física, en Inglaterra, empezando por el estudio de la estructura atómica en el laboratorio de Rutherford, por ese entonces en Manchester, Inglaterra. Harald, por su parte, siguió en el equipo, fue convocado a la selección y jugó los Juegos Olímpicos de Londres de 1908, descosiendo redes para lograr la medalla de plata. Ello no le impidió obtener su Doctorado. Es conocido que cuando Harald realizó la defensa de su Tesis Doctoral, el público estaba constituido en su mayoría no por colegas, ¡sino por hinchas de fútbol! Luego se convirtió en un reconocido matemático en la Universidad de Cambridge.
Niels Bohr y Albert Einstein saliendo de la Conferencia de Solvay en Bruselas, 1930.
Foto: Paul Ehrenfest
Para sus 27 años, Niels ya había hecho enormes contribuciones al entendimiento de la estructura atómica, influenciando, al decir de su estudiante Werner Heisenberg (premio Nobel de Física 1932) a toda una generación de físicos, aún más que el propio Albert Einstein.
Diez años más tarde, con unos muy jóvenes 37 años, fue galardonado con el Premio Nobel. Su vida continuó entre la Academia, múltiples distinciones y premios y las eternas discusiones con Einstein, que iban más allá de la ciencia pura, adentrándose en los aspectos filosóficos de sus respectivos descubrimientos.
Durante la guerra ayudó a muchos colegas alemanes disidentes o judios a escapar del régimen. Siguió trabajando en el entendimiento de la fisión nuclear, una investigación clave para la construcción de la bomba atómica. De hecho, tuvo que emigrar de la Dinamarca ocupada por los nazis, en parte porque su madre era judía y, sobre todo, ante la inminencia de su detención para que trabajara en el desarrollo de la bomba nuclear alemana junto a Heisenberg. Lo hizo en forma novelesca, escapando primero de los alemanes por la puerta trasera de su casa con una botella de cerveza llena de agua pesada, bajo la protección del fuego de la resistencia, subiendo luego a un barco pesquero que lo trasladó junto a su familia a Suecia, desde donde fue trasladado en avión a Inglaterra y de allí a los Estados Unidos, donde participó en la construcción de las primeras bombas nucleares.
Sólo después de que se arrojara la segunda bomba sobre Japón, le fue permitido retornar a Dinamarca, donde fue recibido como un héroe.
Los hermanos Niels Bohr y Haral Bohr juntos en Dinamarca.
Fuente: Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
Así, aunque casi todos lo ignoremos, Niels Bohr fue uno de los protagonistas principales de una fundación teórica que llevó a la revolución tecnológica de la segunda parte del siglo XX. Esa que hoy nos permite no extraviarnos, gracias al GPS, en medio del bombardeo publicitario que nos incita a cambiar la tele de LEDs por otra de otros también muy cuánticos LEDs.
Cuenta la historia que, pasados los años y el exilio, el fútbol volvió a encontrar a Neils en Copenhage. En algún momento, subió a un tranvía. El guardia, solícito, fue a cobrarle el boleto, y una vez hecho eso se quedó mirándolo. Cuando Niels hace lo propio, el guarda le dice:
— Yo sé quién es usted.
— ¿Sí? Respondió el laureado Bohr.
— Sí. Usted es el hermano de Harald, ¡nuestro goleador!
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