La Florida: perdido en el tiempo
Exclusivo suscriptores

La Florida: perdido en el tiempo

Una mirada íntima sobre los paisajes de la ciudad, donde se despliegan los recursos de la literatura. Este texto tiene como trasfondo el tradicional barrio de la zona norte
24 de diciembre 2021 · 03:30hs

Es extraño ver vacía la casa de tus abuelos, a la que uno descubre de niño llena de vida y de sentido. Más extraño es ver, naufragando en el tiempo y solitarios, objetos y muebles que por alguna extraña razón siguen ahí. Una heladera noventosa que respiraba con dificultad, un viejo placar matrimonial y un reloj de pared eran los sobrevivientes del traslado de mi abuela a un geriátrico y de los inquilinos que vivieron después.

“Hasta que se venda te podés quedar”, me dijo mi viejo y me dio las llaves. Eran dos casas en una, unidas por una escalera que había en el patio de atrás. Una tarde fui solo a inspeccionar y a la semana ya estaba instalado. Llevé cubiertos, vasos y platos recolectados por ahí, algunos libros, una mesa con dos sillas y un colchón. Mi primera tarde compré en el kiosco de la esquina un atado de cigarrillos, una Coca Cola y un par de pilas para hacer que el viejo reloj corriera otra vez.

Los Juegos Suramericanos, una oportunidad para Maximiliano Pullaro y Pablo Javkin para mostrar un cambio de etapa en Rosario. 

Juegos Suramericanos: la política también busca su medalla

La Florida es un lugar tranquilo, atravesado por un profundo silencio que no hay en ninguna otra parte de la ciudad. Cuando llegaron mis abuelos, a mitad del ’50, era zona de quintas, huertas y baldíos. Recalaban no solo profesionales y adinerados sino familias obreras bendecidas por el peronismo que al fin levantaban la casa propia. Al desembarcar con mis veintidós años comprobé que el río y la plaza, las casas viejas y las historias de sus habitantes seguían ahí, tal como habían estado siempre.

Con los mandados comenzaba el día y con los mandados terminaba. El súper de la esquina contaba con seguridad privada y organizaba los horarios de los comercios aledaños, que veían en el joven policía de uniforme una suerte de protección.

Por Martín Fierro, una calle doble mano que tiene algo más de tránsito, un par de rotiserías seguían abiertas hasta las once. Un día fui a buscar una pizza y me encontré con un muchacho de la vieja barra del Club Argentino. Se apoyaba en la puerta con aire distraído.

—Estoy de seguridad. Siempre trabajé para el mal, ahora trabajo para el bien —me dijo riéndose. Había sido contratado por una empresa informal que manejaba un milico retirado. Andaba de civil y calzaba un revólver que le facilitaba el jefe. Un auto lo buscaba y lo llevaba a la casa.

Por las noches pasaba un tipo en bicicleta tocando un silbato, hacía ronda y su chiflido rodaba en la madrugada acercándose y alejándose. Si veía algo raro daba aviso a la policía. Su presencia en el barrio databa del tiempo de antes: mis abuelos siempre pagaron la cuota de la cooperadora que brindaba el servicio. El chiflido de su silbato era del tiempo de antes y sin embargo ahí estaba, real, contemporáneo a mí, acercándose y alejándose en la noche del tiempo.

Los domingos antes de las misas las campanas de la iglesia San José Obrero irrumpían con fuerza en el barrio. Yo estaba a la vuelta y su canto, si estaba de resaca, me resultaba un martilleo atronador. Las campanas ya no se usaban. En lo alto del campanario se alzaban dos megáfonos que reproducían un cassette patinado con sonidos de campanas.

La plaza Ovidio Lagos era un espejo del barrio. Los domingos a la tarde había algo de gente, no mucha; los días de semana casi nadie. Sus árboles añosos, altos, con ramas que se abren como una mano antigua sobre el cielo, habían sido invadidos por barbas de viejos, una maleza pálida que crece en los troncos y cae lánguidamente, dándole al lugar un aire de ensueños, por las noches espectral. Dice la leyenda que un vecino la trajo de un viaje y la colgó en su jardín. Se veían solo en un par de pinos, veinticinco años atrás. Hoy coparon la plaza y la costanera, árboles del barrio y de barrios vecinos.

—Aparecen en los lugares de aire puro —decía un cadete que repartía pizza frente a la plaza. Su teoría era asombrosamente errada. La barba de viejo vive del árbol que lo aloja y cuanto más débil es su anfitrión más se abusa de él.

***

Los vecinos de enfrente, Rosa y Aníbal, habían llegado a La Florida en la época de mis abuelos. Eran esquivos, algo ermitaños. No saludaban al que pasaba caminando y eso producía un cortocircuito en el ritual de las costumbres: hasta fines de los noventa todavía se saludaba a cualquier vecino, incluso al que no se conocía. Se refugiaban en su jardín, donde cuatro enormes pinos sobresalían entre rosales y jazmines. Por las tardes ella se iba a vender escobas en bicicleta. Él siempre fue un misterio. Decían que se había ganado el Prode y se las arregló para no trabajar.

Al verme llegar, a fines del 2011, Aníbal me recibió amistosamente. Al parecer los años lo habían cambiado.

La casa de Bianca, una vecina nostálgica de los militares que se mudó a Miami con su marido arquitecto, era alquilada por un matrimonio entrerriano que juntaba sus buenos pesos con el boom de la soja. Él se llamaba Claudio y ella Adela. Tenían avionetas y un par de veces al año se instalaban en su tierra natal a fumigar el sembradío. Un día su gato desapareció y nunca pudieron dar con él.

Aníbal y Claudio decían ir juntos a un bar que llamaban La Parroquia, un bodegoncito perdido del otro lado de la avenida. Nadie sabía dónde quedada, o si existía o no. También se entretenían arreglando sus coches o hablando de cómo arreglarlos.

El peluquero Pepe acababa de perder la casa. Era adoptado y en cuanto la madre murió sus hermanos le dijeron tomatelá. Un estacionamiento le prestaba un cuartito para que cortara el pelo. Para Pepe el golpe fue tan grande que su hablar perdió el equilibrio y lo obligó a tartamudear. Ese tipo bueno, amante de la cumbia, risueño y jodón, era ahora un fantasma sombrío.

Los Di Polina, que tenían una concesionaria de autos por Rondeau, habían progresado. La pileta de fibra de vidrio era ahora de cemento; tenía duchas y una bañera de hidromasajes. Su casa se había convertido en un caserón, vidriado hacia el patio, con balcones y aberturas de lujo.

—Se quién mató a nuestro gato —me dijo Claudio en una cena que compartimos en su casa.

Esperó a que yo le pregunté quién y como no lo hice se apresuró a decirlo:

—Muchos vecinos perdieron su gato. Aníbal fue. Gato que encuentra en su jardín, gato que mata.

Cierta o no su hipótesis, no pareció alterar la amistad. Los veía reírse y andar juntos, tal como habían hecho siempre.

***

Las primeras imágenes que tengo de La Florida son de principios del noventa, cuando con tres o cuatro años me quedaba con mis abuelos los fines de semana. Todos se saludaban con todos y dejaban las bicicletas sin atar en los patios delanteros, aún sin rejas. Había una casa que tenía tallado un conejo blanco en el frente y cada vez que lo veía me emocionaba.

Los mandados llevaban su tiempo: íbamos con mi abuela a la panadería, pasábamos por la verdulería, después por la carnicería y finalmente por el súper, un pequeño mercadito que hacía décadas funcionaba en el barrio. Volvíamos y sintonizábamos los noticieros locales de los canales de aire —no había cable—. Mi abuela se ponía a cocinar y yo esperaba sentado en la mesa, preguntándole por el alegre mundo que me rodeaba.

Mi abuelo era sereno nocturno del Club Alemán y su día comenzaba al final de la tarde. Se despertaba enérgico, batía café, preparaba la vianda y se iba en su vieja bicicleta roja por la costanera rumbo al trabajo. Le faltaban a sus grandes manos de obrero dos dedos que había perdido en la Estexa, legendaria fábrica de telas que se alzaba en barrio Sorrento donde ahora está el shopping. Mi abuelo casi no hablaba. Abría sus manos con orgullo y yo las observaba fascinado. Era su forma de decirme quién era.

Recuerdo a un nene que pasaba seguido y le pedía a mi abuela un sándwich. Ella se lo preparaba y le daba además alguna fruta. Comela, no la tires que te tenés que alimentar bien, le insistía. Era de Campo de Mayo, un barrio pequeño y humilde que está dentro de La Florida, hacia el norte. Con el correr de los años las visitas se hicieron más frecuentes. Una mañana pasaron tres personas buscando comida y mi abuela terminó agitada:

—La gente se está muriendo de hambre. Dios mío, ayudanos —suspiró con las manos aferradas a la mesada de acero inoxidable.

Lo ineludible del destino de una época se confirmó una tarde. En las tranquilas calles del barrio sucedió lo que todos los días sucedía en el lejano territorio de la televisión, donde las noticas eran cada vez peores. Dos muchachos robaron un comercio en pleno día, dispararon para amedrentar e hirieron a un vecino que quiso impedir el robo. Fue todo un acontecimiento para la comunidad. El estremecimiento de mi abuela ante el derrumbe del mundo no es un recuerdo, sino algo que aún sucede dentro de mí.

***

Hasta que conseguí trabajo mi día comenzaba y terminaba a cualquier hora. Tiraba con algunas changas. No tenía tele ni internet y los celulares no contaban ni con whatsapp. Leía o me iba a caminar al río. Me tiraba a fumar tabaco y a escuchar la radio. Un día apagué la radio y me dediqué a mi silencio, ayudado por la enorme casa vacía y por el barrio, en el que solo se destacaban los ladridos de los perros. Fue un momento de soledad glorioso, difícil de lograr en la ciudad y más hoy. Nuestra vida está llena de aparatos que destruyen todo silencio.

Los amigos de mis abuelos que aún seguían en pie preguntaban por mi viejo, a quien conocían de chico y estimaban. Era una forma de nombrar el afecto por quien ya no está. Hablaba con ellos si me los cruzaba, aunque la mayoría de las veces nos saludábamos y ya. Iba al bar de viejos que estaba frente a la plaza y al minimarket de bulevar Rondeau y Martín Fierro, donde paraba gente de mi edad. Me perdía en rincones de la costanera o caminaba hasta la plaza Alberdi por adentro, atravesando caserones y calles arboladas nutridas de silencio.

Andaba solo y disfrutaba de mi soledad. La zona norte me hablaba en una clave íntima inquebrantable. Las casas del barrio, los árboles fantasmales de la plaza, los viejos matrimonios con sus hijos y sus nietos, todo estaba a mi alcance. Una conversación cualquiera con un vecino cualquiera parecía que bastaba para ponerle palabras a ese mundo que venía de antes y que a pesar del tiempo seguía ahí.

***

Un año duró mi estadía en la vieja casa familiar. Como no pudieron venderla, mi viejo y mi tío decidieron hacer una división formal y mediante mínimas reformas concretaron el plan. Como si se tratara de una película obvia y de pésimo guión, en la mudanza perdí el viejo reloj de mi abuela que tanto me gustaba.

La vida me arrastró por veinte mil lugares distintos de la ciudad y en el día a día de las aventuras conocí barrios alejados, cortadas perdidas, esquinas tumultuosas y a la vez solitarias. Monoambientes de viejos edificios del centro, alucinantes casas de pasillo y caserones divididos en diminutos departamentos. Me gustaba andar por ahí y mirar. Dejar que el mundo hable.

La pandemia fue un navajazo, un corte en el tiempo. El pasado con el correr de los meses se hizo lejano, distante. En los meses de aislamiento casi absoluto, la vida en las calles estuvo perdida y rota.

Volví a La Florida a visitar a mi viejo, que terminó viviendo en la parte de arriba de la casa, y el paisaje del barrio seguía igual a sí mismo. Cada tanto tiran abajo una casa y construyen una más moderna, remodelan un frente o edifican en alguno de los pocos baldíos que aún quedan. No mucho más.

En el camino, recordé a mi abuela visitando a la vecina de la otra cuadra. Su marido, al igual que mi abuelo, trabajó toda la vida en la Estexa y fue echado sin indemnización:

—Pero Mari… ya no vamos a cobrar un peso. No sirven esos papeles. Pasaron más de diez años —le dijo la señora a mi abuela con sorpresa y cierta pena.

Llegué a lo de mi viejo y almorzamos. Tomamos café, charlamos y nos despedimos. Se ofreció a llevarme hasta mi casa y le dije que no. Quise dar otra vuelta para comprobar lo que de todos modos ya sabía. El paisaje tranquilo del barrio, su silencio, las casas de siempre y las casas nuevas; todo seguía ahí pero no a mi alcance. No había charla posible con nadie. Todo estaba ahí, perdido en el tiempo.

(La acuarela que ilustra este texto es de Freddy).

Recibí gratis el newsletter de La Capital

Ver comentarios

Las más leídas

Crimen en la zona sur: asesinaron de un balazo a un chico de 14 años

Crimen en la zona sur: asesinaron de un balazo a un chico de 14 años

Edificios de oficinas empiezan a transformarse en viviendas

Edificios de oficinas empiezan a transformarse en viviendas

Un colectivo chocó en el barrio Luis Agote y siete pasajeros sufrieron lesiones

Un colectivo chocó en el barrio Luis Agote y siete pasajeros sufrieron lesiones

Edición impresa

domingo 20 de septiembre de 2026

Tapa

Juegos Suramericanos, día 7: los Giorgis volaron sobre el agua y se colgaron las preseas de plata y bronce

En el Lago Sur de la capital provincial Tobías y Francisco mostraron su nivel frente a los mejores exponentes de la región. Plata del voley con la rosarina Martina Bednarek

Juegos Suramericanos, día 7: los Giorgis volaron sobre el agua y se colgaron las preseas de plata y bronce

Por Pablo Mihal

Nueva medalla rosarina en los Juegos Suramericanos, la de Martina Bednarek en vóleibol
Juegos Suramericanos

Nueva medalla rosarina en los Juegos Suramericanos, la de Martina Bednarek en vóleibol

La Marcha de la Bronca en Rosario: críticas a Milei y reclamo de un paro general
Política

La Marcha de la Bronca en Rosario: críticas a Milei y reclamo de un paro general

Los empresarios de Idea quieren blindar las transformaciones del modelo económico
Economía

Los empresarios de Idea quieren blindar las "transformaciones" del modelo económico

Dos personas heridas fue el saldo de un incendio en una casa en Funes
La Región

Dos personas heridas fue el saldo de un incendio en una casa en Funes

La despedida de Messi: se confirmaron los precios de las entradas
Ovación

La despedida de Messi: se confirmaron los precios de las entradas

Dejanos tu comentario
Las más leídas
Crimen en la zona sur: asesinaron de un balazo a un chico de 14 años

Crimen en la zona sur: asesinaron de un balazo a un chico de 14 años

Edificios de oficinas empiezan a transformarse en viviendas

Edificios de oficinas empiezan a transformarse en viviendas

Un colectivo chocó en el barrio Luis Agote y siete pasajeros sufrieron lesiones

Un colectivo chocó en el barrio Luis Agote y siete pasajeros sufrieron lesiones

El Coloso vibró con el triunfo de Argentina que lo puso en carrera en los Juegos Suramericanos

El Coloso vibró con el triunfo de Argentina que lo puso en carrera en los Juegos Suramericanos

El último fin de semana de invierno arrancó con un alerta por tormentas en Rosario

El último fin de semana de invierno arrancó con un alerta por tormentas en Rosario

Lo más importante
Juegos Suramericanos, día 7: los Giorgis volaron sobre el agua y se colgaron las preseas de plata y bronce

Por Pablo Mihal

Juegos Suramericanos

Juegos Suramericanos, día 7: los Giorgis volaron sobre el agua y se colgaron las preseas de plata y bronce

Nueva medalla rosarina en los Juegos Suramericanos, la de Martina Bednarek en vóleibol

Nueva medalla rosarina en los Juegos Suramericanos, la de Martina Bednarek en vóleibol

La Marcha de la Bronca en Rosario: críticas a Milei y reclamo de un paro general

La Marcha de la Bronca en Rosario: críticas a Milei y reclamo de un paro general

Los empresarios de Idea quieren blindar las transformaciones del modelo económico

Los empresarios de Idea quieren blindar las "transformaciones" del modelo económico

Ovación
Central recupera a un referente para Argentinos y tiene una baja más para la final con Estudiantes
Ovación

Central recupera a un referente para Argentinos y tiene una baja más para la final con Estudiantes

El Rojo le dio una mano y Newells se metió en zona de playoffs antes de enfrentar a Platense

El Rojo le dio una mano y Newell's se metió en zona de playoffs antes de enfrentar a Platense

Gran triunfo de Duendes ante el escolta en Paraná, para ser más líder que nunca en el Regional del Litoral

Gran triunfo de Duendes ante el escolta en Paraná, para ser más líder que nunca en el Regional del Litoral

Primera C: Argentino salvó un punto en el final pero sigue muy complicado con el descenso

Primera C: Argentino salvó un punto en el final pero sigue muy complicado con el descenso

Policiales
Agroactiva pone en agenda el liderazgo femenino con Mujeres Activas en su jornada inaugural
La Región

Agroactiva pone en agenda el liderazgo femenino con "Mujeres Activas" en su jornada inaugural

El último fin de semana de invierno arrancó con un alerta por tormentas en Rosario
La Ciudad

El último fin de semana de invierno arrancó con un alerta por tormentas en Rosario

Cómo es el megaoperativo de salud para cuidar a los atletas en los Juegos Suramericanos

Por Florencia O’Keeffe

La Ciudad

Cómo es el megaoperativo de salud para cuidar a los atletas en los Juegos Suramericanos

Almas limpias de derecha extrema

Por Jorge Asís

Política

Almas limpias de derecha extrema

El padre de Paula Perassi hizo una dura crítica en San Lorenzo: 15 años sin tener nada
La Región

El padre de Paula Perassi hizo una dura crítica en San Lorenzo: "15 años sin tener nada"

La producción industrial de la provincia acumula una caída de 3,5% en 2026
Economía

La producción industrial de la provincia acumula una caída de 3,5% en 2026

Alcaucil, una tradición productiva de Rosario que busca nuevos consumidores
Agro

Alcaucil, una tradición productiva de Rosario que busca nuevos consumidores

Nuevas carreras en la UNR: lanzan la Licenciatura en Musicoterapia
La Ciudad

Nuevas carreras en la UNR: lanzan la Licenciatura en Musicoterapia

Emotivo reclamo de justicia por Camila, la rosarina víctima de femicidio en San Juan

Por Gonzalo Santamaría

La Ciudad

Emotivo reclamo de justicia por Camila, la rosarina víctima de femicidio en San Juan

El escenario que se viene para la campaña agrícola 2026/27
Agro

El escenario que se viene para la campaña agrícola 2026/27

Milei viajará a Nueva York para participar de la Asamblea General de la ONU
Política

Milei viajará a Nueva York para participar de la Asamblea General de la ONU

La coincidencia que la AFA no tuvo en cuenta para la final entre Central y Estudiantes
Ovación

La coincidencia que la AFA no tuvo en cuenta para la final entre Central y Estudiantes

Rosario adhiere a la ley provincial que prohíbe a los cuidacoches
La ciudad

Rosario adhiere a la ley provincial que prohíbe a los cuidacoches

La temperatura sigue subiendo pero las tormentas ya se asoman
La Ciudad

La temperatura sigue subiendo pero las tormentas ya se asoman

El presidente le bajó el tono al video de Bullrich con una canción de Lali
Política

El presidente le bajó el tono al video de Bullrich con una canción de Lali

Primera C: Golpeado por el presente, Argentino juega las últimas fichas ante Berazategui

Por Juan Iturrez

Ovación

Primera C: Golpeado por el presente, Argentino juega las últimas fichas ante Berazategui

Ofrecen una recompensa por datos sobre brutal crimen en la Circunvalación
Policiales

Ofrecen una recompensa por datos sobre brutal crimen en la Circunvalación

La Libertad Avanza quiere borrar al Che Guevara de los espacios públicos de Rosario
La Ciudad

La Libertad Avanza quiere borrar al Che Guevara de los espacios públicos de Rosario

Asociación Rosarina de Fútbol: Ludueña se paraliza con el clásico entre Social Lux y Defensores Unidos

Por Juan Iturrez

Ovación

Asociación Rosarina de Fútbol: Ludueña se paraliza con el clásico entre Social Lux y Defensores Unidos

Una familia de zona oeste perdió todo por un incendio y apelan a la solidaridad para reconstruir su casa
La Ciudad

Una familia de zona oeste perdió todo por un incendio y apelan a la solidaridad para reconstruir su casa

Ingreso por guardia y estudios: qué dice el parte médico de Mirtha Legrand
Zoom

Ingreso por guardia y estudios: qué dice el parte médico de Mirtha Legrand