En esta historia hubo una frase que enlaza la violencia que se usa para avanzar en el mercado de drogas, las impresionantes ganancias del negocio y las pesadillas de los que están en la zona más tenebrosa de ese mundo. Está en la voz de un chico hundido por las adicciones problemáticas que vende cocaína y se convierte en sicario. Y que le implora a su madre que lo ayude a internarse para, así lo dice, parar de asesinar. “Por favor ayudame...Hoy estoy tranquilo, mañana me agarra la desesperación...No quiero matar más gente”.
Este muchacho se llama Nicolás Caffeína, hoy tiene 23 años. Es una de las 14 personas que irán a juicio oral y público en la Justicia Federal por integrar un entramado de actividades de narcotráfico a partir de ventas en localidades del cordón industrial: San Lorenzo, Fray Luis Beltrán, Capitán Bermúdez, Granadero Baigorria y Ricardone. También Puerto Gaboto. Lo más distintivo de la voluminosa investigación que ahora se expondrá frente a un tribunal es el veloz crecimiento material de personas de condición económica muy limitada, que acumulan en pocos años dinero para comprar viviendas en zonas de alto valor, vehículos costosos y queman fortunas en un dispendioso tren de vida.
En la historia del caso tiene un lugar central precisamente la fugacidad del crecimiento de uno de los que pudo llegar a juicio y no llegará. Eber Ramos era un simple vendedor barrial junto a su grupo familiar que junta una montaña de plata. Se estira desde ser delivery en su casa hasta multiplicar los puntos de venta que controla. Un joven de vida modesta que en dos años pasa a moverse en un BMW y quema pilones de billetes día por medio en el casino. Un muchacho que, según la pesquisa, les perdona deudas a clientes que le compran sustancia rutinariamente, pero que les exige a cambio que pongan quioscos para él. Y que termina siendo una de las tres personas brutalmente asesinadas a machetazos en una casa de Bermúdez el 13 de enero pasado por dos sujetos que llegaban a venderles dólares. Para el momento en que lo mataron lo habían intentado detener tres veces. Tenía 25 años.
Esta red fue investigada en la Justicia Federal de Rosario por los fiscales Matías Scilabra y Franco Benetti. Que posaron los ojos a poco de empezar sobre dos personas que surgen como los proveedores en la trama. Uno es un joven de Granadero Baigorria que jugó al fútbol regional, fue cantante de cumbia y que se presentaba como representante de jugadores. Se llama Matías Andrés Bruzzone, tiene 29 años. Alguien que según la pesquisa estaba tirado en 2020 y que al momento de ser detenido en un departamento de la calle Puerto Madero en Buenos Aires había adquirido inmuebles, camionetas de lujo y una vivienda en el barrio cerrado Campo Timbó en Oliveros.
El otro que va a juicio como fuerte proveedor es Marco Leonel Gutiérrez, un hombre de 32 años también de Baigorria, que en su faz formal manifestaba dedicarse a la compraventa de vehículos, y que fue detenido en un domicilio de Capitán Bermúdez. En 2020 Gutiérrez fue condenado a una pena de tres años de ejecución condicional por un hecho en Fray Luis Beltrán donde murió asesinado Nahuel Oliva, de 22 años, en un incidente que se vinculó al narcotráfico. Le atribuyeron haber ocultado al autor material del hecho que es un chico de 17 años. Se le imputó encubrimiento pero lo presumieron en la pesquisa vinculado a la instigación del hecho.
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Efectivos de la PFA monitorearon los 24 los allanamientos realizados el 5 de mayo pasado de 2022 , cuando quedaron detenidas 4 personas de esta red.
Cuando trascendió el desesperado pedido de Nicolás Caffeína a su madre para que lo ayudara a contenerse el caso tomó dimensión nacional. La mujer, Elisabet Mc Cormick, trabajaba en el área de Desarrollo Social en Ricardone. En las escuchas ella lo insta a su hijo a poner una pescadería como pantalla para comerciar drogas. La réplica del chico en una comunicación interceptada conmovió a los que escuchaban en la fiscalía. "No, intername ma, porque estoy a punto de hacer cualquier cosa. Hoy estoy tranquilo, mañana me agarra la desesperación. Y no quiero matar más gente", dice el chico. “No Ma, porque yo mañana estoy tranquilo ¿viste? Y me agarra la locura a la noche. Y no puede ser… El viernes fui a matar uno por 30 mil pesos mami. ¿Me entendés? Y lo tengo que hacer porque estoy tirado. No quiero matar mas gente, Mami. Me pudrí de matar gente… No quiero saber mas nada de boletear gente".
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En ese momento Nicolás tenía 21 años y en la pesquisa aparecía como un vendedor muy activo de Eber Ramos y también, como lo revela la escucha, como uno de los tantos gatilleros que regulan la competencia en el mundo narco. Es por Eber Ramos que los investigadores llegan a los abastecedores Bruzzoni y Gutiérrez.
Para los investigadores la prueba irrefutable de que Matías Bruzzoni era el proveedor de la banda criminal aparece el 19 de julio de 2021. Ese día la Policía Federal siguió a Eber Ramos desde su casa hasta un lugar donde se encontró con Bruzzoni y le entregó una mochila. Allí estaba el dinero por una provisión de drogas. Ese mismo día Bruzzoni conducía en una camioneta Lifan, AC-132-NB, que estaba a nombre de un tercero. Uno de los autorizados a conducirla era Marco Gutiérrez. Es muy habitual que en el terreno del delito los bienes registrables como vehículos estén a nombre de un tercero para disimular posesiones pero con la tarjeta azul que habilita a manejar a nombre del que es quien la compró en realidad. Los fiscales dicen que la camioneta pertenecía a Gutiérrez y la entregó a Bruzzoni como pago de un cargamento.
En fecha 17 de agosto del mismo año la División Operaciones Federales de la PFA elevó información proveniente de tareas de campo que sindicaba a Bruzzoni como una persona ligada al transporte de estupefacientes a gran escala entre las provincias de Santa Fe y Buenos Aires. En una llamada del 27 de noviembre de 2021 Brenda Ramos indica que su hermano Eber estaba aliado con una persona de nombre “Marco Gutiérrez” que era quien manejaba “toda la droga en Bermúdez". Gutiérrez, afirman los fiscales, tenía un nivel de vida que no se correspondía con sus ingresos. A lo largo de la investigación se lo vio a bordo de siete vehículos: un BMW 320, una Ford Ranger, un VW Up, una Hilux SW4, un VW Gol, un Audi y un Chrysler 300. Para entonces no tenía Cuit y la red comercial Nosis indicaba que no tenía empleo.
En la pesquisa, que ahora el juez federal Carlos Vera Barros clausuró, se detuvieron sobre la preocupación de Nicolás Caffeina y su madre que dan cuenta de que alguien de la municipalidad de Ricardone estaba observando la casa de ambos. Nicolás le dice a su madre entonces: "Sabés lo que voy a hacer, recién salgo vine a buscar una jarra y el tipo se me paró frente a mi casa, sacándole foto a los autos de mis amigos. Habla con Juan Carlos porque pasa de vuelta algo así, salgo y los prendo fuego a los dos". En una comunicación posterior Nicolás le volvió a decir a su mamá: “Llamámelo a Juan Carlos porque hoy mismo te lo mando a matar, se me cruzó el auto haciéndose el personaje…”.
Elisabet Mc Cormick, madre de Nicolás era empleada de la comuna de Ricardone. El entonces presidente comunal se llama Juan Carlos de nombre de pila. En una localidad de 5 mil habitantes Nicolás lo conocía. El chico hacía tareas de mantenimiento del primer bulevar para la comuna.