"Qué difícil, a lo largo de todo el día he escuchado decir tantas pavadas. No se aprendieron la ley antes de venir, es increíble". Carolina Losada es fuerza de choque en el Senado. La pregunta es de quién.

Con la defensa a la reforma laboral, profundiza su vínculo con el gobierno nacional aunque no da el salto. Estilo y perfil propio. Equilibrio con Pullaro.
Por Facundo Borrego
La senadora Carolina Losada
"Qué difícil, a lo largo de todo el día he escuchado decir tantas pavadas. No se aprendieron la ley antes de venir, es increíble". Carolina Losada es fuerza de choque en el Senado. La pregunta es de quién.
Parece serlo de una idea más que de un espacio político o líder al margen que sea radical, de una visión de época en la que encastra de manera perfecta y de manera progresiva, pero con perfil y estilo propio: amistoso, agresivo, atractivo, y anti. Al antikirchnerismo le suma anti progresismo que se ha vuelto presa fácil para su juego político.
Por ejemplo, en estos días aprovechó la defensa de la reforma laboral sin ser escudera oficial del gobierno. Patricia Bullrich amasó la ley, y no quiso compartir medallas como lo dejó en claro en sus redes, pero la rosarina fue un complemento en el recinto sacando a relucir su facilidad para la pelea mediática y el histrionismo, nutrido de su largo paso televisivo en canales de aire.
Los recortes de las redes se los llevó a todos. "Dicen que aprobar esta ley es legalizar la esclavitud. Dios mío. Es frase de remera", soltó con una risa sarcástica singular. No frenó ahí.
“Dijeron que se quedaron boquiabiertos (con el proyecto)... pero se quedaron boquicerrada cuando teníamos ahí sentada en un lugar de honor a una condenada por corrupción hoy por suerte en la casa con tobillera. Se les caía la babita”, se burló.
Con los años de senadora inexorablemente le agregó oficio y llenó de a poco aquella caja vacía del comienzo, producto en parte por ser outsider. Ex periodista, militó la eliminación del estatuto de periodista de la reforma laboral como propone el oficialismo, aunque puso un placebo sobre la mesa: un período de transición para una nueva ley. De esta manera se puso un límite de seis para presentar un proyecto aggiornado.
Luego le tocó a Jorge Capitanich, quien osó hablar de libertad de prensa. La senadora le recordó cuando rompió un diario papel de Clarín en conferencia de prensa. Se la dejó picando, era solo cuestión de animarse a empujarla.
También tuvo un error en las palabras que se lo contaron como un fallido del inconciente: “No hay nada más esclavo que trabajar en blanco”. No parece tener miedo al ridículo ni al error. “No le importa lo que le digan. Lo que piensa lo dice, se mide poco. Si después la putean mil quinientas personas en Twitter no le interesa”, explican quienes la conocen.
Ella lo dejó en claro cuando la presidenta del Senado pidió silencio para que pudiera dar su discurso. “No se preocupe porque no me desconcentra, ni los escucho”, soltó sin siquiera mirar y continuó con la defensa de la ley reforma laboral con aportes y también hits de los últimos meses, como que una empresa puede cerrar por un juicio laboral. Si de algo no se priva es de los clichés del ex Juntos por el Cambio.
En sus redes retuitea desde videos de refugios de mascotas o ayuda para tratamientos en niños, a la discusión sobre la cifra de desaparecidos en dictadura o los presos políticos en venezuela. Le sirve bajar más los temas nacionales a la provincia que al revés. Todo con una constante convocatoria a la televisión, TN, LN+, y A24 y radios del circuito. "Sale bien en cámara, explica bien, da títulos, puede discutir", sintetizan.
Losada comulga con el gobierno nacional desde la identificación de cuestiones macro, pero explican que tiene cierto margen de distancia -que no ha visto la confrontación hasta ahora-, sobre cómo funciona el gobierno, sus formas y el no federalismo.
El equilibrio se encuentra también con la gestión provincial de Maximiliano Pullaro. No se está diferenciando, ni poniendo trabas. Al contrario, hablan seguido, tienen muchas líneas directas en el gobierno provincial. Sin ir más lejos su hermana Georgina y su armador Julián Galdeano son secretarios. Vieja quedaron las fuertes acusaciones de campaña sucia cuando compitió internamente contra el actual gobernador.
¿Radical de piel, libertaria de alma? ¿Al revés? Todo parece mucho. Está en un lugar que le da margen para moverse entre la sintonía fina con el gobierno de Javier Milei y la autonomía. Lo primero no parece simplemente pasajero, sino un limbo bien ubicado, valga la figura, pero del que por ahora puede correrse eventualmente.
Se trata de la representante del Senado en el Consejo de Mayo, ese pacto institucional de goma del presidente Milei. Lo cierto es que está y es su puente. Hasta ahora no hubo ninguna votación que le haya generado crisis, al contrario, votó casi todo con el gobierno aunque rechazó los vetos del 2025. En cierto modo, genera un acercamiento de Pullaro con Milei.
En ese lugar se hamaca para ver dónde quiere estar en el 2027. “También dónde se la necesita”, deslizan, suave, cerca suyo. Es que no hay muchos electores en Unidos o lo que era Juntos por el Cambio dando vuelta para los distintos lugares en la futura disputa. Por lo tanto va a tener algún rol. Continuar en la senaduría, seis años más, doce en total, es tentador.


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