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Kurt Lutman y un libro de crónicas que hablan del fútbol y el compromiso social

Kurt Lutman, el “enganche metedor” de otros tiempos, publica "El agua y el pez", libro donde reúne sus relatos deportivos. La presentación se hará en una cancha auxiliar de Newell’s.

Domingo 15 de Marzo de 2015

“Son relatos sobre un fútbol distinto, que se juega en otro lado: en canchas de pueblos, barrios y patios”, sostiene Kurt Lutman, al describir el contenido de su libro El agua y el pez, que presentará el viernes 19, a las 19, en un territorio donde el autor es local: una canchita de fútbol de Ñuls, en el parque Independencia.

“El objetivo es acercarme otra vez a ese deporte y desde un lugar distinto. Son relatos y crónicas de fútbol y militancia”, dice Lutman, ese “engache metedor” que integró el seleccionado Sub 17 en el Mundial Juvenil de 1993 en Colombia, debutó en Ñuls a los 17, pasó por Huracán de Corrientes, Godoy Cruz de Mendoza y en las picantes ligas regionales santafesinas, que también refleja en sus textos. La tapa del libro muestra “hinchas que saltan a la cancha y para reconstruir la Patria”. También se ve una foto de su amigo y también futbolista, Mauro Javier Amato, un personaje central de sus relatos.

Mientras espera el ómnibus para ir a coordinar un taller en la Colonia Psiquiátrica de Oliveros, Lutman explica que en el texto que lleva el nombre del libro, cuenta cómo Amato en una noche de 1999 festeja un gol para su Atlético de Tucumán levantando la camiseta para mostrar un dibujo de mujeres con pañuelos blancos en la cabeza y la inscripción “aguanten las Madres”, mientras gobernaba Tucumán el represor Antonio Domingo Bussi. Así Lutman articula al fútbol con el compromiso social y los derechos humanos.

En tanto, sobre la foto de los muchachos trepados al alambrado, señala que no pasa lo contrario, “es difícil que el jugador salte a la tribuna. Benjamín Castillo, un compañero de las inferiores, me preguntaba por qué nadie que mete un gol se sube al alambrado y se mete en la tribuna. El técnico lo retaría, lo sancionarían como al que se quita la camiseta tras hacer un gol, pero no debería importar ese castigo, no se puede reprimir ese acto porque como episodio sería inolvidable. Pero hay un domesticación del jugador, se lo llena de tensiones y se pierde el atrevimiento de jugar”.

En la presentación del libro, editado con Remanso Editor, también estará esa otra cara del fútbol del que habla: “La idea es reencontrarnos con ex compañeros, chicos que pasaron por inferiores de Ñuls. Aquí jugó mucha gente importante que quedó invisibilizada porque hay un ninguneo de todo ese trayecto que realizaron, aunque no todos llegan a la división superior. Jugar en primera puede ser un objetivo, pero no debe ser el único”, explica gambeteando también la lógica del mercado del fútbol profesional.

Entonces cuenta que estarán presentes amigos como José Mazgua, Cristian “el Pitu” Melgarejo, Sebastián Santamaría, (hijo de “Cucurucho”), además de Pali Pagliarteti y Beto Lesce, haciendo música”.

Su pasión futbolera no le impide advertir que “hay demasiada tensión, mucho drama en el fútbol, hay responsabilidad en la prensa y en la gente. Si se pierde un partido peligra el trabajo de un técnico y los jugadores se saturan por la presión. Ese temor quita la belleza del juego, no se arriesga por miedo a fracasar en una jugada. Antes al perder un clásico era doloroso, pero hoy parece un drama. No puede ser que si al volver al barrio alquien me carga, le meta un tiro”.

Así, “todas esas tensiones, también llegan a los pibes. Se exige ganar, pero no se va a ver una película sólo por el final. El juego tiene otras cosas, no es sólo volverse con un triunfo. La película a veces termina como uno no quiere. Creo que por ese camino el fútbol va a estallar pronto porque es feo, mucha exigencia físcia, se requiere ser un velocista y super profesional. Eso también hace que un laburante que va a la cancha y sabe lo que cobra un jugador, le reclame que gane”, advierte. Pero sostiene que es optimista, repite que “hay otro fútbol, se juega en el barro, sobre baldosas despareja y resbaladizas, en la oscuridad o gambeteando alrededor de un árbol y sin límites”.

El libro aparece cerca de una fecha especial: el 24 de marzo. En Mendoza una vez se topó con una marcha de Madres de la Plaza y milita en Hijos. No es un relato autorreferencial, no cuenta como le discutió con el presidente de Ñuls, Eduardo López; ni cuando se ligó un puntazo por defender a un compañero, o el lugar de respeto que se ganó por ser solidario y ético, ni cuando en un partido de reserva frente a Belgrano de Córdoba, en 2000, como se acercaba el 24 de marzo mostró bajo su camiseta una remera con la frase: “Cárcel a Videla y a todos los milicos asesinos”.

El estilo y compromiso de Lutman aparecen ya entre los agradecimientos a los compañeros del fútbol de campo, a “los monos” rojinegros, a canallas como Arriola y Colusso, a los que lo acompañaron en algunos fracasos, y al pibe del barrio que de una piña le “enseñó a ser humilde en una victoria”. Y así en unas 100 páginas con frases cortitas, como buenos pases, arma un beligerante equipo, donde juegan desde el Jere, Mono y Patón, a Cacho el Kadry, Dolina, el Apache Tévez, los panaderos, taxistas y ex jugadores de las ligas santafesinas, además de el Chiche Lutman, el papá del autor, quien además de escribir el prólogo, fue quien le enseñó a “pararla en seco, cambiar de frente y poner el cuerpo”.

El potrero literario. El agua y el pez, el libro de Kurt Lutman, se puede adquirir a través del perfil www.facebook.com/kurt.lutman  y y en Indira Diseños, Mendoza 2333. “Son textos que junté con el tiempo. Pero de pibe no escribía, empecé cuando dejé de jugar”, cuenta el autor.

Todo comenzó en 1999, “al armarse el periódico El Eslabón, cuando me acerqué a los compañeros Julio Rodríguez y Santiago Garat, que hacían la parte de deportes. Al estar juntos y tanto hablar de fútbol, me dijeron que escribiera algo”. Por eso la mitad de los diecinueve relatos que integran el libro fueron publicados en ese periódico, “el primer potrero literario en el que me animé a jugar”, dice Lutman.

“A mediados del año pasado decidí armar el libro. Tomé experiencia al trabajar con dos grandes periodistas. Con esa misma lógica que no se juega al fútbol sin jugar en primera, hay muy buenos periodistas que no figuran en los grandes medios comerciales. Fue vital lo que aprendí con Julio Rodríguez, un tipo que tiene una gran perpectiva popular y nostálgica, es hincha de Central Córdoba y maneja un enorme caudal de información de la B y de la C, tras recorrer todas las canchas. El otro fue el Negro Santiago Garat, un talentoso y comprometido cronista”.

 

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