La disminución de los estrógenos hace que la grasa del cuerpo tienda a acumularse más en el abdomen, incluida la grasa visceral, que es la que se ubica alrededor de los órganos internos. A esto se suman factores asociados al envejecimiento, como la reducción progresiva de la masa y la fuerza muscular, los cambios en el sueño, la disminución de la actividad física y las modificaciones en los hábitos alimentarios.
"La grasa visceral es especialmente importante para la salud porque se relaciona con una mayor probabilidad de resistencia a la insulina (cuando el cuerpo responde peor a la hormona que regula el azúcar en sangre), alteraciones del colesterol y los triglicéridos, hígado graso y enfermedad cardiovascular", señala la especialista y agrega que, por esa razón, durante esta etapa el objetivo de los tratamientos no debería limitarse a evitar el aumento de peso. También es importante preservar la masa muscular, evaluar dónde se acumula la grasa corporal y prevenir las complicaciones metabólicas que pueden aparecer o agravarse con el tiempo.
El papel de los nuevos medicamentos
En los últimos años, los medicamentos que actúan sobre las hormonas que regulan el apetito transformaron el tratamiento de la obesidad.
La semaglutida imita la acción de GLP-1, una hormona que produce el propio organismo. Actúa sobre la sensación de saciedad y el apetito, ayuda a comer menos y participa en la regulación del azúcar en sangre.
La tirzepatida, por su parte, actúa sobre dos hormonas, GIP y GLP-1, y combina así dos mecanismos involucrados en la regulación del metabolismo.
En los estudios clínicos realizados en adultos con obesidad, estos medicamentos demostraron una eficacia importante para reducir el peso corporal y mejorar distintos factores de riesgo cardíaco y metabólico. Cuánto peso se pierde varía según el medicamento, la dosis, la duración del tratamiento, las características de cada persona y la constancia en el seguimiento.
En cuanto a los beneficios, Montegrosso dice que cuando están bien indicados, pueden ayudar a reducir el exceso de grasa corporal y mejorar distintos indicadores de salud metabólica. "Estos efectos cobran especial importancia durante la transición menopáusica, una etapa en la que el riesgo cardíaco y metabólico puede aumentar por la combinación de cambios en la proporción de grasa y músculo, el envejecimiento y otros factores individuales", advierte.
La especialista aclara que no debe interpretarse que estos medicamentos tratan directamente los síntomas propios de la menopausia, como los sofocos, los sudores nocturnos o las alteraciones del sueño. Si bien existen investigaciones preliminares sobre posibles efectos adicionales, todavía no hay evidencia suficiente para indicarlos con ese objetivo.
Preservar la masa muscular, el desafío clave
Uno de los principales desafíos al tratar el aumento de peso durante la transición menopáusica es reducir la grasa corporal sin perder masa muscular ni afectar la fuerza y la movilidad.
La pérdida de peso con medicamentos puede incluir una reducción de masa magra (principalmente músculo), además de grasa corporal. Esto no significa necesariamente que se produzca una pérdida desproporcionada de músculo en todas las pacientes, pero sí que resulta importante evaluar la proporción de grasa y músculo y la evolución de la fuerza durante el tratamiento.
Para minimizar este riesgo, el tratamiento debe acompañarse de un plan de alimentación personalizado que asegure suficientes calorías y proteínas, junto con entrenamiento de fuerza adaptado a las posibilidades de cada paciente.
¿Se pueden utilizar junto con la terapia hormonal de la menopausia?
Esta es una de las preguntas que está despertando mayor interés en la investigación actual. La terapia hormonal de la menopausia puede estar indicada para determinadas mujeres, especialmente para tratar los sofocos y los sudores nocturnos (llamados síntomas vasomotores) y otras situaciones específicas, después de evaluar los beneficios, los riesgos, los antecedentes y las preferencias de cada una.
Algunos estudios observacionales, que analizan lo que ocurre en la práctica sin poner a prueba el tratamiento de forma controlada, sugirieron que las mujeres que reciben terapia hormonal de la menopausia podrían bajar más de peso al utilizar semaglutida.
Cuando ambas terapias están indicadas por motivos clínicos independientes, la decisión de usarlas juntas debe evaluarse caso por caso y contemplar la seguridad, la tolerancia, las características de cada paciente y la necesidad de seguimiento.
El tratamiento no termina cuando baja la balanza
Aunque los medicamentos pueden ser herramientas muy eficaces, los resultados a largo plazo requieren planificación, seguimiento y estrategias que permitan sostener los beneficios obtenidos.
"Después de bajar de peso, el cuerpo puede poner en marcha mecanismos naturales que aumentan el apetito y favorecen la recuperación del peso perdido. Por eso, al suspender la medicación es posible recuperar parte o gran parte de ese peso", comenta Montegrosso.
La continuidad, modificación o eventual suspensión de la medicación debe evaluarse individualmente con el equipo médico, sin realizar cambios por cuenta propia.
En esta etapa de la vida, el abordaje integral debería incluir una alimentación equilibrada, con suficientes proteínas, vitaminas y minerales; actividad física regular con énfasis en el entrenamiento de fuerza; descanso adecuado; control del riesgo cardíaco y metabólico, y seguimiento de la proporción de grasa y músculo.
Una oportunidad para un abordaje más personalizado
Los avances en medicamentos están ampliando las herramientas disponibles para tratar la obesidad durante la mediana edad. Fármacos como la semaglutida y la tirzepatida representan una alternativa importante para determinadas pacientes, pero su uso antes, durante y después de la menopausia requiere considerar las particularidades de esta etapa.
La evaluación médica debe contemplar el peso y la proporción de grasa y músculo, el riesgo metabólico, la salud muscular y ósea, los antecedentes clínicos y las preferencias de cada mujer.
No todas las mujeres que atraviesan la menopausia necesitan medicación para adelgazar, del mismo modo que no todas las pacientes con obesidad requieren el mismo tratamiento.
"Hoy contamos con nuevas herramientas para tratar el aumento de peso, pero el verdadero objetivo es utilizarlas de manera individualizada, segura y basada en la evidencia científica, acompañando a cada mujer en una etapa de cambios que merece una atención médica integral", concluye la profesional.