A pesar de contar con herramientas diagnósticas eficaces, hasta el 80% de las personas que sufren una fractura por fragilidad no recibe diagnóstico ni tratamiento, según datos de la International Osteoporosis Foundation (IOF). Esta cifra evidencia la necesidad de fortalecer la detección temprana y repensar cómo se evalúa la salud del esqueleto.
Durante el reciente congreso de la American Society for Bone and Mineral Research (ASBMR) en Boston, el debate clínico volvió a centrarse en una pregunta frecuente: ¿es suficiente una densitometría para estimar el riesgo de fractura?
Si bien este estudio permite medir la densidad mineral ósea, no refleja por completo los factores que determinan la resistencia del hueso. En la práctica, algunas personas sufren fracturas ante golpes o caídas de bajo impacto sin presentar valores densitométricos lo suficientemente alterados como para recibir el diagnóstico de osteoporosis.
Una evaluación personalizada del riesgo
"Esto no significa que la densitometría haya perdido valor, sino que el resultado debe interpretarse dentro de una evaluación médica más amplia", explica la Dra. Gisela Kluwak, reumatóloga de Grupo Oroño.
Para estimar las posibilidades de sufrir una fractura, además del estudio por imágenes se consideran la edad, los antecedentes personales y familiares de fracturas, las enfermedades asociadas, el uso de determinados medicamentos y el riesgo de caídas. La consulta médica especializada permite integrar todos estos datos y definir si corresponde realizar estudios complementarios, iniciar o ajustar tratamientos, o reforzar las medidas preventivas.
La alianza entre músculo y hueso
La mirada actual sobre la salud ósea incorpora la estrecha relación entre el hueso y el músculo. La pérdida de masa muscular, especialmente con el envejecimiento, puede afectar el equilibrio y la movilidad, y aumentar el riesgo de caídas, uno de los principales desencadenantes de fracturas en personas mayores.
El entrenamiento de fuerza adaptado a cada persona es una herramienta clave de prevención. El objetivo ya no es solo tener huesos más resistentes, sino también mantener músculos fuertes que permitan conservar la autonomía.
"El verdadero objetivo de cuidar la salud ósea no es alcanzar un número determinado, sino prevenir fracturas, preservar la independencia y mejorar la calidad de vida", concluye Kluwak.