La mujer que trabaja tiene hoy más posibilidades de enfermarse del corazón que
el hombre. De hecho, la Organización Mundial de la Salud espera para los próximos años un mayor
aumento del perfil de riesgo cardiovascular en las mujeres por la gran inserción laboral del sexo
femenino y el estrés que eso genera. Para la doctora Lucía De Vincenti, las razones se asientan,
entre otras causas, en las asimetrías de género que les asigna a las mujeres la doble jornada
laboral (fuera y dentro del hogar) con la consiguiente necesidad de cumplir con las exigencias del
orden familiar, social y laboral.
De Vincenti es cardióloga y su mirada sobre el tema se basa en la propia
experiencia. "Cuando tuve a mi hija hacía guardias de 24 horas y eso me generaba mucha angustia.
Mientras tanto, desde la cultura me decían que la mujer debe amamantar a su bebé. La pregunta es
¿cuándo? si la mujer cumple funciones laborales de más de 8 horas", dice la médica a
La Capital.
"Los daños a la salud en mujeres y hombres deben contemplar la perspectiva de
género", sostiene De Vincenti, y agrega: "las mujeres no existíamos en las estadísticas, ahora, que
entramos al mercado laboral se cayó en la cuenta que también nos enfermamos".
Los patrones culturales de otros tiempos remarcaban que había que cuidar al
hombre porque él producía mientras las mujeres se quedaban en casa ocupándose de la crianza de los
hijos y de las tareas domésticas. Según ese modelo el hombre enfermaba del corazón y moría
frecuentemente a causa de un infarto debido a la presión que demandaba la provisión del sustento
para su familia.
"La inserción de la mujer en los distintos espacios hizo evidente que hay que
ocuparse de ellas, pero no se está haciendo un proceso de investigación todo lo profundo que
debería ser porque siguen ocultas las tareas que realizamos", afirma la cardióloga. "Si la mujer
sale a trabajar en realidad tiene dos trabajos, porque carga con las tareas de la casa. En muchos
casos, además, son el único sostén del hogar. Eso causa una cuota de estrés enorme. Si a eso se
suma que queda embarazada y cuenta con una licencia de sólo tres meses, de los cuales puede tomarse
un mes y medio antes del parto, entonces, va a trabajar con la comida de su hijo a cuestas porque
no puede darle la teta".
El estrés es un mecanismo de defensa del ser humano que se activa cada vez que
se desorganiza el equilibro del cuerpo. Cuando esa situación de perturbación permanece en el tiempo
se produce el disestrés, que involucra una serie de mecanismos que pueden conducir a una
enfermedad. Durante el disestrés se segregan sustancias como las catecolaminas y el cortisol que
pueden afectar el aparato cardiovascular y desencadenar la enfermedad ateroesclerótica e
hipertensión arterial, además de diabetes, dislipidemias o enfermedades autoinmunes.
El estrés de la doble jornada laboral (fuera y dentro del hogar) conspira contra la salud
cardiovascular femenina de igual modo que si fuma, es hipertensa, tiene sobrepeso o diabetes sumada a la predisposición familiar a
padecer alguna dolencia cardíaca. "Los factores de riesgo dependen del contexto. Cualquier mujer
antes de ir a su trabajo hizo las tareas de la casa u organizó la jornada de la familia. Entonces,
¿en qué momento se relaja?", se pregunta De Vincenti.
En términos generales la mujer conoce los síntomas cardiovasculares, los
factores de riesgo y las conductas que los reducen, pero falla en su implementación, sumado a que
el nivel de consulta para la prevención es escaso.
Según puntualiza la médica para que efectivamente haya cambios a favor de la
salud femenina "tiene que haber una política social que beneficie a todo el entorno familiar".
Infartadas. "Costó imponer en la sociedad que la mujer también podía tener un infarto", afirma
la médica, y detalla las manifestaciones clínicas del cuadro en hombres y mujeres.
"En general para ambos la zona de ubicación de las molestias que pueden inducir
que se está frente a un síndrome coronario agudo abarcan la zona del abdomen superior hacia la
mandíbula inferior y la parte interna de ambos brazos, con sensación de dolor, ardor, pesadez y
picazón", dice.
Algunos estudios sobre el tema indican que en el sexo femenino hay una mayor
predisposición a que el dolor se presente en el cuello y las mandíbulas.
Según la médica el infarto no sólo se presenta en mujeres mayores de 50 años sino que cada vez
es más frecuente entre las de 30 y 35 años. "Cuántas veces alguien se fue a dormir con un dolor en
la boca del estómago pensando que algo le cayó mal. Más aún si es mujer, porque somos de aguantar
el malestar o porque primero nos ocupamos de los dolores del marido y los hijos", se queja la
médica.