Muchas personas a las que su médico les solicita una ecografía no siempre tienen claro para qué sirve. Por temor o por desconocimiento del método, a veces la subestiman o la confunden con estudios de mayor complejidad, como una tomografía o una resonancia. Sin embargo, es uno de los recursos más utilizados de la práctica médica y, muchas veces, el primero al que se recurre para orientar un diagnóstico.
La ecografía se basa en ondas de sonido de alta frecuencia que un transductor emite hacia la zona a explorar. Esas ondas rebotan de manera distinta en cada órgano y tejido, y una computadora las traduce en imágenes en tiempo real.
"Su gran ventaja es que no utiliza radiación ionizante, a diferencia de la radiografía o la tomografía", comenta el Dr. Roberto M. Rodolfo, especialista médico ecografista de Grupo Oroño, y agrega que esa es la razón por la cual es un estudio seguro, accesible y no invasivo, que puede repetirse tantas veces como haga falta: una característica que lo vuelve fundamental en el seguimiento del embarazo y también en el control de lesiones o tratamientos a lo largo del tiempo. Suele realizarse de manera ambulatoria, en pocos minutos y, según la región a estudiar, puede no necesitar preparación especial.
La ecografía como primera línea diagnóstica
No es casual que, ante muchos cuadros, sea de los primeros estudios que un médico solicita. Al ser segura y dar respuestas en poco tiempo, suele funcionar como puerta de entrada del diagnóstico.
Es considerada una herramienta de primera línea y de elección diagnóstica, que permite visualizar en tiempo real numerosos órganos y tejidos. Ayuda al médico a complementar la evaluación clínica y a confirmar información que no siempre es evidente en el examen físico; por eso cada vez se solicita más ante distintos síntomas o como parte de controles preventivos. Su objetivo, en esencia, es aportar datos que ayuden a confirmar o descartar enfermedades, evaluar órganos puntuales y explicar el origen de un cuadro clínico.
Siete estudios bajo un mismo método
"En los centros de Grupo Oroño, como Diagnóstico Médico Oroño, el mismo método se despliega en varias especialidades, cada una con su lógica y sus indicaciones. La más conocida es la ecografía general, que explora los órganos del abdomen (hígado, vesícula y vías biliares, riñones, páncreas o bazo) y también estructuras superficiales como la tiroides, la mama o los testículos; con ella se pueden identificar cálculos, quistes, inflamaciones como una apendicitis o una pancreatitis, o masas, y hasta guiar punciones y biopsias", explica el profesional.
El corazón tiene su propio capítulo. La ecografía cardíaca, o ecocardiograma, muestra las cavidades, el movimiento de las paredes y el funcionamiento de las válvulas, y suele pedirse para evaluar soplos, enfermedades valvulares o insuficiencia cardíaca, o como control en personas con hipertensión, diabetes o colesterol elevado.
Esa misma mirada puede aplicarse antes de nacer: la ecografía cardíaca fetal estudia en detalle el corazón del bebé, en general entre las semanas 18 y 24. Al ser las cardiopatías congénitas una de las malformaciones más frecuentes en los recién nacidos, detectarlas de manera temprana permite planificar mejor la atención del parto y los cuidados neonatológicos.
Los más chicos también tienen estudios pensados para ellos. La ecografía pediátrica tiene su campo de acción en regiones anatómicas similares a las del adulto, pero enfocadas especialmente en las patologías frecuentes del niño. Incluye, entre otras, la ecografía transfontanelar (hemorragias, malformaciones), la de pelvis (genitales ambiguos, torsión testicular, testículo no palpable) y la de caderas, clave para detectar a tiempo la displasia del desarrollo en los primeros meses de vida, cuando el tratamiento suele ser más simple. En otro terreno, la ecografía osteoarticular evalúa músculos, tendones, ligamentos y articulaciones: es especialmente útil en lesiones deportivas (desgarros, tendinitis, esguinces) o en cuadros inflamatorios, con la ventaja de que permite observar la zona en movimiento y en tiempo real.
El embarazo, por su parte, se acompaña casi de principio a fin con la ecografía obstétrica: en el primer trimestre confirma la vitalidad, el número de fetos y la edad gestacional, e incluye la medición de la translucencia nucal (parte del cribado de alteraciones cromosómicas); hacia las semanas 18 a 24 llega la ecografía morfológica, que revisa en detalle la anatomía fetal, y más adelante controla el crecimiento y el líquido amniótico.
Por último, la ecografía vascular, o Doppler, analiza cómo circula la sangre por arterias y venas, y ayuda a detectar obstrucciones, coágulos, várices o estrecheces en el cuello, los brazos o las piernas. En este último caso en particular, se puede crear un mapa venoso que muestra exactamente dónde comienza el fallo de una válvula (oculta a simple vista), que origina el reflujo hacia la superficie y da lugar al territorio varicoso. Así, le permite al cirujano flebólogo diseñar el mejor tratamiento, médico o quirúrgico, y realizarlo, de ser posible, de manera mínimamente invasiva.
Con todo, una ecografía no "habla" sola. La misma imagen puede pasar inadvertida o volverse decisiva según quién la lea. "Por eso el estudio se realiza y se analiza en manos de un equipo formado en imágenes, como el que reúne Diagnóstico Médico Oroño (encabezado por el Dr. Norberto Sánchez, jefe del servicio), que coteja lo que ve con la historia clínica y los datos de laboratorio de cada paciente para orientar hacia un diagnóstico o el tratamiento más adecuado", señala el Dr. Rodolfo.
Para finalizar, el profesional destaca la trayectoria de Grupo Oroño y el acompañamiento a los pacientes en cada etapa: desde un control de rutina hasta un estudio de mayor complejidad: "Detrás de cada práctica hay equipos especializados que trabajan de manera coordinada para que la experiencia sea, además de resolutiva, cercana".