"Fue para el infarto" es, quizás, la frase más repetida después de un desenlace deportivo al límite. Se dice entre risas, pero la ciencia demuestra que la expresión tiene una base real. Vivir una competencia con intensidad (el cierre ajustado de un partido, un punto decisivo en el tenis, la última vuelta de una carrera) no es un simple estado de ánimo: pone en marcha una reacción física concreta y medible. Y aunque la mayoría de los espectadores disfruta sin consecuencias, atribuir cualquier malestar a "los nervios" y naturalizar el dolor por pura emoción es un error que, en algunas personas, puede poner en riesgo la vida.
El cuerpo no distingue entre correr y mirar
Frente a una situación de tensión, el cerebro activa el sistema nervioso simpático, el mismo mecanismo de "lucha o huida" que, durante milenios, preparó al ser humano para reaccionar ante un peligro. El organismo, explica el doctor Alejandro Meiriño, cardiólogo del ICR (Instituto Cardiovascular de Rosario), no distingue si la persona está corriendo una carrera, subiendo una montaña o simplemente mirando una competencia por televisión: responde siempre de la misma manera.
Esa reacción libera una descarga de adrenalina y cortisol que acelera el corazón, aumenta la presión arterial y contrae los vasos sanguíneos. El fenómeno, además, no empieza con el pitido inicial: la frecuencia cardíaca suele comenzar a subir horas antes del evento y alcanza su pico en los momentos de máxima definición.
La conexión entre el corazón y las emociones está bien documentada por la cardiología. La Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y la Federación Argentina de Cardiología (FAC) advierten que el impacto del estrés emocional no debe subestimarse, sobre todo en personas con enfermedad coronaria, hipertensión, diabetes o colesterol elevado.
La emoción intensa no se limita al deporte. Un duelo, una mala noticia, una separación e incluso una alegría desbordante pueden desencadenar el llamado síndrome del corazón roto o miocardiopatía de Takotsubo.
Según la Federación Argentina de Cardiología (FAC), se trata de un cuadro que se presenta igual que un infarto, pero en el que las arterias no están obstruidas: es el propio músculo cardíaco el que, ante una descarga masiva de adrenalina, deja de contraerse con normalidad. Suele afectar sobre todo a mujeres mayores de 50 años y es reversible en la mayoría de los casos. Aun siendo transitorio, exige atención médica inmediata, porque a simple vista resulta indistinguible de un ataque cardíaco: de ahí la importancia de reconocer a tiempo las señales que obligan a actuar.
Qué hacer y cuándo ir a la guardia
Hay síntomas que jamás deben atribuirse a la emoción del momento y que obligan a buscar atención urgente. El más importante es el dolor o la opresión en el pecho, una sensación de pesadez o estrujamiento que puede extenderse hacia el brazo izquierdo, el cuello, la mandíbula o la espalda. También son señales de alarma la falta de aire repentina que no se explica por el esfuerzo físico, las palpitaciones que siguen un ritmo caótico y no ceden, y los mareos o desmayos acompañados de sudoración fría. Ante cualquiera de estos signos, la conducta correcta no es esperar a que pase: hay que trasladar a la persona a una guardia.
Y este punto no depende solo de quien lo padece. En medio de la tensión, muchas veces la propia persona minimiza lo que siente o lo confunde con los nervios del momento. Por eso es clave que el entorno sepa reconocer estas señales y actúe sin demora: retirar a la persona de la situación de estrés y buscar ayuda médica puede marcar la diferencia.
Los especialistas, además, desaconsejan medicar por cuenta propia cuando se desconocen los antecedentes, porque solo una evaluación profesional puede definir si se trata de un malestar transitorio o de una verdadera urgencia.
La conducta más eficaz, sin embargo, no ocurre durante la competencia, sino mucho antes. La clave, advierte Meiriño, está en anticiparse a las complicaciones cardiovasculares, que muchas veces son silenciosas, y por eso recomienda realizar evaluaciones cardiológicas integrales antes de exponer al cuerpo a exigencias emocionales o físicas altas.
En el ICR (Instituto Cardiovascular de Rosario), institución integrante de Grupo Oroño, un equipo especializado trabaja de manera coordinada para detectar a tiempo esos factores de riesgo y acompañar a cada paciente en el cuidado de su salud cardiovascular. Un control cardiológico periódico, incluso en ausencia de síntomas, es la forma más sencilla de anticiparse y seguir disfrutando del deporte con un corazón sano.