Política

"Alberto tiene que transformarse en la voz de un proyecto nuevo"

Federico Zapata es politólogo y Máster en Estudios Internacionales. Es director de la consultora Escenarios.

Lunes 26 de Octubre de 2020

En el último mes, el nombre de Federico Zapata circuló por ciertas esferas del poder. A comienzos de octubre el politólogo cordobés escribió un artículo para el portal Panamá en el que analiza críticamente la marcha de la administración de Alberto Fernández y que rebotó en medios de comunicación y también en el gobierno. En la nota, el director de la consultora Escenarios remarcó que el oficialismo debería avanzar en cuatro planos: la agenda, la cadena de mandos, la relación entre Estado y mercado, y la federalización.

En diálogo con La Capital Zapata indica que desde el conflicto por Vicentin “el gobierno no logra recuperar la iniciativa”, plantea que el momento pide acumulación en lugar de distribución y remarca que Alberto debe “transformarse en la voz de un proyecto nuevo, que logre enamorar al afuera”.

—Usted plantea que el oficialismo “necesita dejar de ser coalición ‘en’ el gobierno, para transformarse en coalición ‘de’ gobierno, ¿Por qué el Frente de Todos no pudo dar ese salto?

—Hay una cuestión metodológica y de agenda no resueltas. La coalición tuvo un primer momento exitoso: fue el electoral, que no te exige la resolución de estas cuestiones. El éxito de ese momento hizo avanzar al referente de la coalición, que es Alberto Fernández, en la hipótesis de que él iba a ser un armonizador de las diferentes agendas. Eso funcionó bien en un primer momento, cuando vos tenías una agenda muy ponderada en la pandemia y la negociación de la deuda, dos temas en los que había un acuerdo. Eso con Vicentin entra en crisis, a partir de ese momento el gobierno no logra recuperar la iniciativa.

—¿Vicentin marca el quiebre con un sector que esperaba que Alberto marcara un contraste con el kirchnerismo?

—En la fórmula electoral Alberto era una voz nueva, que te permitía interactuar con un electorado más amplio. Vicentin marca que la convivencia de las agendas en el oficialismo es conflictiva, y que en un momento de mucha sensibilidad social y económica eso genera ruidos que dificultan tanto la gestión interna de la coalición como la relación con el afuera: la sociedad y el empresariado.

—Identifica en el Frente de Todos dos agendas, que denomina neodesarrollista y neorevisionista. ¿Se trata de proyectos políticos acabados o sensibilidades, enfoques?

—No reflejan dos grandes grupos, sino tensiones al interior de todas las facciones. La época requiere que el peronismo construya una nueva matriz discursiva y de política pública. La matriz revisionista, que fue muy exitosa en los tres primeros años de Perón y de 2007 a 2011, no es hoy una vía correcta para relacionarse con el afuera del gobierno. En la Argentina hay un problema muy agravado de desarrollo, que requiere una mirada diferente.

—Sostiene que es un momento más de acumulación que de distribución.

—El peronismo debería pararse en la idea de que no alcanza ni con señales a los mercados ni abrirse al mundo. El país necesita una política muy sostenida de desarrollo de todo su territorio y su matriz productiva y social. La agenda desarrollista, además de darle al peronismo una singularidad respecto de la época, le permitiría establecer un puente de diálogo con los empresarios y la oposición. Con el gobierno solo no alcanza, se necesita un acuerdo más amplio.

—¿Ve en el empresariado y en la oposición vocación de diálogo?

—Lo más importante es que la coalición oficialista termine de resolver sus cuestiones pendientes. A diferencia del momento pre Vicentin, donde vos tenías el Alberto del consenso, que había generado una relación virtuosa con Rodríguez Larreta y una muy buena expectativa en relación al sector privado, hoy tanto la sociedad como la oposición y el empresariado están viendo cómo resuelve el gobierno su crisis de identidad. Es fundamental para destrabar la eficiencia del gobierno y la relación entre el gobierno y los actores externos.

—En su texto plantea cuatro áreas donde el gobierno debe definir: agenda, cadena de mandos, la relación entre el Estado y el mercado, federalización. ¿Alguna le parece más urgente?

—Los últimos dos son componentes de un segundo momento, lo fundamental es la agenda y la cadena de mandos. El tema es que se debe incorporar una mirada anfibia y federal de territorio. Si no se lo hace habrá una resolución endogámica y recostada sobre el Amba, que es un problema bastante congénito, viene de la crisis de 2001.

—Una parte del periodismo político y de las élites tienen una obsesión casi patológica con la relación entre Alberto y Cristina, ¿Cree que esa es la interacción más relevante para entender la dinámica política del país?

—Cristina es un actor muy relevante, Massa también, pero el que tiene la llave es Alberto. Creo que la salida es un acuerdo de cúpulas, similar al modelo del Frente Amplio uruguayo. Es muy importante cuidar la unidad, pero también dotar al gobierno de efectividad. Si uno cuida solamente la unidad pero no tiene efectividad es un problema, porque tarde o temprano va a deteriorar la unidad. La clave es el vértice: Alberto.

—Alberto parece entre cómodo y resignado al rol de CEO de la unidad peronista. ¿Puede jugar otro papel?

—Necesariamente tiene que liderar, transformarse en la voz de un proyecto nuevo, que logre enamorar al afuera. Él está trabado en la hipótesis de que debe enamorar adentro y que eso automáticamente repercute afuera. Es exactamente al revés. Él tiene que liderar y al hacerlo aumentará su musculatura y reenamorará hacia adentro, y facilitará la cohesión de la coalición. Debería ser más parecido al Alberto electoral, donde el foco estaba puesto afuera y eso traccionaba hacia dentro, que al actual, que está más preocupado por acomodar los pedazos de la coalición y se está perdiendo el diálogo hacia afuera.

—¿Qué sucede si Alberto se inclina por la visión neo-revisionista, porque ve que no tiene margen para otra cosa o cree que es lo mejor para esta etapa?

—La situación del capital se estresaría todavía más, aumentaría el nivel de polarización social, empujaría el oficialismo y la oposición a los segmentos más radicalizados. Se frenaría el proceso de recuperación del capital y la salida de la pandemia sería mucho más difícil. Habría problemas de financiamiento, inversión privada y recuperación del empleo privado; es una agenda equivocada para el momento.

—En estos días se están desarrollando una serie de homenajes por los diez años de la muerte de Néstor Kirchner, una referencia para Alberto. ¿Ve algo de la impronta de ese primer kirchnerismo en este primer año de gobierno?

—La etapa histórica se parece mucho menos al período 2003-2007 y mucho más a 1989. Entiendo que todo espacio político hace una reconstrucción de su pasado. Sin embargo, lo que no puede ocurrir es que el proyecto carezca de una interpelación muy fuerte del presente y un imaginario muy fuerte sobre el futuro. Si eso está ausente el pasado se descapitaliza.

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