Para la politóloga María Victoria Murillo, con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca “se le abre a la Argentina la oportunidad de renegociar su relación con Estados Unidos”. Sin embaro, advirtió que eso dependerá también de “qué señales” le envía el país al nuevo presidente norteamericano.
Radicada hace años en Nueva York, la profesora de la Universidad de Columbia —donde Martín Guzmán trabajaba como investigador hasta su asunción como ministro de Economía—, dialogó vía Zoom con La Capital. Allí analizó los factores clave de la elección del último martes, el futuro de Donald Trump y el impacto del cambio de signo político de la administración estadounidense en la relación con América latina y la Argentina.
—¿Estaba en riesgo la democracia en Estados Unidos, como plantearon diversos analistas antes de las elecciones?
—Con voto realmente universal es la primera elección en la historia de Estados Unidos con este nivel de participación. Independientemente de lo que se diga sobre las normas y si las democracias mueren, 160 millones de norteamericanos salieron a votar en medio de una pandemia, con lo difícil que es registrarse, hacer horas de fila y votar. El electorado está diciendo que estaba mucho en juego.
—¿Qué ponían sobre la balanza los votantes republicanos y demócratas? Imagino que no ponderaban lo mismo.
—Los votantes de Trump ponían en juego lo que habían apoyado en 2016: la apuesta por la economía, que hasta enero venía muy bien, con cifras récord de crecimiento y empleo. Hay un votante que ve a Trump como alguien exótico, pero le va bien en su economía personal y lo vota. A ese electorado, que es mayoritario, se agregan personas que buscan defender valores. Son hombres blancos —pero también mujeres blancas— que rechazan el aborto, el matrimonio gay, la diversidad racial. Sienten una resistencia a la secularización de la sociedad norteamericana y se sienten en desventaja respecto de otros grupos. El récord en la venta de armas habla de una situación de miedo. Uno puede disentir pero hay que tratar de entender a estos votantes.
—¿Y qué sucede con los de Biden?
—Su coalición incluye mucha gente. Biden supo construir desde el lugar del insider político, de alguien que negocia, es moderado, no tiene una ideología fuerte y clara. Es una persona que interpreta los tiempos. Hizo una campaña donde atrajo a cierto votante republicano e independiente, sobre todo en lo que se llama la “pared azul” del Medio-Oeste: Wisconsin, Michigan, Pennsylvania. Recuperó votos que habían sido cruciales para Trump en 2016: trabajadores, hombres sin educación, sindicalizados, militares, suburbanos. Además, no tuvo que movilizar a los distintos sectores de la izquierda radical del partido Demócrata, eso ya lo hizo el propio Trump, pero sí supo sentarlos a escribir con él la plataforma. Ahora bien, una cosa es sacarse de encima a Trump y otra unificar esa coalición con una agenda para llegar sobre todo a las elecciones de medio término, especialmente si el Senado lo conservan los republicanos. A pesar de que Biden los conoce a todos, un Senado republicano tiene muchos incentivos para obstaculizar.
—Dos preguntas relacionadas: ¿Imagina a Trump como protagonista en la escena pública norteamericana en los próximos años? ¿Se reformulará el partido Republicano o habrá un trumpismo sin Trump?
—Como personaje, Trump es siempre una incógnita. La autenticidad de hacer lo que se le canta es lo que lo llevó adonde está. Sí es difícil que él se ponga en el lugar de reconstructor del Partido Republicano. Ahora bien, creo que el trumpismo sí lo puede sobrevivir. En realidad, es parte de un proceso de transformaciones al interior del partido que viene desde los años 70, cuando empiezan a coordinar donantes republicanos contra las regulaciones ambientales con los conservadores sociales.
—Volvamos a Biden. ¿Cómo imagina la relación de su gobierno con América latina?
—En primer lugar, la crisis doméstica es enorme, por lo que el tiempo para prestarle atención al resto del mundo será limitado. En segundo lugar, la prioridad de Estados Unidos en política exterior es y seguirá siendo China. Y en tercer lugar, EEUU tiene que reconstruir sus alianzas con sus socios tradicionales, que fueron muy dañadas durante la administración Trump; me refiero a Europea y sobre todo a Japón y Corea. En este marco, América latina tendrá una prioridad muy baja en la administración Biden, aunque sí prestará atención a Centroamérica, por la cuestión migratoria.
—¿Y con Argentina? Por ejemplo, el voto de Estados Unidos es decisivo en el FMI.
—Es difícil saberlo, porque no es que se está hablando en la campaña de la relación con la Argentina y no se sabe todavía quién será el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos. Como él ha dicho que hay que hacer compensaciones por la pandemia imagino que votarán por la renegociación, siempre que no emerja en posiciones clave alguien que tenga una agenda diferente. Además, Argentina ha ido en algunos temas con los tapones de punta, por ejemplo en el BID. De todos modos, se abre una oportunidad para la Argentina de renegociar su relación con Estados Unidos. También dependerá de lo que haga la Argentina, de qué señales le da a Biden.
—¿Cómo ve a la distancia el proceso político argentino? A la crisis, profundizada por la pandemia, se observan ruidos en el Frente de Todos.
—En la Argentina, los gobiernos de coalición son complicados. Desde afuera, se ven bastantes dificultades para unificar el discurso. No sé si esto tiene que ver con la coalición o el desgaste, pero es notorio y preocupante. Por ejemplo, para enfrentar la pandemia. Muchas de las medidas que hay que tomar —como guardarse, mantener la distancia social o vacunarse— requieren de la cooperación de la sociedad. Si la gente no está convencida o no se le explica todo es más difícil.
—Pensando el futuro en un marco regional, el año pasado se desarrollaron protestas en varios países en la América del Sur. ¿Cree que resurgirán estos conflictos?
—Sí, hay condiciones que pueden hacer resurgir la protesta, aunque no necesariamente por los mismos conflictos. La pandemia asustó al principio y en todos lados se registró un apoyo a los gobiernos, pero estamos viendo que las condiciones económicas empeoraron y se va desgastando la figura presidencial. En la medida en que la gente empiece a cansarse y no haya un mecanismo de esperanza la protesta tiene mayor posibilidad de emerger.