Julio Ricardo Ferreyra, el rosarino detenido la semana pasada por el asesinato
de dos policías en la localidad entrerriana de Diamante, fue procesado como autor de un doble
homicidio triplemente calificado, una figura que se pena con prisión perpetua. El juez de
Instrucción Jorge Barbagelata Xavier citó numerosas pruebas que lo sitúan como el probable ejecutor
de los uniformados y consideró que los crímenes fueron cometidos para ocultar el traslado de un
paquete de marihuana que el homicida llevaba en un bolso y obtener impunidad.
El juez dictó además la falta de mérito a Mauro Ramón R., otro rosarino de 32
años que había sido apresado en primer término por el ataque, sobre quien no pesan elementos de
prueba, aunque deberá seguir a disposición del Tribunal porque faltan resultados de pericias
genéticas. A los pocos días del arresto de R. la pesquisa tomó otro rumbo con la detención de
Ferreyra, un joven de 26 años a quien le dicen Chueco o Porteño, quien cometió un homicidio en
Rosario y fue custodio del asesinado barrabrava de Newell’s Roberto Pimpi Camino.
Una fuente judicial indicó que se dispuso la prisión preventiva de Ferreyra,
quien está detenido en la Unidad Penal 1 de Paraná. El rosarino fue acusado de cometer un doble
homicidio triplemente calificado. Por la alevosía, dado que los policías fueron asesinados a
quemarropa cuando estaban desarmados; por la calidad de funcionarios policiales de las víctimas y
criminis causa, es decir, por matar para asegurar el resultado de otro delito. La defensa de
Ferreyra tiene desde hoy cuatro días de plazo para apelar la medida.
Los policías Elio Muñoz, de 25 años, y Marcelo Zárate, de 43, fueron ejecutados
de dos tiros cada uno la madrugada del domingo 4 de julio cuando intentaron identificar a un sujeto
que caminaba con un bolso por una vereda céntrica de Diamante.
Zárate bajó de la patrulla sin portar arma y el sospechoso, sin mediar palabra,
lo mató de dos disparos. Muñoz recibió otros dos balazos cuando intentaba bajar del auto y murió al
llegar al hospital. Del encuadre dispuesto por el juez Barbagelata Xavier se desprende cuál fue, a
su criterio, el móvil del ataque: obtener impunidad por el traslado de la droga.
El agresor dejó abandonado en el lugar un bolso que contenía un envoltorio con
350 gramos de marihuana y efectos personales. El juez le dio intervención al fiscal Gilberto
Robledo para que derive actuaciones a los Tribunales Federales de Paraná por infracción a la ley de
drogas.
"Hay indicios fuertes que lo comprometen", dijo a LaCapital una fuente de la
causa. Entre las pruebas que lo arrinconan figuran declaraciones testimoniales, el reconocimiento
de la mayoría de los nueve testigos del hecho, el señalamiento de la ropa secuestrada como la usada
por el atacante y dichos de sus familiares. Otro elemento decisivo es que, en el bolso, se encontró
una foto de sus parientes.
El giro. El caso generó conmoción en la localidad entrerriana y estuvo signado
por una accidentada y oscura pesquisa policial. Es que veinte minutos después del hecho los pares
de Muñoz y Zárate apresaron en el barrio Los Melos a Mauro R., quien visitaba a sus hermanas y
había estado demorado un día antes por el arrebato de una mochila. Los investigadores adujeron que,
antes de morir, Muñoz había dicho que lo mató "el rosarino".
Las autoridades policiales de la provincia señalaron que el caso estaba
esclarecido con prueba "abrumadora" en su contra. Pero el dermotest dio negativo y él manifestó ser
inocente. El juez no interrumpió la pesquisa y 7 de Julio el caso experimentó un vuelco con la
detención de Ferreyra en las islas frente a Paraná.
Su nombre figuraba en la libreta de trabajo del cabo Zárate. Había estado
detenido en Ezeiza y tenía antecedentes por tráfico de estupefacientes. Una cuñada de Ferreyra
declaró que el joven había aparecido exaltado la madrugada del crimen, se cambió de ropa y le dejó
prendas manchadas con sangre para lavar. En Diamante reside la madre de Ferreyra, quien les dijo a
los investigadores que su hijo "estaba prófugo por problemas de estupefacientes", que ella le había
entregado "fotos de sus hermanos para que las tuviera" y que llevaba un bolso como el
secuestrado.
Perfil de un duro. Ferreyra es oriundo de barrio Las Flores, estuvo ligado a
disputas por la venta de drogas y cumplió condena por narcotráfico en Ezeiza. Fue acusado del
homicidio de Damián Roberto Tata Maldonado, un miembro de la banda de Los Monos baledado en el
tórax el 20 de abril de 2002 en Flor de Nácar y pasaje Belén.
Tras su arresto en tierra entrerriana, la policía local confirmó al recibir su
foto y sus fichas dactilares que es el mismo hombre que escoltaba a Pimpi Camino la noche que lo
mataron frente al bar Ezeiza, de Servando Bayo al 1400. Sólo que entonces se hacía llamar Alejandro
Gabriel Maluh y le decían Porteño. "Le tenían miedo porque decía que había matado a un policía en
Buenos Aires", dijo un vocero. Esa noche trasladó agonizante a Camino al Hospital Carrasco y sus
datos fueron registrados por los investigadores, ante quienes dio el nombre verdadero de su madre,
pero cuando fueron a buscarlo para que declarara como testigo había desaparecido.