Víctor Manuel González tiene 34 años y ya sabe lo que es estar detrás de las rejas porque en 2018 fue condenado a tres años de prisión por un intento de robo a mano armada. Dos años más tarde, en marzo de 2020, salió bajo el regimen de libertad asistida. Y ahora está nuevamente sentado en el banquillo de los acusados, en el inicio de un juicio oral y público en el cual se le imputa un delito que tiene como pena en expectativa la pena de prisión perpetua. El fiscal Ademar Bianchini le achaca haber sido quien el 19 de junio de ese mismo año, y con fines de robo, asesinó a golpes a Leopoldo Teófilo Gamboa, un hombre de 77 años que vivía en un departamento del macrocentro y al que había conocido por su labor de asistente de la Pastoral Penitenciaria. El debate se lleva adelante frente al tribunal integrado por los jueces Rafael Coria, Paula Alvarez y Gonzalo Fernández Bussy, quienes deberán evaluar las pruebas de parte para dictar su veredicto.
Según la investigación, el mediodía del 19 de junio de hace dos años González llegó al departamento de Gamboa, ubicado en el 7º piso del edificio de Zeballos 1565. El dueño de casa no tuvo inconvenientes en dejarlo ingresar porque lo conocía de su trabajo como colaborador de la Pastoral Penitenciaria, una tarea que lo apasionaba pero también le generaba preocupaciones, de acuerdo a lo que comentaba habitualmente con sus allegados, quienes por entonces dijeron que lo incomodaba la falta de políticas de resocialización para los reclusos. Y que eso lo impulsaba a seguir en contactos con los presos cuando recuperaban la libertad y hasta los recibía en su vivienda. Tal cual lo que ocurrió con González, a quien había conocido y asistido en el pabellón 1 de Piñero.
Lo cierto es que aquel día González llegó al departamento de Gamboa, presuntamente almorzaron juntos y a las 16.40 la víctima habló por teléfono con su hermana Marta por última vez. Tras ello dentro del departamento se desató la tragedia que se descubriría dos días más tarde cuando la mujer, al no tener más noticias de su hermano, llamó a una vecina que la puso en alerta. Le dijo que la puerta de la vivienda estaba cerrada pero que no había ruidos adentro y que ella tampoco se había cruzado a Gamboa por esos días.
Entonces Marta dio aviso a la policía y con uniformados fue hasta el departamento. La puerta estaba sin llave y los pesquisas hallaron en una habitación al hombre muerto con signos de golpes y torturas. El cuerpo estaba sobre un manchón de sangre rodeado por el desorden típico de un robo. Tenía un corte en el cuero cabelludo y un cable de plancha atado desde el cuello hasta la pantorrilla izquierda. La plancha, con restos de sangre y cabellos, estaba en la pileta de la cocina. De la casa faltó un celular, una notebook y un bolso. La autopsia determinó un grave traumatismo de cráneo y compresión del cuello y la imputación fiscal atribuyó la muerte al golpe en la cabeza que recibió la tarde del 19 de junio.
Filmado
En el marco de la investigación se supo que la presencia de González en el lugar quedó captada por dos cámaras de seguridad del edificio: a las 12.07 cuando Gamboa bajó para abrirle la puerta, lo saludó con un gesto cordial y lo acompañó al ascensor. Y a las 17.33 el mismo visitante de campera y gorrita bajó la escalera y se fue llevando un bolso en la mano y abrió la puerta principal con la llave registrada a nombre de Gamboa.
Además, el día del crimen el celular robado a la víctima impactó por última vez en una antena cercana a la casa de González, quien fue detenido por los pesquisas de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) en una vivienda de Guatemala al 1500 bis donde se secuestraron una gorra Nike gris y la campera que el acusado vestía al momento de visitar a Gamboa.
Ahora, cuando han pasado dos años del crimen, el fiscal Ademar Bianchini le endilgó a González frente al tribunal haber cometido un homicidio criminis causa, es decir que mató para ocultra otro hecho que en esta ocasión fue el robo. Un delito que se pena con prisión perpetua.