Un hombre comenzó a ser juzgado por la muerte de Ricardo Martín Gallozo, un empleado en una panadería al que en noviembre de 2018 un amigo encontró desnudo, maniatado de pies y manos y con el rostro encintado en la casa que compartían en Pueyrredón al 4000. El acusado solía mantener relaciones sexuales con la víctima y, según la acusación, tras el crimen por asfixia sustrajo de la vivienda algunas pertenencias como una notebook, un celular, billetera con documentación y las llaves de una moto. Las Fiscalía y la querella solicitaron la pena de prisión perpetua. La defensa planteó que no hubo un acto homicida sino que la muerte fue resultado de un juego sexual.
El debate comenzó la mañana de ayer en el Centro de Justicia Penal ante un tribunal integrado por los jueces Trinidad Chiabrera, Gonzalo López Quintana y Facundo Becerra. El acusado es Eduardo Andrés Acosta, de 29 años. El fiscal Gastón Avila solicitó que sea condenado a prisión perpetua como autor de un homicidio criminis causa, es decir cometido para asegurar un robo, y además calificado por la alevosía. La misma pena requirió la parte querellante, mientras que la defensa planteó su inocencia.
El hecho en debate ocurrió el 28 de noviembre de 2018 alrededor de 18 en una casa de Pueyrredón 4085 donde vivía Gallozo. Trabajaba en el mostrador de la panadería La Nueva Artesanal, en el barrio Bella Vista, donde se había criado, y vivía con un amigo, Daniel Ch. Según la acusación, esa tarde llegó junto a Acosta quien estuvo allí hasta las 0.10 del día siguiente. En ese lapso “maniató a la víctima de pies y manos con cordones y una sábana”. Luego, “utilizando una cinta adhesiva y una bolsa ocluyó las vías respiratorias ocasionando el fallecimiento por asfixia mecánica” de Gallozo. Por último, “sustrajo del domicilio una notebook, un teléfono celular, billetera con documentación, dinero en efectivo y las llaves de la moto y la casa”.
Con 26 años, Acosta fue detenido en marzo de 2019 a partir del relato de vecinos que dijeron haber visto salir de la casa, la noche del crimen, a un muchacho morocho y con rastas al que sólo conocían por su nombre de Andrés. A partir de esos datos fue apresado en una vivienda de Ituzaingó al 4700.
El fiscal Avila comenzó ayer su alegato ante los jueces indicando que Gallozo era un hombre de 35 años que el 28 de noviembre de 2018 le pidió al amigo con quien compartía el departamento que lo dejara solo porque iba a encontrarse con Andrés. Su amigo se retiró de la casa alrededor de las 17. “Una hora más tarde la víctima ingresó a su departamento acompañado por Acosta”, dijo el fiscal.
Avila indicó que víctima y agresor estuvieron solos hasta la medianoche y mantuvieron relaciones sexuales hasta que en un momento Acosta “aprovechando esa confianza, esa intimidad, sujetó con cordones y sábanas ambas muñecas y tobillos de la víctima a la cama así Martín estaba indefenso y no representaba ningún tipo de riesgo para el plan criminal que había pergeñado previamente”.
Según planteó, aprovechándose de la “total indefensión” de la víctima, “el acusado obstruyó las vías respiratorias de la víctima mediante el uso de una cinta adhesiva, luego decidió sofocarla y causarle la muerte”, lo que facilitó el robo de pertenencias: dijo que en una mochila de color rojo y negro que era de Martín cargó una computadora BGH de color azul de su amigo, una billetera, documentación, un celular Samsung A6, las llaves de una moto, las llaves de la casa y dinero en efectivo que tenía Gallozo.
Cuando regresaba a su domicilio, pasada la medianoche, se cruzó a pocas cuadras del departamento con Daniel, el amigo de Martín. Quien al llegar a la casa “se encontró con un panorama tétrico. La casa estaba con la puerta cerrada sin llaves. Adentro de su habitación Martín se encontraba desnudo y atado de pies y manos, con la cara envuelta en cinta”. Daniel tocó el cuerpo de su amigo y lo sintió tibio. Llamó a una ambulancia y mientras llegaba intentó reanimarlo. En una mesa había quedado un porrón de cerveza con dos vasos a medio tomar. “Pese a las indicaciones del Sies,nada pudo hacer él para salvarle la vida”, relató el fiscal, quien convocó al debate a personal policial y del gabinete científico, vecinos y amigos de la víctima.
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Las abogadas querellantes Sofía Superti y Marisa Díaz encuadraron el caso como homicidio criminis causa. “Acosta mató a Gallozo para lograr la impunidad que creyó haber obtenido desde el momento del hecho hasta que fue detenido meses después”. Sobre Gallozo dijeron que era “un hombre alegre, trabajador, con empleo en blanco en una panadería de calle Biedma al 3300 y un segundo trabajo porque quería progresar con ingresos lícitos. Esa vida la compartía con sus familiares y allegados. Y la quiso compartir con Acosta. Lo convocó para compartir la tarde porque había decidido cambiar su moto por una mejor”, añadieron las abogadas, e indicaron que el acusado sabía que la víctima contaba con una suma de dinero que había ahorrado para comprar una moto más costosa. “Quizás con alguna excusa de un juego sexual logró atarlo y cuando se encontraba totalmente inmovilizado decidió quitarle la vida”, plantearon, y dijeron que no sólo buscó asegurar el robo sino también obtener impunidad.
Por último la defensora pública Celia Pasquali indicó que “la imagen de un ser perverso y calculador” expresada en la acusación “está absolutamente alejada de la realidad del señor Acosta. Es un joven de por entonces 26 años que sin haber finalizado la escuela se dedicó a trabajar y para ello ha realizado diferentes oficios. El que más le apasionaba era el cuidado de adultos mayores”.
“Marcado por la pérdida temprana de un hermano muy compañero”, según indicó, es “un joven cuya condición no era completamente aceptada por su familia” y que np había tenido contacto con el sistema penal. “Para que una persona pueda ser responsable penalmente del delito de homicidio hay un elemento que no puede obviarse y ese elemento es la voluntad, la intención de dar muerte —añadió—. Ni la fiscalía ni la querella podrán probar esa intención respecto de mi defendido”.
Sostuvo que Andrés conocía a Martín y “tenían encuentros ocasionales en los que disfrutaban de su intimidad. Pero no existió jamás en Acosta la intención de ponerle fin a la vida de Gallozo”. Dijo que la muerte ocurrió en medio de un juego sexual consentido, “de un modo que tal vez podamos considerarlo poco convencional pero no por ello prohibido. Tuvo consecuencias que en el momento del goce no fueron advertidas. Y cuando ello pasó y Eduardo vio a Martín inconsciente, el temor lo hizo irse. Envuelto en ese temor tomó una mochila que estaba en el lugar, tal como se encontraba, colocó algunas de sus pertenencias y se fue”.
La defensora dijo en su alegato que Acosta desconocía qué elementos se encontraban dentro de la mochila y que el hecho de habérsela llevado “no lo convierte en autor de un homicidio calificado”, por lo que solicitó que se descarte el pedido de prisión perpetua. Ofreció el testimonio de allegados y profesionales que expondrán en las audiencias sobre la personalidad del acusado.