Durante cuatro horas fue retenido, golpeado y amenazado dentro de un taller mecánico de Rosario. El objetivo, según la acusación fiscal, fue forzarlo a devolver dos baterías de autos que sus captores creían que había robado. Este miércoles, la Justicia resolvió prorrogar las prisiones preventivas de cuatro personas imputadas por ese hecho, ocurrido en agosto del año pasado y calificado como secuestro coactivo agravado.
La audiencia se realizó en el Centro de Justicia Penal y estuvo a cargo de la jueza de primera instancia Luciana Vallarella, quien dispuso mantener la prisión preventiva efectiva por seis meses para Matías C. y Juan Pablo O.. En tanto, se prorrogó también por seis meses la prisión preventiva de Ángel C., mientras que Sofía M. continuará detenida bajo la modalidad domiciliaria, tal como se había dispuesto en diciembre pasado.
Una sospecha, un plan y un secuestro
El fiscal Ramiro González Raggio reconstruyó que el hecho se originó por la desaparición de dos baterías de vehículos de un taller ubicado en la zona de Matienzo y Dean Funes, en Rosario. La víctima, identificada como T. C., había trabajado allí unas dos semanas realizando tareas de limpieza y asistencia, y fue señalado como principal sospechoso.
Lejos de recurrir a una denuncia, los acusados habrían planificado una represalia. Según la imputación, actuaron de manera coordinada junto a otras cuatro personas aún no identificadas para localizar, retener y someter al joven hasta obtener una “confesión” o la restitución de los elementos.
La emboscada en la calle
El 8 de agosto de 2025, cerca de las 16, la víctima caminaba por las inmediaciones de Sanguinetti y pasaje Zola cuando fue interceptada por Matías C., que se movilizaba en un Fiat Palio negro. Tras iniciar una conversación, el imputado envió mensajes al resto del grupo para avisar dónde se encontraba.
Minutos después, llegó una camioneta Chevrolet S10 gris de la que descendieron tres hombres. Allí comenzó la agresión: golpes de puño y con un caño de hierro, amenazas y la orden de subir al vehículo. A la fuerza, lo trasladaron hasta el taller mecánico propiedad de Juan Pablo O.
Ya en el taller, la violencia se intensificó. La víctima fue introducida en un Volkswagen Gol negro, donde recibió puñetazos y patadas, mientras que Sofía M., según la acusación, incitaba a que continuaran golpeándolo. Luego lo sacaron del auto, le arrojaron baldes con agua fría y volvieron a atacarlo con un caño de hierro, concentrando los golpes en las rodillas.
Durante todo ese tiempo, los agresores le exigieron que devolviera las baterías o indicara dónde estaban. El joven negó reiteradamente haberlas sustraído o conocer su paradero.
La huida y la atención médica
Tras unas cuatro horas de cautiverio, la víctima logró escapar cuando era custodiada por dos hombres y el resto del grupo se encontraba en la vereda del taller. Corrió hacia la vía pública pidiendo auxilio a los gritos y se refugió primero en la casa de un familiar.
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Finalmente fue trasladado a la guardia del Hospital Centenario, donde ingresó alrededor de las 20.18. Los médicos le diagnosticaron politraumatismos, con dolor en el hemitórax izquierdo y hematomas en distintas partes del cuerpo.
Al resolver la prórroga de las medidas cautelares, la jueza consideró la gravedad del hecho, la pena en expectativa y los riesgos procesales, en una causa que continúa abierta y con otros presuntos involucrados aún no identificados. La calificación legal, secuestro coactivo agravado por la participación de tres o más personas, contempla penas elevadas.