El reguero de agresiones fue desenfrenado y para sus víctimas implicó efectos psíquicos
desoladores. Duró 60 días, entre septiembre y noviembre de 2008, hasta que a Gustavo Aparicio, un
vendedor ambulante de 38 años, lo detuvieron en su casa. Cada vez que le dieron posibilidades de
defenderse se abstuvo de declarar. La mayoría de los reconocimientos de sus víctimas resultaron
positivos. Pero en un momento estuvo de acuerdo en que le impusieran una pena para evitar prolongar
el trámite del juicio.
En virtud de ello ahora le impusieron 20 años de prisión efectiva. Se lo
encontró culpable de seis hechos donde están incluidos violación, robo a mano armada y privación
ilegítima de la libertad de sus víctimas, a las que mayoritariamente atacó tras irrumpir en sus
viviendas. No podrá acceder a libertad condicional porque fue declarado reincidente debido a que
tenía una condena previa.
En mayo pasado, Gustavo Aparicio admitió su responsabilidad en los
hechos por los cuales estaba detenido. A partir de allí se entabló un pacto entre su defensa y la
fiscalía que interrumpe el juicio regular y aceptó un trámite abreviado hacia una pena a 20 años de
prisión. La jueza de Instrucción Nº 14, María Laura Savatier, aceptó la propuesta de ambas partes.
Y la semana pasada el juez de Sentencia Nº 4, Julio Kesuani, la convalidó imponiéndole esa
sentencia. Eso implicó que en apenas diez meses el complejo caso quedó terminado.
Gustavo Aparicio está casado y vivía en Cochabamba al 7200. Allí lo
apresaron luego de que se identificara un patrón de conducta en el agresor que había cometido
ataques muy parecidos en jurisdicción de las comisarías 14ª y 19ª, en la zona oeste de Rosario.
Todas las víctimas de abusos sexuales, por coincidencia, eran mujeres 28 años.




























