Julio Nicolás C., el técnico químico que fue detenido hace una semana imputado
de más de quince ataques sexuales en perjuicio de menores de edad, perpetrados tanto en Rosario
como en el cordón industrial, encarnaba en el coqueto barrio Celulosa de Capitán Bermúdez el rol de
un buen vecino. Sin embargo, detrás de ese muchacho educado y respetado se escondía otra persona. Y
esa duplicidad quedó registrada en el cuaderno de tapas verdes que los policías le secuestraron al
momento de apresarlo y que tenía como carátula la inscripción "Que Dios nos bendiga". En las
primeras hojas de esa libreta Julio anotaba la evolución de sus ahorros en pos del sueño compartido
con su novia de comprar una casa para irse a vivir juntos. Y en las últimas, escritas de atrás para
adelante,
los datos personales de las adolescentes de las que había abusado sexualmente. "Detrás de una
persona decorosa o de buen proceder puede existir una persona violenta que tenga actos contrarios a
la moral de nuestra sociedad", dijo al respecto el psicoanalista Jorge Degano, del Centro de
Estudios en Psicología y Legalidad de la Facultad de Psicología de la UNR.
Al irse conociendo detalles del lado oscuro de Julio Nicolás C. la gente no
dudó en calificarlo como "monstruo" o "degenerado". Para Degano, "esas son posiciones morales. El
violador como un monstruo humano. En realidad, de lo que se trata, es de la fascinación del crimen.
Estas personas son odiadas, pero también existe una admiración morbosa porque muestran lo que nadie
puede hacer. Que ellos pueden hacer lo que los demás no". Y agrega: "Lo que sucede es que muchos de
los actos que estas personas llevan a cabo son aspectos que no han sufrido los procesos de
represión que sí tenemos la mayoría de los que vivimos en sociedad".
Algo que no funcionó.
Al hablar del caso que involucra a
Julio Nicolás C., Degano prefiere hablar de "una personalidad compulsiva y no de una personalidad
escindida" — doble personalidad— como se representa en personajes literarios al estilo
de "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde" o "Psicópata americano". En este sentido, el
psicoanalista explicó que las conductas de este tipo de sujetos "son cosas que no se pueden
reprimir de ninguna manera. Se les presenta el acto con una forma tal que no lo pueden manejar y
son esclavos del acto. Tal vez después se pregunten por qué hago esto, pero llegado el momento, el
acto tiene una fuerza arrebatadora sobre el sujeto".
En este orden, Degano agregó: "Puede
sentir un momento de interrogación culposa y luego, paulatinamente, ir incorporándolo en su
carácter". Es decir, el atacante normaliza situaciones que son anormales. Eso le permite tener un
manejo de la culpa porque lo que para la sociedad está mal o es castigado, para él está
normalizado.
"En algunos aspectos, como en este caso del pasaje al acto
sexual violento contra las mujeres, la conducta de los hombres ha escapado a los procesos de
represión que naturalmente operan en todos nosotros", dijo Degano. Y buscando una de las
explicaciones a los por qué, indicó: "Hay que pensar en qué había en la familia de este muchacho
que no operó adecuadamente para reprimir estos intentos y mantenerlos en estado original. El modo
en el que construye sus relaciones eróticas es por donde tiene que andar la cuestión".
Sólo en el mundo.
"Con esta cuestión de la mundialización, de la globalización, se ha olvidado el sujeto y la
gente queda errante a sus pasiones. Ya no hay control social y la gente queda desprotegida a sus
pasiones. Esto hace que se acentúen deterinados rasgos y a lo mejor el sujeto se ve llevado a
profundizar aspectos psicopatológicos que en un contexto más contenedor de la cultura los podría
controlar", analizó Jorge Degano.
En este sentido, el psicoanalista dijo que "existe un abandono del sujeto
por parte de la mundialización en procura de los objetos. Se perdió la contención social. El
entorno de la palabra colectiva, de familiares o de quien sea, se fue resquebrajando de modo que
sujetos como este muchacho, que antes encontraban una acallamiento de sus pasiones perversas por
medio del control intersubjetivo y hoy están librados a sus pasiones. Entonces dispararan estos
síntomas más allá de su voluntad", indicó el profesional.
Objeción al encierro.
Cuando surgen casos como el de Julio C., luego de la condena pública la pregunta que surge por
naturaleza es: ¿El violador es recuperable? "Esa es una pregunta incontestable", dice Degano. "No
tengo experiencia terapéutica directa con estos casos, pero he hablado con muchos de estos hombres.
Y dicen lo que uno no puede escuchar con una naturalidad absoluta. El abordaje terapéutico de estas
personas no sé si tiene buen pronóstico, lo que no quiere decir que no se pueda. Pero esta persona
tiene que incorporar a su vida aspectos que ha rechazado o no ha incorporado", explicó.
Además, "el tema de los tratamientos en este
tipo de casos es algo muy difícil de cumplir con los sistemas penitenciarios actuales. No puede ser
que en los sistemas penales en Argentina el único remedio para todos los males sea de un solo tipo:
el jarabe del encierro. Y después, lo único que varía es la cantidad de tiempo de encierro. Pueden
ser 8 o 25 años, por ejemplo. No hay diversidad de tema", concluyó Degano.