Fernando “Enano” Morel, organizador de una serie de ataques extorsivos supuestamente ordenados por Ariel Máximo “Guille” Cantero, fue acusado este miércoles por el fiscal de la Unidad de Homicidios Gastón Ávila como instigador del asesinato de Pablo Leonel “Finito” Sosa, ocurrido el mediodía del pasado 8 de agosto en Esteban de Luca y Paraguay, en el barrio Tiro Suizo. El representante del Ministerio Público de la Acusación (MPA) sindicó al Enano como instigador de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y privación ilegítima de la libertad calificada mediante amenazas y por el uso de arma de fuego y la jueza de primera Instancia Paula Álvarez le dictó la prisión preventiva efectiva por el plazo de ley.
Según se desprende de la investigación Finito vendía drogas para Morel, pero la relación entre ambos no terminó bien cuando el Enano lo acusó de estar haciendo negocios con otro transa, robarle una pistola ametralladora FMK 3 y entre 200 y 300 mil pesos provenientes del negocio ilegal. Por eso lo mandó a matar.
Además de esta causa, Morel fue acusado en agosto pasado por una serie de ataques extorsivos a viviendas de dirigentes del Sindicato de Peones de Taxi cometidos entre septiembre de 2019 y enero de 2020. En el banquillo se sentaron junto a él Guille Cantero, Carlos Damián “Toro” Escobar, Maximiliano “Cachete” Díaz y el ex secretario de los peones de taxis Horacio Fernando Boix. Mientras tanto cumple una condena a 18 años y 3 meses de prisión por varios hechos unificados entre los que se incluye un crimen, una tentativa de homicidio, lesiones graves, tenencia de arma de guerra y robo calificado. Ya estando en prisión, en enero de 2020, intentó fugarse del Hospital de Emergencias donde estaba internado usando las tuberías de aire acondicionado del centro asistencial.
Finito Sosa era un tiratiros o sicario que supo trabajar para el ex barra de Newell's Old Boys Marcelo “Coto” Medrano, acribillado a balazos en Granadero Baigorria la noche del jueves 10 de septiembre de 2020. Tras ese crimen fue captado por Morel. “Vendés para nosotros o sos nuestro enemigo”, le aclararon semanas después del homicidio de Coto.
Por el asesinato de Finito, el 22 de septiembre pasado fue acusado Leandro Gabriel “Pragua” M. bajo la figura de coautor de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y privación ilegítima de la libertad calificada por ser cometida mediante amenazas y por el uso de arma de fuego en concurso real en carácter de coautor por lo que quedó detenido por el plazo de ley. En tanto diez días atrás, en la ciudad de Rafaela y portando dos pistolas calibre 9 milímetros, fue detenido Laureano “Chini” A., de 16 años recién cumplidos, quien aparece según la pesquisa como el principal sospechoso de ser quien ejecutó a Finito. De acuerdo a la investigación el adolescente fue quien hizo de nexo entre Finito y Morel. También fue quien le consiguió a Sosa el departamento en el que durmió la última noche de su vida.
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Para los investigadores, Enano Morel es uno de los enlaces para armar la logística en algunas balaceras atribuidas a la banda de Los Monos y quien maneja el grupo de tiratiros que se encarga de las extorsiones a comerciantes. Entre las causas por las que fue imputado se encuentra el ataque a balazos perpetrado el 11 de enero de 2020 cuando gatilleros dispararon contra los balcones del Casino City Center, sobre calle Moreno al 6400, y mataron al gerente bancario Enrique Encino mientras fumaba un cigarrillo.
Una vida delictiva
Pablo Leonel “Finito” Sosa era de Granadero Baigorria y se había hecho de un nombre en las anárquicas calles rosarinas. En marzo de 2016 aceptó una condena a 6 años y medio de cárcel en un proceso abreviado por balear y robarle su arma reglamentaria al comisario Marcelo “Conejo” Gómez, un hecho que se remonta a mayo de 2014. Gómez fue el último jefe de la Unidad Regional II durante la gestión del ministro de Seguridad Maximiliano Pullaro y el primero de Marcelo Sain, aunque entonces duró un par de días.
El apodo de Finito sonó nuevamente tras el ataque a balazos que sufrió el abogado Ariel González Cevallos, baleado el pasado 13 de marzo en una estación de servicios de la zona norte de la ciudad, una acusación que su familia negó de plano. El último 18 de junio Sosa se enfrentó a tiros con agentes de civil de la División Homicidios de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) que lo habían ido a detener a bordo de un auto particular hasta una casa de Montevideo al 1300, en el barrio Nuestra Señora de la Paz de Granadero Baigorria. Entonces logró escapar.
Aquel día, los policías vieron a dos hombres en una moto. Uno de ellos era Finito, quien iba como acompañante. Tras darles la voz de alto comenzó una breve pero intensa persecución. Sosa se tiró de la moto y fue perseguido por uno de los agentes. En su corrida cubrió su fuga con al menos un par de balazos que hicieron que el efectivo se replegara. Finito finalmente entró a una vivienda que había sido allanada en febrero de este año y al llegar los efectivos desde el interior de la propiedad los recibieron con una lluvia de balazos.
Para agosto de 2021 Finito estaba refugiado en un departamento de Esteban de Luca y Paraguay, en el barrio Tiro Suizo del sur rosarino. Una vivienda que le había conseguido el adolescente Laureano A., a quien todos conocen como Chini. Para ese momento Sosa trabajaba para el equipo del Enano Morel, considerado una de las manos derechas de Guille Cantero.
Según quedó expuesto en la audiencia de este miércoles, el domingo 8 de agosto al mediodía cinco personas con chalecos con la inscripción de la policía santafesina llegaron a ese departamento y al grito de “allanamiento, todos al suelo”, ingresaron a donde Finito dormía con su novia. La chica trató de resistirse “porque los policías no pueden actuar así”. Sosa supo al instante que no eran policías.
A la pareja la cargaron en dos autos y los llevaron a una casa en un barrio aún indeterminado. Los pusieron en cuatros separados y a Finito comenzaron a golpearlo sin parar. En medio del castigo lo trataban de traidor. En uno de los descansos de los agresores, el propio Morel entabló una video llamada desde la cárcel de Piñero y les habló a quienes golpeaban a Sosa. “Soy Fernando Morel. Soy el patrón y esos que están ahí trabajan para mí”, dijo. “Vos me traicionaste. Vendiste para otro. Me robaste una «metra» y 200 o 300 lucas. Quiero todo eso”, le habría dicho. Finito negó los cargos hasta al final.
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A las 21.30, con la cabeza tapada, la pareja fue sacada de la casa donde estaba privada de la libertad. Otra vez fueron en autos separados. A la novia de Sosa la dejaron en Las Flores al 3000, en el barrio Plata. Cuando la piba bajó del auto, Finito ya estaba muerto.
“No Laureano. No Laureano. Ayuda”, fueron las últimas palabras que los vecinos de Flammarión y Lamadrid escucharon de la voz de un hombre joven. Después, la descarga de una pistola calibre 9 milímetros tiro a tiro. Doce vainas servidas quedaron en la escena de otro crimen brutal. Los vecinos vieron a un muchacho flaco con campera negra que se subió a un Volkswagen Gol Trend gris en el que lo esperaba un hombre al volante. Para la pesquisa ese hombre era el Paragua. Sosa murió con su cabeza destrozada a balazos y varios impactos en el pecho. Su familia se enteró del crimen por la radio y la tele en las primeras horas del lunes. Por aquellos días la muerte de Sosa estaba tabulada en 300 mil pesos. Sobre fines de septiembre la casa de la novia de Sosa fue atacada a balazos. Quince impactos rociaron la fachada. Los tiradores le dejaron una nota: “Viste que te ibamos a encontrar”.