Policiales

En los últimos cuatro meses, cuatro edificios de oficinas céntricos fueron robados

El último de la saga fue el de San Luis al 1600 en el que robaron al menos 15 oficinas de dos pisos diferentes durante la madrugada de este viernes

Viernes 23 de Julio de 2021

Por cuarta vez en cuatro meses oficinas de un edificio céntrico fueron robadas durante la madrugada. Primero fue el atraco a una financiera ubicada en una propiedad vertical de Mitre al 800 durante la fría noche del 15 de marzo donde al menos tres ladrones ingresaron por el techo y se llevaron 60 mil dólares tras violentar la caja fuerte del lugar; después fue el edifico Marea en Santa Fe al 1700, en el que tras el feriado del 24 de marzo robaron al menos ocho oficinas, entre ellas una perteneciente a la familia del jugador de la selección nacional Angel Di María; el martes 22 de junio fue el turno del edificio Hermes II, de la peatonal Córdoba al 1300, en el robaron oficinas de escribanos, abogados y psicólogos de los pisos 2, 4, 8 y 9; el último de esta saga fue descubierto la mañana de este viernes en el edificio y galería San Miguel.

Allí un grupo indeterminado de delincuentes ingresó a las oficinas de los pisos 5 y 6 y robaron en al menos 15 oficinas. En el piso 4, donde funciona un depósito de indumentaria, entraron pero sin robar dinero. “Esto es un trabajo súper dateado. Fueron quirúrgicamente entrando a oficinas donde había dinero y en las que no había alarmas ni cámaras. Trabajaron con calma y cuando terminaron se fueron a comer algo al bar del subsuelo, al que le entraron por una ventana. Tenían súper claros los tiempos para dar el golpe”, explicó una de las víctimas. Sólo en el recuento de cinco oficinas del piso 5 robaron alrededor 650 mil pesos y 450 euros, sin contar el costo de las reparaciones.

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A las 7.20 un empleado de una de las oficinas del 5º piso del edificio San Miguel se topó con un escenario desolador. Una sucesión de puertas de oficinas destruidas y barreteadas. Y en el interior de cada recinto desorden, papeles revueltos y caja fuertes o de seguridad abiertas y violentadas. El hombre sacó su celular y llamó a la central del 911. Para las 8 de la mañana, el frente de la galería de calle San Luis 1665 era el epicentro de un pandemónium de móviles policiales e inquilinos que llegaban a las oficinas con la incertidumbre de saber si se las habían reventado.

Los policías iban realizando un arqueo parcial mientras iban llegando los perjudicados. Una oficina 300 mil pesos y cheques a precisar; en otra 150 mil pesos; en la que seguía eran 10.067 pesos y en la siguiente otra víctima por 200 mil pesos. Eso además de pequeños objetos de valor y joyas. Fue un golpe a la antigua donde los ladrones buscaban “brillo”, como en el argot se reconoce al oro y las joyas, y efectivo. Los delincuentes no le prestaron atención a otra cosa. Un atraco de otro tiempo llevado a cabo por profesionales con un entregador que reportó al dedillo dónde debían entrar y en que lugar era perder tiempo.

Con el correr de las horas el panorama se fue aclarando. Un grupo de ladrones habían ingresado a unas 15 oficinas de los piso 5 y 6 donde se concentran alrededor de 40 oficinas de escribanos, abogados y contadores. “A nosotros nos robaron más de 200 mil pesos y euros”, explicó Carla, una de las abogadas asaltadas. Transitar por el pasillo de los pisos 5 y 6 era una sucesión de puertas, varias de ellas blindadas, completamente destruida a barretazos y patadas.

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“Recién llamé a los de la puerta blindada (de una reconocida primera marca) y me dijeron que ésta (por la que le destruyeron) no sirve más. La nueva me sale 100 mil pesos”, indicó una profesional. Y así, una sucesión de lamentos, insultos al aire y búsqueda de responsables. El único ascensor que funcionaba ardía. Gente llegando con cerraduras o puertas placas para reponer; o empleados de cerrajerías con sus valijas. La gran mayoría de las puertas no servía más. El otro ascensor tenía una leyenda escrita con fibrón rojo en un papel cualquiera: “No tocar nada. Ni ascensores ni oficinas. Por instrucción de la UR II”. En el ingreso a la zona de ascensores desde la galería hay dos o tres cámaras, pero que la mayoría de los inquilinos aseguraba que funcionaban.

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Una mole sin vigilancia nocturna

La galería San Miguel está ubicada a mitad de cuadra sobre calle San Luis entre España y Presidente Roca. Es un edificio de siete plantas sobre una galería comercial segmentada en tres entre pisos con cinco locales comerciales cada uno, entre ellos un bar. Los tres primeros pisos son cocheras que tienen ingreso al interior del edificio sólo si se cuenta con la llave para abrir un portón de rejas que separa el estacionamiento del resto de la torre. En el 4º piso funciona un depósito y taller de indumentaria. El 5º y el 6º son exclusivamente para oficinas y hay unas 20 por piso. En el último peldaños, el 7º, funcionó hasta hace un par de años un call center. En el edificio no hay departamentos en los que residan vecinos.

Según los inquilinos esa torre con tres ascensores (uno fuera de servicio) no cuenta con vigilancia nocturna al menos desde el comienzo de la pandemia Covid 19. “Pagamos entre 6 y 8 mil pesos de gastos fijos y hoy nos enteramos que no tenemos portero o seguridad nocturna. Encima reclamas y la administración te enrostran que el problema es que hay mucho atraso en los gastos centrales. Es para prender fuego el edificio”, indicó una profesional víctima del robo.

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Según se pudo establecer alrededor de las 19 del jueves las oficinas fueron mermando su actividad hasta llegar a cero. “Esto cierra entre las 18 y las 19 y vuelve a arrancar a las 7 de la mañana. Entre las 22 o las 23 y hasta las 6 o 7 de la mañana no hay seguridad ni portero", explicó otro de los damnificados. “Este edificio funciona con dos turnos de portero: manaña y tarde”, agregó. Ese fue el tiempo que tuvieron los delincuentes para operar. “Esto no lo hicieron uno o dos ladrones de baja estopa. Acá trabajaron varios y con alguien que les fue marcando los lugares donde había dinero o cosas de valor”, indicó uno de los profesionales robados.

“Mirá, hace un año y medio o dos acá a la vuelta (inmediaciones de España y San Juan) detuvieron a dos tipos que tenían un manojo de llaves maestras de este edificio y una lista de que profesional ocupaba cada oficina. ¿Sabés que pasó con eso? Nada. Porque no habían robado nada”, explicó una de las abogadas asaltadas. En principio ninguna de las cajas fuertes violentadas fue sometida a soplete, como en el caso de una de las oficinas de Córdoba al 1300 hace un mes.

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Completada la faena los delincuentes bajaron hasta la galería y en uno de los entrepisos, frente a la zona de ascensores, abrieron una ventana ubicada casi al ras del piso e ingresaron al bar del subsuelo. No pudieron con su genio y se robaron los 500 pesos que había en cambio en la caja. Luego sacaron unas viandas que estaban preparadas y tomaron varias gaseosas. Eso fue lo último que se sabe de ellos. Desaparecieron.

¿Por dónde entraron? ¿Por dónde se fueron? Los inquilinos manejaban dos teorías. Una, que los ladrones entraron por el ingreso a las cocheras que tiene acceso electrónico con llave y que para los usuarios “demora mucho en cerrar”; la otra, es que llegaron por los techos y un patio interno del Colegio María Auxiliadora, que tiene su ingreso a la misma altura pero por calle San Juan y que desde uno de los techos lograron ingresar a las cocheras del edificio San Miguel. ¿Y de las cocheras al interior del edificio? ¿Tenían una llave maestra? Todas preguntas que son parte de la investigación que en principio recayó en la unidad fiscal de Flagrancia y que se estima pasará a Investigación y Juicio. Una investigación que recién está dando sus primeros pasos.

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