POLICIALES

El trasfondo de una disputa narco que se cobró la vida de una mujer inocente

En la audiencia imputativa a un joven que proveyó el arma homicida quedó al desnudo cómo y por qué mataron a Dora Quiroga en febrero de 2020.

Sábado 27 de Febrero de 2021

Dora Quiroga iba todas las noches a hacerlo compañía a una amiga jubilada que vive a más de seis cuadras de su casa. En el camino hacía las compras y al llegar le preparaba la cena. El 4 de febrero del año pasado quedó en medio de un tiroteo cuando pasaba frente a un pasillo de calle Manantiales al 3700, en la zona sudoeste de la ciudad. Un auto perseguía a una moto a raíz de una disputa narco y entre sus ocupantes se cruzaban balazos. Uno de esos proyectiles alcanzó a Dora en un pulmón y le causó la muerte. La pistola calibre 9 milímetros de la que partió ese disparo fue secuestrada en la casa de un joven que ahora quedó imputado como partícipe necesario de un crimen que, si bien erró en el blanco, fue cometido por encargo y bajo promesa de dinero.

Juan Ignacio V. es el segundo detenido por el asesinato de la mujer de 64 años. En marzo del año pasado había sido apresado Nicolás G., quien sufrió graves quemaduras al incendiar el Renault Clio en el que se desplazaban los atacantes y desde entonces está bajo prisión preventiva como uno de los tiradores. Continuando con la investigación, el martes se hicieron ocho allanamientos ligados al caso en domicilios de la villa de la Vía Honda y en Avellaneda al 4400 donde se encontró armamento.

El año pasado había sido secuestrada un arma semiautomática marca Bersa, registrada a nombre de un tío de Juan Ignacio V. Como el cotejo balístico arrojó que una vaina hallada en la escena del homicidio fue disparada por esa pistola, el fiscal Gastón Ávila acusó el jueves a Juan Ignacio V. como partícipe necesario de homicidio calificado por precio o promesa remuneratoria y por ser cometido con el concurso de dos o más personas además del intento de asesinato de los dos jóvenes que cirulaban en una moto y a los que iban dirigidos los disparos. El juez Gustavo Pérez de Urrechu le dictó la prisión preventiva por el plazo de ley.

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Para la acusación, Juan Ignacio V. fue quien prestó una “colaboración indispensable” al entregarles a Nicolás G. y al otro tirador el arma usada en el hecho para luego ocultarla. “Todo ello, con conocimiento del objeto para el cual la entregaba y sabiendo también que se ofrecía una promesa remuneratoria a cambio”, dice la acusación. El ataque se concretó el 4 de febrero de 2020 desde un Renault Clío que por entonces tenía pedido de secuestro.

“En medio de una cacería humana y sin importar el daño que podían ocasionar”, planteó el fiscal, el auto comenzó a perseguir una moto Honda Tornado negra en la que iban dos jóvenes en moto. La persecución arrancó en 27 de Febrero y Lima, donde hubo una primera tanda de disparos. En Manantiales y 24 de Septiembre hubo otra secuencia.

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Dora Ercilia Quiroga vivía en Río de Janeiro al 3300 y cuando caía el sol salía de su casa para ir a hacerle compañía durante la noche a una amiga jubilada en Manantiales y 24 de Septiembre. Jubilada, de 64 años, y madre de seis hijos, la mujer caminaba poco más de seis cuadras para llegar a destino y en el trayecto hacía las compras para después arribar a la casa de su amiga y prepararle la cena.

A las 21.15 de aquel día quedó en medio de la línea de fuego. Un disparo le ingresó por la espalda en la entrada a un pasillo donde los vecinos dijeron que funcionaba un punto de venta de drogas, en una cuadra donde los tiroteos entre bandas por el control territorial se habían convertido en parte del paisaje. Para entonces ya se habían registrado cuatro homicidios en un año.

La mujer quedó herida en la vereda. Una de sus hijas llegó a socorrerla y unos diez minutos más tarde notó que le habían robado porque le faltaban los aros, una cadenita, una pulsera, la billetera y 500 pesos. Poco después, a unas 35 cuadras, un auto similar al descripto por vecinos apareció incendiado en pasaje Asunción y Barra. El vehículo había sido robado días antes en el barrio República de la Sexta y tenía un balazo en el capó. El detenido como tirador y homicida de Dora fue apresado a los cuatro días en Avellaneda al 4400.

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Desde entonces se mencionó como un actor clave en la secuencia que llevó al crimen de Doa al narco de ese territorio Nelson “Pandu” Aguirre, quien trabajaba para “El viejo” Ariel Cantero, y que cumple condena por haber matado a Javier Barquilla en febrero de 2015 en Villa Banana. Un informe de inteligencia citado entre las evidencias del crimen de Dora Quiroga señala que “la zona estaría actualmente disputada por dos bandas narcos, una comandada por quien dice llamarse «Mono» y otra” liderada por el mismo Pandu desde la cárcel.

Fue justamente desde el entorno de Pandu de donde partió uno de los primeros testimonios en la causa. Una persona allegada a Aguirre se acercó a la Fiscalía para desmentir que Pandu tuviera relación con el ataque que le costó la vida a la mujer. Dijo que esa noche llegaron a su casa dos jóvenes, José “Muqueño” y Brandon “Cortongui” a bordo de una moto que había sido alcanzada por un disparo en el taque en una persecución y que el proyectil había partido desde un Renault Clio. “Inmediatamente los vecinos empezaron a decir que habían matado a una señora”, agregó.

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Según esa declaración, los atacantes eran el ya detenido Nicolás G. y otro muchacho al que le dicen “Inválido”, quien había ofrecido dinero por la cabeza de Muqueño porque cuatro años antes le había provocado los disparos que lo dejaron en silla de ruedas o, al menos, una discapacidad en las piernas.

“Quien habría disparado a Dora Quiroga sería un tal «Renguito», que a su vez trabaja para un muchacho de unos 27 años aproximadamente que anda en silla de ruedas. Que la bronca viene porque Muqueño hace unos años le había pegado un tiro”, dice otro de los testimonios citados entre las evidencias que sirvieron para imputar a Juan Ignacio V., hecho según el cual el instigador había ofrecido “600 mil pesos para quien mate a Muqueño y a Cortongui”.

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