Según contó su familia, el domingo 20 de junio Martín Fleita fue a casa de su madre, Matilde, en una moto prestada y para celebrar el Día del Padre. En esa casa de barrio Alvear dejó a sus hijas y se encaminó hacia el barrio Tío Rolo para devolver la moto a su compadre y luego empezar con él los festejos. Ya de noche, sobre las 22, el muchacho de 29 años fue detenido en Iriondo y Pasco donde, según dicen vecinos de esa zona, estaba por robar un auto cuando alguno llamó a la policía y terminó arrestado. Fue trasladado a la comisaría 32ª desde donde se informó a la fiscalía que ordenó su liberación. Cuando los policías fueron a buscarlo al calabozo lo encontraron “con bajas pulsaciones y con un broncoespasmo”.
Los partes policiales oficiales sostienen que “se le hizo RCP”. Murió alrededor de la 1. Sus familiares, que no pudieron ver el cuerpo cuando lo llevaron a la morgue judicial, están convencidos de que a Martín lo mataron. Se espera que su cuerpo explique sobre su muerte una vez que se conozcan los resultados de la autopsia efectuada según el protocolo de Minnesota que se aplica a casos en los que una persona muere en custodia de personal de fuerzas de seguridad.
Su madre Matilde, su hermano Brian, su padrastro Julio y toda la familia de Martín cuentan sobre él en el patio de una casa más que humilde de barrio Alvear donde las gallinas dan vueltas por ese patio, al igual que las pequeñas sobrinas que Martín adoraba.
Ese domingo Martín estaba feliz, iba a festejar parte del día del padre con su compadre, Juan Pérez, y luego volvería a la casa de su madre. Tenía antecedentes delictivos y había purgado una condena de ocho años y medio por hechos de robo. Su padrastro Julio señala que “a veces fumaba faso” mientras reivindica sus intenciones de cambiar de hábitos. “Una vez libre quiso salir de la mala vida y lo había hecho. No se juntaba con nadie de la cárcel ni con gente que roba. Quería cambiar y trabajaba como cartonero conmigo y con su otro hermano”.
Matilde quiere saber cómo murió su hijo.
“Con el cartón se hacen más o menos entre 700 y 900 pesos por día, si pagan el kilo entre 16 y 17 pesos. Si te lo proponés no tenés por qué andar en la mala vida. Yo vi cómo cambió y una vez me dijo: «Viejo, no quiero robar»”, resume Julio, mientras no puede sacarse de la cabeza una pregunta persistente: “Si él iba para Tío Rolo, ¿cómo terminó en Pasco e Iriondo, donde dicen que lo detuvieron?”.
Sin problemas
Martín tenía cinco hijos de 10, 8 y 6 años con su primer pareja, Ana, y dos niños de 3 y 1 año con su última pareja. Pese a estar separados, Ana lo veía todos los días “por los hijos en común y porque era mi amigo”.
“Cuando no volvía a la casa —dijo la mujer— y caía preso, porque a veces se lo llevaban por pavadas, la policía siempre nos avisaba. El era un hombre tranquilo así que nunca tenía problemas graves. Cuando lo encaraba la policía por algo él siempre respetaba a la policía. Era un padre muy bueno y en el barrio lo querían; siempre colaboraba con los vecinos y hasta en un comedor. Para trabajar se arremangaba y hacía una changa: cortaba un árbol, arreglaba una vereda, todo lo necesario para tener algo de plata además del cirujeo”.
Sus amigos y familiares coinciden en que “estaba cansado” de haber estado preso. Un hombre con casi nueve años de prisión por el cuerpo tiene heridas y estigmas. Y algunos secretos que a nadie cuenta y son su lado más triste. “No nos dijo nunca que lo habían amenazado y tampoco tenía problemas con la policía”, afirma su familia con la certeza de que Martín “era un hombre sano y de buena salud. El tiempo que estuvo preso no se enfermó ni tuvo nada grave”.
El domingo 20 de junio fue un purgatorio para la familia de Martín, lo esperaron y no llegó. “Fuimos a la seccional 32ª, después a la 19ª, tuvimos datos de que estaba en la Alcaidía. No aparecía. En la 32ª un policía nos dijo que esa seccional no funcionaba más y que había solamente un sereno pero resulta que cuando volvimos ya tarde y de noche una policía nos dijo que, si queríamos saber algo, teníamos que ir a la morgue, fue muy cruel”, recordó Julio.
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La moto en la que se movió Martín ese domingo, que era de su compadre, no fue encontrada aunque “la buscamos mucho”, dijo Matilde. “Primero nos dijeron que a él lo capturó la motorizada y después que no, que fue el Comando. Después nos dijeron que quería entrar a una casa y después que quería robar un auto; él no robaba, sufrió mucho en la cárcel sin poder ver a sus hijos”.
Iriondo y Pasco
Para seguir el derrotero de Fleita en el último día de su vida hay que llegar hasta Iriondo y Pasco. Un vecino contó a La Capital que “parece que el muchacho quiso abrir la puerta de un auto y alguien llamó a la policía, vinieron en moto y el hombre se puso loco y le pegó a un policía. Eso dicen en el barrio y no sé si lo registró alguna cámara, por acá no hay”, contó un vecino a este diario.
Otra versión al respecto también llegó a la familia. “Parece que quiso robar algo y una gente del barrio le pegó, los justicieros de ahí, pero no sabemos mucho”, la familia flota entre dudas y versiones encontradas.
En ese marco fuentes allegadas al caso revelaron que alrededor de las 21 de ese domingo Fleita ingresó al Policlínico San Martín y lo atendieron en la guardia. Le diagnosticaron golpes en el cráneo y recomendaron a los policías que lo llevaron que presentaba “pautas de alarma” y debían monitorearlo. Hasta ese momento Fleita no estaba identificado por su nombre, ya que había entregado el DNI de su compadre Juan Pérez tal vez para evitar que saltara su pasado de preso. Si bien fue arrestado en jurisdicción de la seccional 13ª por cuestiones administrativas lo llevaron a la seccional 32ª, que en la actualidad funciona como punto de ingreso.
Cuando la fiscal en turno Mariángeles Lagar fue informada sobre la detención ordenó, pasadas las 23 de ese mismo domingo, que Fleita fuera liberado con formación de causa. Pero cuando los policías fueron a la celda para anunciarle que ya se podía ir lo encontraron desmayado y con pulsaciones bajas. Creyeron entonces que el mismo estado alcohólico, que aseguran que presentaba al momento de ser detenido, lo había mantenido desmayado. Intentaron maniobras cardiorrespiratorias y llamaron al Sies, que constató su muerte pasadas la 1 del lunes.
Lo que Martín vio en sus últimas horas es similar a lo que vio durante casi nueve años de cárcel. Percibió el olor a agua podrida de las zanjas que rodean a la seccional 32ª, vio la celda y de seguro se desorientó; estaba evidentemente golpeado, y allí murió.
La causa está en manos de la fiscal de Homicidios Culposos Mariel Oliva quien ordenó que se secuestraran los libros de guardia y se abocó a trabajar, por el momento, en los hechos anteriores que provocaron su detención. La autopsia se realizara por el protocolo de Minnesota y si bien pueden presenciarla peritos de parte al cierre de esta edición no se había informado al respecto. Lo que se espera que es que a partir del informe se puedan obtener datos necesarios para esclarecer la muerte de Fleita en la comisaría 32ª.