En tan sólo media hora, tres hombres armados y a cara descubierta jaquearon la
idea de seguridad garantizada dentro de un barrio cerrado con vigilancia privada. Sucedió ayer por
la mañana en un country de Jorge Newbery y Alvarez Condarco, al noroeste de Fisherton residencial.
Los delincuentes ingresaron a una vivienda del predio exclusivo sin forzar ingresos y redujeron a
tres integrantes de una familia y a su empleada doméstica.
Robaron unos 5 mil pesos en efectivo, joyas por un monto indeterminado y una
pistola Glock calibre 40, que tiene un precio aproximado de 1.500 dólares. Huyeron en el auto de la
familia —un Peugeot 206 negro con vidrios polarizados— y salieron por uno de los
portones de acceso al barrio. El vehículo apareció a las pocas cuadras.
Asentados sobre la avenida Jorge Newbery se levantan varios condominios cerrados
con seguridad privada. Uno de ellos es el country Del Lago Aldea, un rectángulo delimitado por
Newbery, Schweitzer, Alvarez Condarco y Bello. Un rectángulo de tierra de unas 7 cuadras por 6, con
cerco perimetral de más de dos metros, donde habitan unas 15 familias y hay en construcción un
número similar de viviendas. Todas comunicadas por un entramado de calles interiores que bordean un
lago. Al barrio se accede por dos puertas: una por Alvarez Condarco y otra por Newbery. Y tiene
seguridad interna y externa, con un vigilante de a caballo.
El acceso. La vivienda vulnerada ayer está ubicada a más de 250 metros de la
puerta ubicada sobre Newbery. A las 7 de la mañana había allí cuatro personas: un matrimonio de
unos 55 años, su hijo de 30 y una empleada doméstica de 22. "Ninguna de las víctimas puede explicar
cómo ingresaron los ladrones a la casa y al predio. En la vivienda no hay puertas forzadas y los
maleantes fueron dominando a las víctimas a medida que se iban levantando", relató una fuente del
sumario.
El primero en ser reducido fue el hijo del matrimonio, al que sorprendieron
cerca de las 7.15 cuando se levantó para ir al baño. Lo redujeron y lo maniataron. Luego fue el
turno de la empleada doméstica, que al toparse con los ladrones gritó. Eso sacó de la cama a
Guillermo, el jefe de familia, quien se levantó. Entonces las cuatro víctimas cayeron en mano de
los malhechores. "Siempre le pedían «la plata». No especificaron montos", explicó la fuente.
Los ladrones se adueñaron por unos 30 minutos de la vivienda. Buscaron dinero y
joyas. Y cuando se aseguraron un botín interesante, incluyendo la Glock calibre 40, se
marcharon.
Hacia la calle. Los ladrones se subieron al Peugeot 206 negro con vidrios
polarizados de la familia y encararon hacia el portón que da a Jorge Newbery. "El auto de las
víctimas tiene un abollón en el costado derecho. Al llegar al portón, el empleado de seguridad les
abría a albañiles de una de las casas en construcción. Los delincuentes encararon la puerta,
saludaron y tomaron por Newbery", relató la fuente. El vigilador no se enteró de nada hasta que un
par de minutos más tarde Guillermo, el dueño de la casa asaltada, llegó al retén de control a
contar lo que le había pasado. "¿No vio mi auto? Me robaron", le dijo.
El 206 negro apareció a los pocos minutos abandonado a unas diez cuadras del
country, en Donado y Newbery. Un llamado anónimo de un vecino alertó al Comando Radioeléctrico y
varios móviles llegaron.
Paso en falso. Así fue que a oído de los pesquisas llegó la versión de un
parroquiano que relató que después de quedar abandonado el 206 negro, un muchacho le mostró unas
llaves y lo consultó si el auto era suyo. El vecino le dijo que no y el pibe se fue. Minutos más
tarde, por el lugar donde la policía trabajaba, apareció un Fiat Uno color crema con vidrios
polarizados y cuatro hombres en su interior.
Por sospechoso los empleados policiales detuvieron el auto y sus ocupantes
fueron demoradosos. Luego quedó claro que ninguno tenía vinculación con el hecho.