Policiales

Dictan prisión perpetua al asesino de dos hermanos

Javier Pino mató a tiros a Javier y Agustina Ponisio en su casa de Castro Barros al 5500.

Sábado 11 de Noviembre de 2017

Javier Hernán Pino fue condenado a prisión perpetua por el asesinato de los hermanos Javier y Agustina Ponisio, baleados en su casa de Castro Barros al 5500 el 16 de octubre de 2015. Es la segunda vez en seis meses que el acusado, de 28 años, recibe la máxima pena. En mayo, un tribunal de Salta lo condenó también a perpetua por el crimen del playero de una estación de servicios de la población de El Galpón, baleado en un robo tres meses antes del doble crimen de Rosario. Pino consintió su segunda condena en el marco de un juicio abreviado que se celebró ayer en los Tribunales locales.

El joven, con secundario incompleto y registrado como técnico electrónico en su prontuario, aceptó la pena bajo la misma acusación que le había impuesto desde el inicio el fiscal Florentino Malaponte. Lo condenaron como autor de dos homicidios críminis causa (matar para encubrir otro delito) y agravado por el uso de arma de fuego, robo calificado y portación de arma de fuego.

Es decir que Pino acató una condena sin las rebajas o concesiones que suelen otorgarse en los abreviados, modalidad de juicio que permite llegar a una sentencia sin transitar un debate oral y público. Es que una condena a perpetua ya pesaba sobre sus hombros, la prueba en su contra era decisiva en este caso y aún espera definiciones judiciales por dos crímenes en Buenos Aires.

El juicio abreviado fue propuesto por el fiscal Florentino Malaponte, admitido por el propio Pino y la defensora pública Nancy Zully y homologado por los jueces Gonzalo López Quintana, Juan Andrés Donnola y Patricia Bilotta, quienes dictaron la condena con fundamentos expuestos en el momento. Si bien no asistieron a la sala, los familiares de las víctimas fueron notificados del abreviado y también lo aceptaron.

A partir de ahora Pino queda a disposición de las causas que tiene pendientes en Buenos Aires y recién cuando se dicte la última sentencia se definirá el lugar donde cumpla sus penas que, por tratarse de delitos críminis causa, no tendrán el beneficio de la libertad condicional.

Un conocido traidor

En octubre de 2015 los hermanos Javier y Agustina Ponisio fueron asesinados en su casa de zona sur con una pistola calibre 9 milímetros con silenciador. Los hermanos vivían con sus padres adoptivos en una casa de Castro Barros al 5500, en el barrio Roque Sáenz Peña. Pino tenía cierta amistad con Agustina a partir del noviazgo que había mantenido con una amiga de ella.

El joven se ganó la confianza de la familia hasta que a las 8.30 del 16 de octubre de ese año entró a la casa con un arma. Sabía que la madre de los jóvenes, Mónica Pesce, una fonoaudióloga ligada al Grupo Médico Oroño, estaba en el gimnasio; mientras que el padre, Guillermo, había viajado a Ushuaia por cuestiones laborales. Entonces fue recibido por los hermanos.

Una vez adentro mató a Javier, de 25 años, quien manejaba un negocio familiar de venta de quesos gourmet, al que le descerrajó tres tiros en el descanso de una escalera. Luego le disparó dos veces en la cabeza a Agustina, de 28, quien tomaba mates antes de partir a su trabajo como administrativa en el Sanatorio de Niños. A las 8.40 el asesino subió a su Fiat Siena estacionado en la puerta y se fue llevándose dinero, una tablet, una notebook, electrónicos y joyas, entre ellas una cadenita de oro con el nombre Agustina que fue reconocida por los padres de la joven entre los objetos que le secuestraron a Pino al ser detenido.

Registrado en el auto

El auto de Pino quedó registrado por varias cámaras de seguridad cuando huyó de la casa. Cuando efectivos de la Policía de Investigaciones (PDI) y el fiscal les mostraron las imágenes a los padres de los hermanos Ponisio, éstos dijeron: "Es de Hernán, un amigo de mi hija". Así la investigación se orientó a Pino. Y cuando desde Rosario se habían intervenido sus teléfonos, la pesquisa de Malaponte se cruzó con la investigación del fiscal salteño que investigaba el crimen cometido allí.

"En Rosario entré a la casa, le robé 25 mil pesos al pibe y lo maté. Después me encargué de la piba". Eso dijo Pino a los policías que lo detuvieron el 21 de octubre de 2015 en la ciudad de Frías, en Santiago del Estero. Se advirtió entonces que tenía registrados ocho domicilios en Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba, Santiago del Estero y Salta. Aunque la mayor parte de su vida nómade la pasaba arriba de su Fiat Siena.

Un arma, cinco muertes

Tres meses antes del doble crimen, cuando llegó junto a su padre a instalarse unos meses en la localidad salteña de El Galpón, Pino mató al playero Ariel Fernando Ríos en una estación de servicios de la que se llevó 70 mil pesos. En mayo pasado un tribunal de Metán lo condenó por unanimidad a prisión perpetua como autor de aquel homicidio ocurrido el 13 de julio de 2015.

Antes de que los jueces dieran su veredicto, Pino pidió perdón a los familiares de Ríos, al pueblo de El Galpón y rompió en llanto. Dijo que mató al playero por accidente y que entró a robar para conseguir dinero para pagar a los abogados de su padre, detenido en Santiago del Estero por robar una financiera.

Además, Pino está acusado de haber asesinado antes a otras dos personas. La primera víctima fue Ni Qi Fu, un comerciante chino de 40 años baleado el 16 de febrero de 2015 en su supermercado de Matheu 29, en Capital Federal. En tanto, el 14 de abril del mismo año los vecinos de Tucumán al 1500, frente a la comisaría 3ª de la ciudad de Buenos Aires, alertaron a la policía sobre el olor nauseabundo que salía de un departamento de planta baja. Allí encontraron el cadáver de Claudia Marcela Sosa, de 32 años. La escena del crimen fue similar al de Agustina Ponisio: la mujer estaba sentada con la cabeza apoyada sobre la mesa de la cocina y un mate a medio cebar. Tenía un disparo en la nuca con salida por el ojo izquierdo. Los peritos recogieron una vaina calibre 9 milímetros.

En la escena del crimen de los hermanos Ponisio quedaron vainas servidas del arma utilizada por Javier Pino y que el hombre tenía registrada a su nombre. El fiscal Malaponte envió al Sistema Nacional Automatizado de Identificación Balística (SAIB) esas vainas, las que fueron cotejadas con las levantadas en los escenarios de los asesinatos de Ni Qi Fu, Claudia Sosa y el playero Ríos. Todos los crímenes habían sido cometidos con el mismo arma. Un elemento que puso a Pino entre la espada y la pared.

La Defensa Pública argumentó su posición en el juicio abreviado

La Defensa Pública Penal explicó en un comunicado por qué Hernán Pinto avaló un acuerdo abreviado con pena de prisión perpetua. Desde la entidad oficial se indicó que el caso se sometió a "los más estrictos controles para satisfacer una defensa técnica efectiva" y que se firmó el acuerdo a partir de "la voluntad expresa del defendido de asumir la condena que se le impone sin transitar el correspondiente juicio oral y público".

   La decisión tomada por Pino "estuvo precedida por una adecuada información (brindada a el acusado) y el consejo legal. En cumplimiento de estándares se llevó a cabo un riguroso análisis de la suficiencia de la prueba, del derecho aplicable y se respetó la voluntad del defendido".

   Según se indicó, se tuvo en cuenta que las pruebas fueran obtenidas de manera válida y "no hubo duda alguna de que los hechos juzgados encuadran en el tipo penal de homicidio críminis causa, en concurso real con robo calificado por el uso de arma de fuego y portación de arma de guerra". Además, se consideró que el joven ya contaba con una pena a prisión perpetua dictada en Salta.

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