La prolongada historia de misterio y dolor que involucra a Alejandro Flores
entrega un nuevo capítulo. Ale, tal como lo llamaban, tenía 5 años cuando desapareció en marzo de
1991. Desde entonces, sus familiares y algunos testigos dijeron que había muerto atropellado por un
patrullero del Comando Radioeléctrico de Río Cuarto. Pero no se supo de su destino hasta hace cinco
días, cuando una pericia de ADN confirmó que eran suyos los restos óseos aparecidos en un
descampado de esa ciudad. Ahora, tras la confirmación judicial de que el esqueleto hallado
pertenece al nene, tanto la familia del chico como los investigadores se preguntan sí, a raíz del
tiempo transcurrido, los responsables de su muerte podrán ser llevados a juicio en caso de ser
indentificados.
Un fuerte golpe en el tórax, registrado en la pericia
forense, revela ser la traumática causa de muerte. En ese orden, uno de los abogados que
intervienen en el caso sostuvo que el delito en el que estarían involucrados los implicados en el
suceso puede no haber prescripto. Para soste ner su posición, Enrique Zabala —quien patrocina
a la madre de Alejandro— mencionó que en la jurisprudencia penal estabalece una categoría
conocida como delito permanente. "Es un encuadre que se aplica en los casos de privación ilegítima
de la libertad, la ejecución del delito es continuada en el tiempo y determina que la persecución
penal se prolonga en el tiempo", por lo que, en su enfoque, podría aplicarse a los autores de la
muerte del menor.
Delitos que no cesan. Para graficar el caso, Zabala dijo que "si a una persona la
secuestran y aparece ocho años después, el tiempo de la prescripción comenzará a correr a partir
del momento en que cesó el cautiverio". A su vez, el abogado señaló que la causa por la
desaparición de Ale podría caratularse como "retención y ocultamiento de menor seguido de
muerte".
Desde la otra vereda, Carlos Hairabedian (defensor de uno
de los policías implicados en el episodio) dijo que "si hubiese existido el hecho tal cual lo
denuncian los familiares del menor muerto, judicialmente ya estaría prescripto" y no se podrá
enjuiciar a los supuestos autores.
El análisis de ADN hecho al esqueleto hallado en el
descampado riocuartense se hizo por expresa indicación del fiscal de Instrucción Javier Di Santo,
el mismo que impulsa la investigación por el asesinato de Nora Dalmasso. El estudio confirmó que
los huesos encontrados por un vecino en el barrio Calasanz de Río Cuarto pertenecen a Alejandro. La
pericia la hizo el Ceprocor, el mismo laboratorio que examinó las muestras biológicas del cuerpo de
Nora Dalmasso, asesinada en Río Cuarto el 25 de noviembre de 2006.
Los padres del chico, Rosa Arias y Víctor Flores,
sostuvieron a lo largo de su pesada agonía que la tragedia ocurrió durante una tormenta que se
desató la tarde del 16 de marzo de 1991, cuando el nene jugaba en la calle, se asustó y corrió
rumbo a su casa del barrio San Antonio de Padua. En esas circunstancias, dicen, fue embestido por
un móvil policial cuyos ocupantes, al comprobar la muerte del niño, ocultaron su cuerpo en el
predio donde finalmente fue hallado.
El obstáculo. Por su parte, el abogado que representa al padre del chico, Julián
Oberti, aceptó que "la cuestión de la prescripción es algo que está rondando la causa, pero estamos
evaluando si hay alguna posibilidad de saltear este obstáculo". Agregó que es una causa muy
compleja, en la que "hay una cadena de complicidades ya que están involucrados efectivos del
Comando Radioeléctrico, que es un grupo de elite en la fuerza policial".
A su vez, Flores denunció que "los que lo atropellaron (a
Alejandro) son los policías Mario Gaumet, Gustavo Funes y Jorge Avila". Y recordó que el mismo tuvo
la oportunidad de hablar con cada uno de ellos: "Les dí miles de formas para que me dijeran dónde
estaba el cuerpo, pero no pasó nada. Me gustaría que pidieran perdón, que dieran la cara, que digan
que se equivocaron. Con eso me bastaría. Creo que tiene que haber una condena social y creo en la
justicia de Dios".
Ayer, en diálogo con La Capital, Flores se mostró
convencido de la responsabilidad de los uniformados en la muerte de su hijo. "Al día siguiente que
Alejandro desapareció nos enteramos de que lo habían matado los policías", aseguró. Y sostuvo que
esa versión la brindó un uniformado en los tribunales de Río Cuarto.
El hombre indicó que no desecha la posibilidad de denunciar
al primer fiscal que intervino en el caso —Luis Cerioni— e indicó que está convencido
de que hubo una cadena de complicidades y amenazas. Al respecto, sostuvo que quienes atropellaron
al nene fueron encubiertos por más de 15 personas, entre los que mencionó al entonces jefe de la
Departamental policial de Río Cuarto, José Tobares.
Flores recordó el suceso en el que fue atropellado Alejandro. Dijo que los
policías involucrados "habrían compartido un asado y al salir de la sede del Comando
Radioeléctrico, en medio de una tormenta, embistieron al nene con el móvil Halcón 5, cuyos
registros presentarían irregularidades". Y cuestionó que, por no admitir el accidente, esos
policías lo privaron de la atención médica adecuada que podría haberle salvado la vida.