Adolfo Godoy debería haber efectuado un movimiento imposible con la mano derecha
para realizarse él mismo los tres disparos que le dieron muerte el 3 de agosto de 2003. Es que uno
de esos tiros le ingresó por la parte posterior de la axila izquierda, algo difícil de hacer debido
a lo robusto de su cuerpo. Así lo indicaron las pericias realizadas en la investigación por el
crimen del chofer que sirvieron, entre otras pruebas, para que la Cámara Penal confirme la condena
a 12 años de prisión para María del Carmen Rómbola, quien era su esposa y siempre sostuvo que el
transportista resultó fatalmente herido mientras forcejeaban en una pelea. Y también la de 3 años
en suspenso aplicada a un cómplice que la ayudó a trozar el cadáver y enterrarlo.
El crimen imputado a Rómbola no sólo fue resonante por las
maniobras posteriores para ocultar el cadáver, que fue aserrado en 19 partes, ocultado en un tacho
con cal y enterrado en una huerta comunitaria. También ganó repercusión al integrar uno de los
capítulos de la serie de televisión Mujeres Asesinas. Ahora su condena fue confirmada: tres jueces
de la Cámara Penal mantuvieron la pena que le habían impuesto por homicidio agravado.
Además, resolvieron que permanezca en suspenso la condena a
3 años de cárcel impuesta a Andrés Daniel Picotto, de 46 años, quien desmembró y enterró el cuerpo,
porque no reincidió desde que está en libertad bajo fianza. Lo acusaron de encubrimiento y no
recibió ningún reproche adicional por haber mutilado el cadáver. Es que trozar un cuerpo muerto no
es delito.
Contorsión imposible. Rómbola y Picotto habían sido condenados en noviembre de
2006 por el juez Luis Giraudo. Sus defensores apelaron ante la Sala IV de la Cámara Penal, donde el
abogado de la mujer pidió que la absolvieran por haber actuado con exceso en la legítima
defensa.
María del Carmen Rómbola declaró que los tres tiros que
hirieron de muerte a Godoy se dispararon durante un forcejeo en la casa de Funes donde vivían. Dijo
que en medio de una violenta pelea Adolfo la intimidó con un cuchillo en una mano y un revólver en
la otra, hasta que ella le apretó con fuerza las muñecas y logró que soltara el cuchillo. Luego lo
tomó de la mano que sostenía el arma y se produjeron los disparos.
Esa teoría no fue compartida por los camaristas:
concluyeron que no hubo forcejeos sino disparos directos. Y que, según las pericias, es imposible
que Godoy lograra dispararse a sí mismo el tiro que ingresó por el borde posterior de su axila
izquierda. Los otros dos balazos, de ser cierta la versión de la mujer, hubieran requerido un
"pronunciado quiebre de muñeca". Lo que no se compadece con las tres detonaciones seguidas que ese
día escuchó un vecino de la pareja, luego de oír a Godoy implorar: "Soy tu marido, no me podés
hacer esto".
Según los jueces Rubén Jukic, Guillermo Fierro y Antonio
Paolicelli, si se trató de una reacción defensiva tampoco se explican las retorcidas maniobras para
ocultar el cuerpo que luego emprendió Rómbola en compañía de Picotto. La mujer, una gestora de 48
años, contó que su amigo trozó el cadáver con una amoladora y colocó los restos en un tambor con
cal. Días después ella se presentó como empleada municipal en una huerta comunitaria de Monteflores
al 7200 y entregó los materiales para construir un horno para hacer pan.
Bajo tierra. Los beneficiarios de planes sociales que trabajaban en el centro
comunitario comenzaron a cavar un pozo de dos metros. Al día siguiente Picotto enterró los restos
de Godoy en esa fosa mientras simulaba trabajar en la obra. Los sepultó bajo una placa de cemento
para "evitar el paso de humedad". Y tenía previsto sellar la macabra historia bajo una segunda
carpeta de material.
Pero el crimen fue delatado por un llamado anónimo a la
policía y seis días después del hecho Rómbola fue detenida cuando salía de su casa de Funes junto a
Picotto. Confesó que había matado a su marido y se encontraron restos de sangre y cal en el baúl de
su auto. La autopsia, practicada a los pedazos en que fue reducido el cuerpo de 120 kilos de Godoy,
detectó dos balazos en el tórax y otro, letal, al corazón.
Con las condenas firmes, el electricista deberá resarcir en
30 mil pesos por daño moral a la familia de la víctima. En tanto que Rómbola deberá desembolsar 55
mil pesos de indemnización. l