Los dos policías llegaron a Rosario tras los pasos de Walter Taborda porque lo
tenían bajo sospecha de haber participado en una serie de robos en localidades cercanas. El
presunto autor de esos delitos figuraba en los archivos como prófugo ya que tenía un pedido de
captura por haberse marchado de la cárcel de Riccheri y Zeballos con un pedido de salidas
transitoria y no regresó jamás. Cuando finalmente lo encontraron, Taborda ingresaba con su auto a
una estación de servicios de avenida Presidente Perón y Matienzo. Iba acompañado por su pareja y su
hijo Milton, de 14 años. Los agentes tenían todas las facultades legales para detenerlo y ponerlo a
disposición de la Justicia. Pero, al entrar en acción, se excedieron y uno de ellos terminó matando
de un balazo en la espalda al adolescente, a quien unos minutos antes su papá lo había pasado a
buscar por la escuela.
A esa conclusión llegó el juez de Sentencia Nº 8, Carlos Carbone, quien condenó
al oficial Guillermo Germán Paz a 11 años de prisión de cumplimiento efectivo como autor de
homicidio agravado por el uso de arma de fuego. En el fallo también se estableció que deberá pagar,
junto con el Estado provincial, una indemnización a la mamá del nene de 115 mil pesos.
La resolución no está firme porque fue apelada por la defensa del policía, que
había argumentado que la muerte del menor había sido accidental. Por ese hecho también estuvo bajo
investigación el compañero de Paz, quien fue sobreseído en la etapa de instrucción tras
establecerse que la bala que mató al menor había salido del arma del condenado.
"Lo que se trae a discusión es la medida de la fuerza que es legítima emplear
para lograr un propósito. Un policía está cumpliendo con su deber cuando persigue a un sujeto
buscado por la justicia e intenta aprehenderlo, pero no cuando dispara su arma contra el mismo y lo
mata. Y lo que se le está reprochando a Paz y antes a su compañero, no es haber perseguido a
Taborda, intentando arrestarlo, sino pura y exclusivamente el haber disparado su arma contra el
rodado en que huía, sabiendo que había personas en su interior”, sostuvo el juez en los
argumentos del fallo.
Sin agresión previa. El magistrado dio por probado que Taborda no atacó a los
policías cuando intentó escapar y hasta puso en duda la versión de Paz en cuanto a que el
sospechoso buscado tenía un revólver. También desestimó el planteo de la defensa en el sentido de
que el disparo que mató al chico haya sido efectuado como para disuadir y no para agredir. La
trayectoria que tuvo la bala hasta que dio en el cuerpo del adolescente demuestra que el policía
tiró hacia un lugar del auto donde había gente.
El episodio por el que fue condenado Paz sucedió el 5 de diciembre de 2007. El
policía en aquella época pertenecía al plantel de la seccional 23ª de Funes. Junto con un compañero
rastreaban en esta ciudad a Walter Taborda, a quien sindicaban como autor de varios robos en esa
localidad y en Puerto San Martín. Los agentes tenían información de que un auto mencionado por las
víctimas de los atracos aparecía registrado a nombre de la concubina de Taborda. También sabían que
el hombre gozaba de un régimen de salidas transitorias en la Unidad de Detención 3 y que un día
salió y no volvió más. Su condición de prófugo contribuyó para situarlo como sospechoso.
Cruce fatal. De acuerdo al fallo, los policías tenían el dato de la marca, el
modelo y la patente del vehículo. Esa mañana de diciembre, mientras recorrían la jurisdicción de la
seccional 19ª, se cruzaron con Taborda quien manejaba un Renault 12 color verde como el que
figuraba en las actuaciones.
En el expediente, Taborda y su mujer contaron que ese día, a las 9, es
decir pocos minutos antes del crimen, habían pasado a buscar a Milton por la puerta de la escuela
Ceferino Namuncurá, donde el chico estudiaba. “De allí fuimos a la estación de servicios de
Godoy (Presidente Perón) y Matienzo para carga nafta”, declaró la pareja.
Cuando el coche se detuvo sobre la playa, llegaron Paz y su compañero en un Ford
Fiesta color gris de uso particular y les cerraron el paso. Los policías, vestidos de civil,
avanzaron hacia Taborda. Todo terminó mal cuando éste, quien conocía a Paz porque vivía a dos
cuadras de su casa, puso en marcha el auto presuntamente para escapar. Entonces, los policías
abrieron fuego con sus armas reglamentarias sobre el vehículo. Los testigos contaron que se
escucharon dos balazos. Uno de los proyeciles ingresó por el baúl del R 12, atravesó el asiento y
le dio a Milton en la espalda.
Taborda manejó hasta la estación de servicios de Perón y Rouillón. Allí dejó a
su mujer y al chico herido y siguió la fuga. Miltón murió a los pocos minutos y su padre permaneció
escondido varios días hasta que se entregó. Los policías comunicaron lo ocurrido a su superior y
luego se presentaron en la División Judiciales.