El asesinato de las hermanas Belén y Milagros Rodríguez, que tenían 18 y 21 años respectivamente y fueron victimas de los tiros la noche del 4 de febrero, muestra una vez más la complejidad de la violencia en Rosario. Un problema que alcanza niveles inesperados y atraviesa a familias que suelen ser ajenas a los trasfondos que existen detrás de las balaceras. En este caso quedaron en medio de un ataque ocurrido en el barrio Las Palmeras, hecho en el que además hubo otros dos heridos. En la vivienda lindera frente a la cual estaban las víctimas, donde según vecinos se venden drogas, en 2022 había sido asesinada una mujer, madre de un preso acusado por homicidios. Y ese parece ser el contexto del crimen por error de dos chicas que participaban de la organización Polo Obrero, desde donde sus dirigentes analizaron la situación que se vive en la periferia de la ciudad.
El viernes 3 de febrero Belén y Milagros esperaron a su madre en la casa familiar del barrio Santa Lucía, donde vivían además con un hermano menor. La mujer les llevó comida que había preparado ella misma en el comedor del Polo Obrero, y después de pasar un rato juntas las chicas se fueron a visitar a su padre al barrio Las Palmeras, lindero al cual ellas viven. Ahí pasaron las últimas horas del día hasta que, llegada la medianoche se encontraron con otras personas y se sentaron en la puerta de la casa ubicada en Misiones al 2100.
En eso estaban cuando llegó un auto negro con vidrios polarizados desde el cual al menos una persona bajó la ventanilla, asomó un arma y comenzó a disparar. La ráfaga de balazos pudo matar a cualquiera, pero hirió de gravedad a Belén Sofía Rodríguez, de 18 años, quien murió camino al Policlínico San Martín adonde la llevaban en un auto particular. Su hermana Milagros, de 21 años, ingresó al Hospital de Emergencias con una herida en la espalda y otra en una pierna, luchó por su vida poco más de un día y falleció al atardecer del domingo 5. Otros dos jóvenes, de 22 y 25 años, también quedaron internados pero fuera de peligro.
Contexto
Cuando en agosto de 2022 Catalina Aquino fue asesinada en su casa de Misiones al 2100, una finca lindera frente a la que mataron a las hermanas Rodríguez la semana pasada, lo que trascendió fue que había sido un mensaje dirigido al hijo de la víctima, que tenía 63 años. Se trata de Fabio Giménez, un hombre que está preso en la cárcel de Coronda cumpliendo condena por robos y acusado de instigar homicidios. Para la Justicia trabaja por su cuenta y está sospechado de, mediante sus influencias en la calle, haber mandado a matar a personas vinculadas tanto a Esteban Lindor Alvarado como a la banda de Los Monos.
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Uno de esos crímenes fue el de Nicolás "Fino" Ocampo, integrante de la banda de Esteban Alvarado, ocurrido en abril de 2021. Otro es el de Verónica Natalia Almada, una mujer de 38 años baleada por error frente a su casa de Urquiza al 6000 en febrero de 2022. La mujer era hermana de Jonatan Almada, considerado por la justicia como una pieza clave de una franquicia de Los Monos con peso en el barrio Ludueña. Según distintas investigaciones era Jonatan el blanco de aquel ataque que le costó la vida a su hermana.
En los barrios vecinos Santa Lucía y Las Palmeras los Giménez mantienen una disputa desde hace años con gente que responde a los intereses del recluso Claudio "Morocho" Mansilla. A su vez en el mismo territorio hay otra banda que busca ganar poder: es la de Juan Pablo Caminos, hombre de confianza de Máximo Ariel "Guille" Cantero y con llegada también a la barra brava de Newell's.
Tras el crimen de las hermanas los investigadores buscaron establecer si las víctimas tenían relación con Giménez y Aquino. Por el momento solo saben que la vivienda que alquila el padre de las chicas pertenece a esa familia, pero parece estar descartado que exista cualquier tipo de vínculo entre ellos.
El barrio como "gueto"
Con todo ese trasfondo, el crimen de las hermanas Rodríguez es una demostración del peligro que implica vivir en lugares de la ciudad que son territorios de disputa de las bandas narco. Más precisamente vivir al lado de un punto de venta de drogas: como si fuera una bomba de tiempo alrededor de la cual, mientras no estalla, se desenvuelve la vida cotidiana. En este caso un grupo de personas que pasó el rato en la vereda hasta quedar en medio de una balacera que costó dos vidas, sobre las cuales sus allegados después buscarán explicar que las víctimas no siempre están ligadas a ese trasfondo narco.
En ese contexto las dirigentes del Polo Obrero y del Partido Obrero, Melisa Molina y Carla Deiana, contaron a La Capital que las hermanas participaban de las actividades de la organización. En las redes sociales compartieron fotos de las dos chicas participando de las movilizaciones del 8 de marzo por el Día de la Mujer.
La madre de Belén y Milagros también es una militante activa, siendo una de las personas que está a cargo de la cocina en uno de los comedores comunitarios del Polo Obrero. Se trata de una familia humilde cuyo sostén económico está en el programa Potenciar Trabajo de la mujer y de las changas que hace el padre de las chicas.
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"Ellas eran muy unidas, en el seno de una familia recontra humilde, que pudo velarlas y hacer el entierro gracias a la solidaridad de los vecinos y compañeros", contó Deiana refiriéndose a que tuvieron que juntar dinero para cubrir los gastos.
"Fue duro escuchar a la madre tener que decir que enterró a una hija y que después tenía que enterrar a otra", consideró Molina. "Es la realidad que vive la juventud y las familias trabajadoras que hoy son víctimas en barrios que son zonas completamente liberadas para que proliferen todo tipo de negocios delictivos con el amparo de todos los gobiernos, las fuerzas de seguridad y la Justicia", agregó desde su lugar de dirigente política.
"Los barrios donde vive la población más pobre, los trabajadores más explotados, han sido convertidos en una zona liberada. Con las fuerzas de seguridad protagonizando este entramado delictivo", sumó Deiana. "No solo por omisión, sino también organizando activamente el delito, como sucede con la captación de adolescentes para que sean soldaditos en los barrios", denunció.
"Estos barrios no tienen urbanización, no ingresan colectivos, no hay alumbrado, se han convertido en guetos. La juventud en el barrio está totalmente desprotegida, siendo carne de cañón para todo tipo de negocios y es castigada al trabajo precario, a no tener cupos en las escuelas, a la falta de becas estudiantiles o programas que son una pantalla de humo que tienen un ingreso miserable", analizó Molina por su parte.
Puntualmente sobre el crimen de las hermanas Belén y Milagros Rodríguez, las dirigentes afirmaron que ninguna de las dos estaban vinculadas al posible contexto que se asoma detrás de la balacera. "En este momento tan álgido queremos desmentir categóricamente que las personas asesinadas hayan sido parte de las bandas narco", indicó Deiana.