El recrudecimiento de la violencia vinculada al narcomenudeo y otros delitos está atravesado por un ajuste que en las calles se manifiesta con homicidios. En los últimos días hubo crímenes con víctimas ligadas de manera muy estrecha a bandas resonantes. Con la intención de monopolizar los negocios que se disputan, o bien para demarcar poder, dichos ajustes implican atrocidades. Como lo fue el asesinato de este miércoles a la noche de Catalina Aquino. La mujer, de 63 años, era madre de Fabio Giménez, un joven preso en Coronda considerado por investigadores como “un cuentapropista” que manda a matar para el mejor postor e instigador de crímenes resonantes de personas vinculadas a Esteban Alvarado y Los Monos. Su madre no estaba involucrada directamente a algún conflicto, por lo cual este homicidio se lee como un mensaje en medio de disputas que no conocen de límites.
A Catalina Aquino, asesinada en su casa de Misiones al 2100 del barrio Santa Lucía, ya la habían baleado en 2019 en un ataque contra su familia. Ese mismo año, asesinaron a un hijo de la mujer y a un yerno en el marco de un conflicto en el cual aparece como rival de la familia un grupo ligado a Claudio “Morocho” Mansilla, condenado este jueves por la Justicia Federal a 12 años de prisión por tráfico de drogas junto a otros tres integrantes de la banda por él liderada.
En aquella ocasión la mujer pudo sobrevivir a un balazo en el abdomen. Por entonces el marco del ataque fue una disputa territorial que de un lado tenía a la banda del Morocho Mansilla y del otro a un hijo de Aquino, Rubén Sergio Giménez. La bronca se tensó tres días después de aquel ataque a Aquino, cuando una balacera contra una vivienda de pasaje Seren al 7700 acabó con la vida de Jazmín Sol Delgado. La joven, de 21 años, era pareja de Alfredo Eduardo Salva Céliz, quien había participado del ataque a Aquino, por lo cual en febrero pasado fue condenado a siete años de prisión.
El crimen de Delgado fue el saldo colateral de una venganza por aquella primera balacera contra la casa de Catalina Aquino. En esa misma trama la respuesta fueron dos crímenes más. Primero, el 19 de noviembre de 2019, fue asesinado Sergio Birri, pareja de la hija de la mujer, a quien balearon en su casa de Estudiante Aguilar al 7500. Cinco días más tarde, un nuevo ataque concretó lo que había sido uno de los objetivos principales: Rubén Giménez, hijo de Catalina, jugaba un partido de fútbol en Pujato al 8000 cuando fue asesinado a balazos.
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Con ese telón de fondo llegó el crimen de Aquino, ocurrido a solo 400 metros de donde el sábado pasado fue asesinado Uriel Alejandro Cantero, de 21 años, cuando salía de su casa y fue acribillado desde un auto, hecho por el cual momentos después fueron detenidos dos jóvenes que ya fueron imputados. Según la pesquisa, Cantero era cercano a Maximiliano Ezequiel González, quien integra una banda con peso en el barrio Santa Lucía y es liderada por el Morocho Mansilla, el último recapturado de la espectacular fuga de la cárcel de Piñero de junio de 2021.
A tres años de aquella saga, el conflicto recrudeció, primero con el crimen de Cantero y luego con el asesinato de Aquino. En ese sentido aparece en escena un integrante de la familia la mujer que está preso desde hace algunos años. Se trata de Fabio Giménez, quien cumple condena por robo y está acusado de instigar homicidios. En las intenciones de esta persona, también imputado por extorsionar a comerciantes desde su lugar de detención, están las complejidades que se agregan al reciente homicidio de su madre.
Es que Giménez, según investigadores del MPA, se erigió en el último tiempo como un criminal con el peso suficiente para disputar poder, al menos en sus territorios de influencia, pero también en otras zonas de Rosario. El primer hecho por el que reapareció en las crónicas policiales fue cuando lo imputaron por instigar el homicidio de Nicolás “Fino” Ocampo, uno de los laderos del narcoempresario Esteban Lindor Alvarado. En ese marco, a Fabio Giménez lo ubicaron como cabeza de un grupo que había recibido el pago de 370 mil pesos para cometer el crimen que se concretó el 16 de abril de 2021.
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Si bien se desconoce oficialmente quién encargó ese homicidio, la principal sospecha de los investigadores recayó en la banda de Los Monos, banda rival de Alvarado. Aunque este también quedó en la mira, dado que Fino estaba en libertad condicional tras haber acordado una pena de tres años en un proceso abreviado que implicó que reconociera haber formado parte de una asociación ilícita. En ese sentido, el crimen del Fino pudo considerarse una represalia de Alvarado, sobre todo porque por aquellos días corrían rumores de posibles venganzas contra quienes expusieran al líder narco.
En la Justicia no hay vinculación directa de algún mando superior con Fabio Giménez, por lo cual lo consideran “una especie de cuentapropista que se dedicaba a cometer homicidios por encargo de cualquiera”. A partir de sus influencias, a Giménez no se le hacía difícil conseguir desde la prisión mano de obra para concretar los crímenes que les encargaban. Aunque algunos salieran mal, como fue el caso de Mauricio L., un empresario de suplementos nutricionales a quien gente de Giménez intentó asesinar en dos ocasiones por encargo de un ex socio de la víctima.
En los últimos meses también trascendió que Giménez estuvo detrás de un homicidio que fue la consecuencia por error del intento de asesinato de un hombre vinculado a Los Monos. Jonatan Almada, uno de los pilares de una franquicia de esa banda en barrio Ludueña junto al detenido Mauro Gerez y al asesinado Cristian “Larva” Fernández, era el verdadero blanco del ataque que se concretó la noche del 18 de febrero pasado. La balacera fue contra una casa de Urquiza al 6000, hecho por el cual terminó asesinada Verónica Almada, hermana de Jonatan.
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Horas después de aquel crimen, Fabio Giménez se comunicó con uno de los presuntos homicidas en una conversación que estaba siendo captada por la Justicia provincial en el marco de otra investigación. “Para mí era él seguro, boludo, el de la foto, el morochito. Pero igual lamentablemente le tumbé todo lo de alrededor amigo. Pobre la vieja que cayó junto con él”, le dijo la otra persona, que no fue identificada. Giménez también habló con su novia y fue en esa charla en la que mencionaron a Larva Fernández, quien terminaría asesinado dos meses después.
“Las familias de las víctimas saben que él mandó a matar. Con las broncas que debe tener al encargarse de mandar a matar gente era obvio que algún día el vuelto se lo iban a dar”, indicó un funcionario del MPA al barajar como posibilidad el hecho de que el crimen de Catalina Aquino fuera una venganza por algunas de las disputas en las que participó su hijo Fabio.