La carnicería ubicada en Seguí y Lavalle volvió a ser blanco de una balacera. Se trata del segundo atentado en poco más de una semana. Sergio, el propietario, anunció este miércoles que decidió cerrar cansado del hostigamiento que viene sufriendo y porque no quiere que su emprendimiento, que lleva 12 años en el barrio, se transforme en escenario de una tragedia.
“Me amenazaron con que la próxima vez iban a tirotear cuando el local estuviera abierto”, contó el comerciante con una mezcla de amargura e indignación. Al caso de Sergio, se suma la situación vivida ayer a la tarde por el dueño de una concesionaria de autos de bulevar Oroño e Hilarión de la Quintana, también blanco de una balacera, y quien también tomó la drástica determinación de bajar las persianas en forma definitiva. De hecho, los vehículos que estaban exhibidos en ese local ya fueron retirados esta misma mañana de miércoles.
En declaraciones al programa “El primero de la mañana” de LT8, Sergio ratificó que hoy ya no abrió su carnicería porque la policía ni ninguna autoridad le puede garantizar seguridad o un mínimo operativo de prevención de hechos de violencia.
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Uno de los impactos de bala en el local de Seguí y Lavalle.
Foto: La Capital / Celina M. Lovera.
“Ayer hablé con todo el mundo, con el 911 y con la comisaría y me dijeron que no pueden dejarme todo el día un móvil en la puerta del negocio. Me tirotearon dos veces cuado estaban las puertas puertas cerradas. Después me amenazaron con que iban a pasar a balearme con el local abierto. Entonces decidí cerrar, y más si no tengo garantías de protección”, remarcó el carnicero.
La extorsión
Sergio contó que los extorsionadores le pidieron que pague cien mil pesos por mes para dejarlo trabajar tranquilo. “Yo no puedo pagar ni por asomo esa cifra, pero nadie debería aceptar ese apriete. No corresponde pagar. Los alquileres de los locales subieron y la carne se vende poco. La venta bajó un 50 por ciento de por sí y ahora con los tiros cayó un 30 por ciento más”.
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Otro de los impactos en el frente del local.
Foto: La Capital / Celina M. Lovera.
“Hace un mes que se ve esta violencia en Rosario, delincuentes que envían notitas con amenazas a los comerciantes, y no veo al intendente ni al gobernador (Omar Perotti) hablando sobre cómo ocuparse de esto. Ninguno da la cara, están escondidos”, agregó Sergio.
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Acerca del futuro de su emprendimiento, Sergio admitió que no sabe qué hará en los próximos días. “Me voy a tomar una semana para pensar. Si pongo la carnicería en otro lado y también me van a tirotear el local para pedirme plata, no tiene sentido porque montar otro negocio cuesta una moneda”.
“Estoy indignado con la política de mierda que tenemos desde hace dos años. Antes no se veía esto. No se veían estos aumentos de la carne, a esta gente que liberó todo, a la droga pasa como si nada. Esta gente no tienen códigos, no dejan trabajar al pueblo. Yo soy un trabajador. Vendía milanesas arriba de una bicicleta y me metía en una villa. De a poco fui escalando, pero no soy millonario. Esos delincuentes dejaron a tres familias sin trabajo", relató visiblemente nervioso Segio.
"No se puede trabajar así. Estás ocho horas con el local abierto y estos tipos pasan como si nada y disparan, después pasa un patrullero por la esquina y nunca agarran a nadie. No se puede más”, enfatizó.
Cerró la concesionaria en zona sur
David Firpo, el dueño de la concesionaria de autos de Oroño e Hilarión de la Quintana, cumplió con lo que había prometido el martes a la tarde: este miércoles por la mañana retiró los vehículos que tenía en exhibición del salón y cerró el local. Fue su reacción ante la balacera que sufrió este martes y que dejó en los cristales del negocio varios orificios de bala.
"Cerré el negocio porque ya no nos puede cuidar nadie. Ese es problema. Estamos atravesando un momento muy complicado en Rosario. Llevo más de diez años en este rubro y que tengo el negocio abierto y habilitado hace cinco años. No sé que voy a hacer ahora. Estoy muy triste por tener que cerrar con todo lo que eso implica, con la gente que se queda sin trabajo y por lo que genero con todo esto. Nunca creí que podría atravesar por algo así", señaló David.
"Me piden que arregle para poder trabajar. Es decir, tengo que trabajar para pagarle a una organización delictiva. Eso es una locura", se quejó enojado.