Un año atrás, y luego de estar 19 meses en libertad, Ariel Máximo "Viejo" Cantero volvía a ser detenido. El sindicado como fundador de la banda "Los Monos" caía en el marco de una causa por la que luego lo imputaron como líder de una asociación ilícita. Lo aprehendieron en su domicilio de Avellaneda al 4500, barrio Vía Honda, donde además la policía secuestró 137 cajas de alimentos con el logo de la Municipalidad de Rosario que se repartían en comedores comunitarios. Buscaba "incrementar su influencia y liderazgo" en barrios de la ciudad, según la Fiscalía, desde donde indicaron que la investigación está en curso. Desde entonces la disputa por el territorio ocasionó una serie de homicidios en un barrio en el que la Justicia Federal definió que funciona un "Estado paralelo".
"¿El gobierno va a abastecer todo lo que él le daba a la gente?", se preguntaba en diálogo con La Capital un vecino de la Vía Honda hace un año, luego de la detención del Viejo Cantero, conocido en esa barriada como Don Ariel. "Lo que él hizo hace muchos años es otra cosa, lo que él hizo mal lo revirtió haciendo el bien, haciendo lo que no hace el gobierno, ayudándonos. Vamos a pedir que le den la libertad a doña Bibi y a Don Ariel porque hay un montón de familias que dependemos de él", protestaban los vecinos.
Mientras tanto avanzaba una investigación de los fiscales Valeria Haurigot y Franco Carbone que había iniciado en noviembre de 2021, cuando en el marco de la búsqueda de Claudio "Morocho" Mansilla, entonces prófugo luego de escaparse de la cárcel de Piñero, se intervino una línea telefónica en la que se hacía mención a las actividades delictivas del Viejo. El fundador de Los Monos continuaba ejerciendo con la ley de la violencia su influencia en territorios atravesados por las extorsiones, el narcomenudeo y los homicidios. El 27 de abril de 2022, luego de 20 allanamientos solicitados por la Fiscalía en los cuales fueron detenidas otras 18 personas, Cantero volvió a prisión.
Semanas después fue imputado como líder de una asociación ilícita al considerarlo, junto a su pareja Rosa "Bibi" Montero, cabeza de una banda que extorsionaba, amenazaba, cometía atentados con armas de fuego y vendía estupefacientes. "Procuró dominar sectores y barrios de Rosario y excluir a bandas antagónicas con el fin de obtener beneficios económicos", indicaba la acusación. Otras 17 personas fueron imputadas en aquella ocasión, acusados de ocupar distintos roles en la banda.
Más delitos
Lo que no se esperaron los investigadores fue que en el allanamiento en la casa del Viejo, ubicada en Avellaneda al 4500, se encontraran con materiales que profundizarían la acusación. Por un lado algunas evidencias de que allí se organizaban apuestas en riñas de gallos y cinchadas de caballos. Por otro, y lo que más impacto público generó, las 137 con el logo del Plan Cuidar de la Municipalidad de Rosario que contenían alimentos no perecederos destinados a comedores comunitarios de los barrios de la ciudad.
Para la Fiscalía esas cajas debían ser distribuidas por la Asociación Civil "El Ceibo - Manos que trabajan", cuyo presidente de la organización, Leonardo Pucheta, fue imputado como parte de la asociación ilícita. Según la acusación fiscal el manejo de esas cajas correspondía a maniobras de la organización que "se servía de instituciones que poseen una fachada legal con el objeto de incrementar su influencia y liderazgos en barrios al gestionar módulos de alimentos que originalmente estaban dispuestos para ser repartidos entre la población más vulnerable".
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Días después de ese hallazgo ocurrió un hecho que abrió una nueva investigación en Fiscalía. Fue el 1º de mayo, cuando se produjo un incendio intencional en instalaciones de la secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat municipal, área responsable del "Plan Cuidar" que destina las cajas de alimentos a entidades sociales. Se quemaron algunas computadoras y armarios, aunque desde el municipio indicaron que no hubo pérdidas de documentación relevante. Los resultados de los peritajes ordenados por la fiscal del caso, Paola Aguirre, determinaron que el fuego se había provocado intencionalmente a partir de un líquido acelerante, como pudo ser algún tipo de combustible.
A un año de aquellos procedimientos desde la Fiscalía indicaron que, luego de la imputación inicial al Viejo y su banda, se tomaron nuevas medidas. Una de ellas está relacionada a un antiguo rumor en los pasillos judiciales que por fin se concretó en una acusación formal: Cantero y su pareja fueron imputados en noviembre pasado por abuso sexual gravemente ultrajante por haber sido cometido sobre una menor de edad que se encontraba bajo su guarda, facilitamiento y promoción de la corrupción de menores.
Además, sobre fin de año se realizaron 26 allanamientos más a domicilios de Rosario, Acebal y Pavón Arriba y requisas en cárceles por las cuales otras 12 personas fueron detenidas y luego imputadas como parte de la asociación ilícita. Actualmente la investigación sigue su curso, indicaron desde la Fiscalía, por lo cual "se están analizando más elementos de interés para la causa para luego determinar los próximos pasos procesales a seguir".
Semáforo verde
"El Ariel me dio semáforo verde para que cobremos todos los negocios a nombre de él. Todos los negocios a nombre de él, todos. Vamos y Vamos. Negocio que no sean del Ariel, negocio que tienen que pagar". De esa manera, según escuchas que se ventilaron en las audiencias imputativas de mayo pasado, uno de los acusados contaba cómo se podía avanzar en la calle luego del aval del Viejo Cantero.
Se trata de Nelson "Pandu" Aguirre, un recluso que para la Fiscalía en el organigrama de la banda estaba un escalón por debajo del Viejo y su pareja. A "Pandu", buscando al "Morocho" Mansilla en noviembre de 2022, el fiscal Carbone lo escuchó en líneas intervenidas hablar de Cantero. Así comenzaban a aparecer las evidencias de que el antiguo fundador de Los Monos continuaba ejerciendo su influencia en territorios atravesados por la violencia urbana, el narcomenudeo y las extorsiones a comerciantes.
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La jueza de Primera Instancia Valeria Pedrana consideró que la Fiscalía había reunido las evidencias suficientes para imputar al Viejo como líder de una asociación ilícita. Las escuchas y demás material lo ubicaron como una suerte de organismo de control de las actividades ilegales de las cuales, en su mayoría, se ocupaban las subestructuras de la organización. Al Viejo, en tanto, los beneficios de esas actividades le llegaban solo con dar un ok, con poner "el semáforo verde".
Mientras tanto continuaba viviendo en la casa de Avellaneda al 4500, perteneciente a su pareja, donde había fijado domicilio luego de recuperar la libertad en 2020 y donde fue aprehendido. En ese barrio las repercusiones de la detención del Viejo fueron más allá del plano judicial. Ya lo habían anticipado a La Capital los vecinos de Vía Honda en aquel entonces: "Ahora va a ser un chiquero esto". "Desde que vino él acá no pasaba nada. No roba nadie, nadie tira un tiro, no te revuelcan en la parada del colectivo para sacarte el celular. Él hace respetar el barrio", aseguraban los más cercanos.
Estado Paralelo
"Si lo meten preso se terminó el respeto en el barrio, fijate si pasa un Comando, acá no entra ni un patrullero", avisaban. Para entonces, desde principios de 2022, la Fiscalía Federal Nº 2 investigaba el narcomenudeo en la Vía Honda. En febrero pasado, para solicitar una serie de allanamientos, describieron a la zona como un "Estado paralelo" donde "florecen puestos de venta ambulante de estupefacientes".
En las calles de Vía Honda el nombre que aparecía hasta mediados de 2022 como administrador del narcomenudeo era el del Viejo Cantero. Después de su detención comenzó a hablarse del "Peruano", para distintos investigadores una alusión a Julio "Peruano" Rodríguez Granthon, preso en Ezeiza y acusado como proveedor de drogas en la región.
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A su vez, las calles de Vía Honda se plagaron de violencia como consecuencia de los reacomodamientos en el negocio por una disputa del territorio ante la ausencia del Viejo en el barrio. Las estadísticas lo grafican muy bien: en esa zona en 2022 hubo 8 homicidios, todos ocurridos desde agosto. Uno de ellos fue el de Eduardo Miguel Leiva, de 57 años, baleado en la cancha de Cerrillos al 3800 donde está ubicado el búnker conocido como "El arco" del cuál se habla en la investigación al Viejo Cantero. "Peruano, plantate, la mafia no perdona gil", decía el cartel hallado junto al cadáver.
El "Estado paralelo" del cual habla la investigación de la Justicia Federal parece haberse erigido ante una presencia precaria de los distintos niveles de gobierno. Está a la vista en la falta de urbanización, en la venta y consumo de pasta base en plena calle, en el reclamo de vecinos por el robo de cables y en las secuelas de la violencia urbana que somete al barrio.
Si antes de la detención de Cantero parte de la presencia estatal a nivel local era mediante el reparto de alimentos que estaban siendo administrados irregularmente, luego de su caída en prisión no quedó nada. Una fuente que trabaja en la Municipalidad lo confió a La Capital: "Un territorio donde no pudimos hacer pie, es un territorio complejo. No es un lugar en el que tenemos desarrollada una fuerte presencia, cuesta, no tenemos nada".