Pandemia

"Estamos todos en la misma barca", dijo el Papa Francisco

El Pontífice impartió una bendición "Urbi et Orbi" y rezó en soledad en la Plaza San Pedro por primera vez en la historia de la Iglesia Católica.

Sábado 28 de Marzo de 2020

El Papa Francisco impartió una bendición ‘Urbi et Orbi' extraordinaria para hacer frente a la pandemia del coronavirus, desde una plataforma situada en medio de una Plaza de San Pedro vacía y lluviosa, en la que recordó que, como los discípulos en su momento, todo el mundo está en la misma barca para luchar contra este mal.

Francisco subrayó que al igual que ellos, a la humanidad le sorprendió una "tormenta inesperada y furiosa". "Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos", relató.

En este sentido, señaló que a raíz de esta crisis, que impuso en la cotidianidad "un vacío desolador que paraliza todo a su paso, los seres humanos han descubierto que no pueden seguir cada uno por su cuenta, sino sólo juntos y que nadie se salva solo.

Por otro lado, el Papa reivindicó a tantos compañeros de viaje que son ejemplares y que ante el miedo han reaccionado dando la propia vida. De ellos, dijo que son personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de la historia actual.

Se refería así a médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y "tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo".

"Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración", ha añadido.

Así, lo ha comparado con la actitud de Jesús, que permanecía en la popa de la barca, en la parte que primero se hunde, mientras los discípulos estaban "alarmados y desesperados" preguntándose si aún les importaba.

"Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: ¿Es que no te importo? Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados", recalcó.

De este modo, Francisco señaló que la tempestad desenmascara la vulnerabilidad y deja al descubierto esas "falsas y superfluas seguridades" con las que se construyen las agendas y proyectos.

"Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos", subrayó.

De este modo, afirmó que los seres humanos no son autosuficientes y solos se hunden. "Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo", instó.

Así, Francisco reiteró que el mundo avanzó y los hombres se sintieron capaces de todo, codiciosos en ganancias, absorbidos por lo material y trastornados por la prisa.

"No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo", dijo.

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