"Cuando lo que escribís llega a otras personas y eso genera una reflexión, la
sensación que te queda es fantástica. Permitirles a otros pensar en una vida mejor más allá de
cualquier problema cotidiano, es importantísimo para nosotros". La frase refleja las sensaciones de
Osvaldo Marrochi, presidente de la Fundación Esperanza de Vida, luego de tener en sus manos el
primer número de la revista que dicha entidad acaba de publicar.
Se trata de un material gráfico que alberga textos referentes a la problemática
de la adicción, pero que también invita a pensar en otras preocupaciones sociales, como la
situación de la infancia en algunos sectores marginados de Rosario. Lleva el nombre de "El nómade
en la ciudad" y se entrega en forma gratuita en Zeballos 1328, donde funciona la fundación.
La organización, que lleva casi 25 años trabajando en la ciudad en torno a la
prevención y asistencia de las adicciones, cumplió un anhelo de muchos años y pretende que la
revista se constituya como un espacio de reflexión para la comunidad en general.
Aseguran que será una herramienta para nutrir a los lectores con información,
textos de filosofía o literatura y columnas de opinión de profesionales.
"Con el tiempo buscamos hacerla más compleja y no sólo impregnarla con historias
de adictos u otra gente ya recuperada. Queremos incluir cuestiones vinculadas a la violencia
escolar, el HIV y las dificultades que generan determinados tratamientos clínicos", contó
Marrochi.
La revista es diseñada por la editorial de la Universidad Nacional de Rosario y
quienes la hacen buscan que sea un espacio aceptado que se constituya en un punto de referencia a
partir del cual se realicen consultas o se planifiquen actividades creativas.
La Fundación Esperanza de Vida trabaja desde hace más de dos décadas brindando
tratamiento a personas con problemas de adicción. Desde ese tiempo también busca virar en sus
programas de acuerdo a las necesidades de cada generación y hace hincapié en la importancia que
tiene unificar recursos. "Tener una base establecida nos permite crecer. Es necesario que los
recursos humanos sean óptimos y rijan ciertos valores, como la ética. A partir de ahí es posible
permanecer en el tiempo", dijo Marrochi.
En la Fundación también se hacen talleres de teatro, literatura y música que se
complementan con el servicio de grupos de autoayuda para familiares de adictos. Los tratamientos
que se brindan varian entre ambulatorios o residenciales.
Sin embargo hay un valor que atraviesa toda esa estructura, el de la
solidaridad. "La sociedad está en crisis, por eso que desde estos espacios donde rigen la
solidaridad y la fraternidad el adicto puede abordar un cambio profundo en su vida. Entiende que
más allá de lo cotidiano hay diferentes formas de ver la vida. Ese bienestar que pueden alcanzar
transforma también su contexto familiar y social", dijo Marrochi.
Por otro lado es útil destacar que las adicciones suelen conllevar otras
problemáticas. Muchas casos se vinculan a la marginalidad, a las estructuras familiares quebradas y
a la violencia. También es sabido que la edad en que los jóvenes comienzan a consumir es cada vez
más baja. En ese contexto dirije sus acciones la fundación.
"En nuestro trabajo hay una clave. Cuando escuchás al otro, cuando aprendés a ver la vida desde
otro espacio, cuando te das cuenta que hay caminos distintos, cambian las perspectivas de vida. Ese
es una de las causas que hacen mejores a las personas y en eso la solidaridad juega un papel
fundamental", cerró Marrochi.
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