Rusia 2018

Sampaoli, de la revolución a obedecer al plantel

Nunca estuvo a la altura. Su ciclo en la selección fue un concierto de errores y muy convulsionado. Es difícil que siga en el cargo

Domingo 01 de Julio de 2018

No hay peor defecto para un ser humano que no ser auténtico. Los valores no sólo no se negocian sino que no se pierden. Jorge Sampaoli llegó a ser técnico de la selección argentina porque, antes de este Mundial, era uno de los entrenadores más capacitados del mundo. Pero se irá con un currículum debilitado. Poco quedó de aquel Zurdo que detectaba con una precisión quirúrgica qué debía hacer su equipo para ganar y para neutralizar al rival de turno. El claro ejemplo de esa sabiduría fue la final que le planteó a Argentina cuando era el técnico de Chile en la definición de la Copa América 2015. Ese Sampaoli era el verídico. No este que se la pasó equivocándose en todo como técnico de la selección argentina. Es evidente que estar sentado en el banco del seleccionado le quedó demasiado grande. Por eso difícilmente seguirá en el puesto, más allá de que tiene un contrato firmado hasta Qatar 2022 y de lo que dijo ayer aquí en Kazán (ver páginas 8 y 9). Con el paso de los días, el Zurdo se sentará con el presidente de la AFA, Claudio Tapia, y arreglarían una salida de común acuerdo. La idea es evitar ejecutar una cláusula multimillonaria. Sampaoli no renunciará porque de hacerlo tendrá que pagar 20 millones de dólares para desvincularse. Y la AFA tampoco lo echará porque no tiene para pagarle esa plata por la rescisión del vínculo.

Meses convulsionados   

El ciclo de Sampaoli fue convulsionado desde el mismo momento en que armó la lista mundialista para Rusia 2018. Hubo jugadores que eran número puesto para ir al Mundial y de un día para el otro no estuvieron en la nómina de los 23.

El caso testigo fue el de Ricardo Centurión, quien ya tenía el pasaje para viajar a Rusia y finalmente no se sabe quién lo bajó del avión. También a la nómina le faltó un volante central de corte, al que se pudiera recurrir en caso de que Argentina estuviera arrinconada o desbordada por algún adversario. Esa ausencia se notó. Cuando jugó contra dos selecciones calificadas como Croacia y Francia, el equipo albiceleste se comió siete goles. Sin palabras.

   Pero los parpadeos del Zurdo no terminaron ahí. En una conferencia de prensa decía que para él Mascherano era zaguero, lo incluía en alguna lista en esa posición, y en el Mundial terminó jugando de volante central. De esas sobran los dedos de una mano para contarle al Zurdo. La desafectación de Sergio Romero por lesión, unos días antes de viajar hacia Rusia, también fisuró la relación del grupo de los históricos con Sampaoli.

   Aunque el peor pecado que cometió fue haber sido tan jugadorista, sobre todo messista, y eso terminó por quitarle autoridad. Ya instalados en Rusia, cada vez sonaba más fuerte el rumor sobre que el plantel ya no lo bancaba.

La seducción se esfumó

Que la convivencia en la concentración en Bronnitsy era más por conveniencia, porque se estaba jugando algo tan trascendente como un Mundial. Por algo existió esa famosa reunión junto el plantel y Chiqui Tapia después de la paupérrima actuación contra Croacia. En algún momento, el empuje de Sampaoli llegó a seducir a los históricos, pero ese encanto se fue diluyendo al mismo tiempo en que el entrenador cometía equivocaciones garrafales en sus planteos. Al grupo tampoco le cerró que se tentara permanentemente con cambios durante los entrenamientos. Los mareaba. Un día jugaba uno y a la otra práctica ya ni los probaba. Lo Celso pasó de ser casi titular contra Islandia a no sumar ni un minuto en el Mundial. Y así con varios jugadores. Además, la estructura posicional y estratégica de Argentina en los cuatro partidos que disputó en el Mundial hablaron muy mal de la lectura previa que realizó Sampaoli. Ya no tiene ningún sentido seguir con las vendas en los ojos, Argentina le ganó a Nigeria más por el corazón que puso que por el fútbol que desplegó o por algún movimiento determinante que haya partido desde el banco de los suplentes. No sólo eso. También le faltó liderazgo para manejar un grupo que necesita de decisiones firmes y no de entrenadores livianitos y proclives a entrar en ambigüedades. Enseguida le sacaron la ficha y empezaron a desconfiarle. A ver a un conductor que se ponía loco ante cualquier imponderable o contratiempo. Terminó cediendo y quedó marcado con esa foto en la que se lo ve preguntándole a Messi si podía incluir a Agüero en el segundo tiempo contra Nigeria. Es una lástima que Sampa haya terminado así. Que haya desaprovechado la oportunidad de su vida de dirigir a la selección argentina. Siempre lo soñó y cuando le llegó se las mandó todas juntas. Fue como si el gran escenario al que se había subido lo hubiese desbordado. No estuvo a la altura. Y no precisamente porque es petiso. Llegó pateando la puerta como que iba a ser el técnico que revolucionaría a la selección argentina y se fue del Mundial siendo peor entrenador que cuando agarró el equipo hace un año.


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