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Rugby: dos despojos históricos

El seleccionado mayor de rugby de Rosario y Jockey Club fueron privados de llegar más lejos tras ser perjudicados por un accionar burdo

Miércoles 08 de Julio de 2020

Esta época donde la pandemia impone ciertas reglas (la más importante quedarse en casa) nos brinda la chance a aquellos que vivimos recopilando datos de ordenar los archivos. Y es ahí, cuando un suceso pasado resulta el disparador para que vuelvan a tener vida algunas historias, muchas de las cuales tienen un final feliz pero otras no. Hay muchas, pero en este caso se trata de dos historias en las que los protagonistas fueron, en una el seleccionado mayor y en la otra la primera del Jockey Club, equipos que sufrieron sendos despojos que, de tan burdos, podrían calificarse de bochornosos. Fueron, lisa y llanamente, dos típicos “choreos” que dejaron un sabor amargo en los protagonistas.

El primero ocurrió en 1966, un año después de que Rosario se consagrara por primera y única vez campeón argentino. Tenía un equipazo pero... Sin jugar, el equipo del Ñandú pasó la rueda preliminar del torneo. San Juan le cedió los puntos y de esa manera accedió a los cuartos de final del certamen, instancia en la que se enfrentó con el seleccionado de Unión del Sur en la cancha de Sociedad Sportiva, en Bahía Blanca. En ese arranque real del campeonato, Rosario no tuvo inconvenientes en doblegar a su oponente, fue un claro dominador y el 26-0 final certificó su protagonismo.

Con esa victoria Rosario sacó el pasaporte para jugar una de las semifinales ante Tucumán, en el Jardín de la República. El sábado 13 de agosto, Rosario se presentó en San Miguel de Tucumán para jugar la semi y allí sufrió en carne propia una de las más insólitas maneras de quedarse afuera: por una moneda.

El partido con los tucumanos (que por ese entonces lucían camisetas y medias marrones) había sido muy duro. Se había planteado con mucha vehemencia y ambos equipos mostraron una sólida defensa, a tal punto que ninguno de los dos pudo quebrar el marcador que no se alteró en el tiempo reglamentario ni tampoco en los dos períodos suplementarios que se jugaron.

Según la crónica del Diario La Capital del 14 de agosto: “En consecuencia, el arbitro designado, señor Jorge Comotto, resolvió la contienda por sorteo en presencia de los capitanes de ambos bandos, y la suerte favoreció al conjunto tucumano, que así se clasificó para disputar la definitiva posesión del título correspondiente a la temporada”.

Pero hay algo que el diario no cuenta y es la forma en que se decretó la definición. Habían empatado en todo y la tarde estaba dejando su paso a la noche. Había que tomar una decisión ya que dos días después se jugaba la final. En ese momento el árbitro llamó a Eduardo España y Julio Paz, los dos capitanes, para establecer el ganador a suerte y verdad, con una moneda. El público tucumano, que a esa altura ya estaba bastante impaciente, se metió dentro de la cancha para ver el sorteo y le metió tanta presión al referí que cuando la moneda todavía no había tocado el piso lo dio por ganador a Tucumán. El salto de alegría de los tucumanos armó una polvareda y nadie vio la moneda, pero la suerte ya estaba echada. Años después, en un tercer tiempo en Plaza Jewell, el propio árbitro confesó que él no había visto la moneda y que había tomado esa determinación porque sino “nadie salía vivo de ahí”.

Y si de despojos se habla, el que sufrió Jockey Club en 1988 fue más virulento. El verdiblanco había salido campeón en Rosario en 1987 y ese título lo habilitó para jugar en Mendoza, el Torneo de Clubes Campeones Jorge Godoy Ortiz.

En su presentación, Jockey dejó en el camino al equipo del club organizador sin problemas. En su segundo partido, empató con Los Tarcos 6-6. Fue un partido en el que tucumanos y rosarinos habían igualado en todo pero los organizadores tenían que tomar una determinación ya que el ganador de ese partido era uno de los finalistas.

Fue en ese momento cuando Eduardo Terranova, en ese momento presidente de Mendoza Rugby, bajó de una improvisada tribuna con un papelito en la mano (algo más parecido a una servilleta que a un reglamento) ya que no existía una normativa del torneo, diciendo que Tarcos era el finalista, alegando que un jugador de Jockey Club había tenido -durante el partido- un llamado de atención por parte del árbitro (ni siquiera una amonestación) y que por dicha acción no podía jugar el partido decisivo.

El tercer partido Jockey lo ganó sin problemas y con una rara mezcla de bronca y tristeza terminó invicto. Con bronca porque estaba para campeón y con tristeza porque había sufrido una injusticia. De hecho Los Tarcos fue segundo con una campaña en la que ganó un solo partido, empató otro y perdió el restante. Al año siguiente, en 1989, salió campeón venciendo en la final al SIC, que tenía a Angelillo, Cash, Petti, De Vedia, Conti, Madero, Loffreda y Cuesta Silva, entre otros.

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