Ovación

Ploner, el tipo que no se resigna

Lucho, el ex púgil profesional que enseña en el club Temperley, tiene un sueño que no comprende bien pero que lo desvela hace años: sacar a los pibes de la calle a través del deporte.

Domingo 29 de Diciembre de 2019

Luciano Ploner es el tipo que no se resigna. Está a la vista, cada día. El boxeo le imprimió esa filosofía y así lo vive, aunque a veces diga "no sé qué hago, no sé por qué insisto". Lo que hace no es sencillo. A tal punto que en épocas como éstas el fin suena a utopía: sacar a los pibes de la calle, meterlos en un gimnasio, enseñarles un deporte, educarlos en los valores de una disciplina. A veces, hasta arrimarles algo que comer. Ploner no sabe definir por qué hace lo que hace. Pero le sale así, como esa idea fija que a veces circula entre aquellos que quieren devolver a la vida, un poco de lo que la vida les dio: "No escarmiento, a alguno tengo que salvar", tira.

En el gimnasio de box del club Temperley (Ayacucho y Riobamba), bajo un calor sofocante que ahoga en pleno diciembre, Ploner acomoda los elementos de entrenamiento. Es probable que hoy, con tal temperatura, sean pocos los que vengan a entrenar. Los espera, ahí, mientras relata su historia en boxeo, esa historia que cada día, con cada acción, intenta replicar. Un relato sencillo y rápido diría que Lucho Ploner se encontró con el boxeo un poco apretado por la billetera. En ese momento hacía otros deportes en un club, pero la cuota era alta y miró que la de boxeo era la más barata. No sabía muy bien de qué se trataba, pero arrancó. En una ráfaga de tiempo ya estaba en los rings peleando a los rivales. Hizo 66 combates como amateur y 14 como profesional. Después, la necesidad llamó fuerte a la puerta y no pudo seguir en ese camino en el que tenía sueños grandes. Con el tiempo, además de saber soldar y tener que trabajar hasta 12 horas seguidas, se dio cuenta de que esa disciplina podía ser su medio de vida. Se puso un gimnasio y sigue en otro gimnasio.

Si bien Ploner tiene alumnos que no distinguen clases sociales y que hoy muchos de los que se acercan a "guantear" lo hacen más por una cuestión de hacer ejercicio que de querer ser boxeador profesional, cosa que sí ocurría tiempo atrás, hay un grupo que lo desvela. Es el grupo de esos pibes que intenta sacar de las esquinas, esos que él llama "bando", a los que no ve con un objetivo claro y mucho menos con contención suficiente. Son esos, los que le "parten el alma" los que quiere "rescatar", como si "rescatar" una vida fuese sencillo. ¿Cómo se rescata una vida de quien no quiere ser rescatado o no puede dejarse ayudar?

Los primeros "ganchos" con los que Lucho acercó a los pibes a las bolsas de box se dieron hace más de dos décadas. Si veía alguno haciendo malabares en el semáforo se le ocurría preguntarle: "¿Hoy comiste?". Los acercaba por ahí, los invitaba a practicar deporte. Lo hace hoy, con esa pregunta recurrente que le repiquetea en la cabeza y a los que ve con condiciones los intenta meter en un ámbito mejor para que tengan una profesión o una pasión. Aunque eso implique tener que ir a buscar a cada pibe a su casa, golpearle la puerta, sacarlo de la cama después de días de fiesta o resaca, correr a la par para predicar con el ejemplo. "A muchos les digo, juntate conmigo. Pero se los digo porque muchos de ellos justifican los malos comportamientos por los grupos de amigos, hace poco uno de ellos se quebró la mano en una pelea callejera por defender a otro. Mirá que es bueno, pero se rompió la mano. Y así... En esta época hay que llamarlos para que vengan, llegan las Fiestas y se vuelven locos, se pierden por unas semanas, es increíble, aunque a alguno algún día voy a salvar. No quiero que terminen mal".

Ploner le contó a Ovación que indefinidas veces le pasó eso de preparar a algún pibe con condiciones, lo pudo alejar un poco de los conflictos sociales, ayudó para que vean otra realidad posible, vino un promotor y se los llevó. "En eso no hay códigos", se lamenta. "Porque si tenés la chance de ayudar a un pibe, ¿por qué no lo ayudás bien?". Y el dolor le viene por lo que prosigue después. Un par de peleas, algo de dinero y rápidamente un descarte y una vuelta a no tener nada, "los dejan tirados". En este sentido, el ex boxeador devenido en entrenador considera que es posible "que un día llegues" y eso es lo que le quiere transmitirles, "pero antes tenés que sacrificarte, perderte un montón de cosas". De su propia historia saca las enseñanzas, dice que estuvo cerca de dar un salto mayor, pero que ciertas decisiones lo mandaron por otro camino. No quiere que a los chicos que quiere les pase eso. Por eso insiste: "A veces me parece que tienen más respeto por un entrenador que por sus propios padres, muchos vienen de familias con conflictos de todo tipo. Ellos tienen también los suyos y uno hasta es un confesor. Y lo que pienso es que uno debe enseñarles pero no ser ningún sargento, sino contarles historias", piensa en voz alta. Es que ahora, mientras lamenta que los pibes se alejan en el verano y aunque tenga la certeza de que en algunas semanas volverán, vuelve a decir: "No sé bien por qué lo hago". Y es que quizás no necesite buscar tantas respuestas. Simplemente porque "el boxeo es realmente fácil. La vida es mucho más dura", como alguna vez dijo Floyd Mayweather.

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