Esta vez no hubo jugada de pelota parada ni destello de calidad que impidiera una derrota previsible por lo visto en el campo. En esta ocasión la fisonomía del equipo fue similar a la mayoría de las presentaciones anteriores. Un andamiaje raquítico de juego, anémico ofensivamente, inconexo, largo y previsible. Y lento. Muy lento. Por eso la caída por 2 a 1 ante Gimnasia en La Plata era la derivación de lo poco que había hecho Newell’s. Porque un 2 a 0 que podía ser más amplio se redujo. El local dilapidó situaciones por doquier. Y Aguerre tapó algunas. Pero en el último tramo los rojinegros volvieron a quedar en partido cuando Cingolani se escapó y descontó. Y mientras los triperos seguían errando, los minutos pendientes abrían una posibilidad a la igualdad. Pero no. No llegó. Y el invicto de Germán Burgos como DT ya es una anécdota. Porque ahora lo que importa es lo que viene. El partido con Libertad el jueves por la Copa Sudamericana. Y el clásico el próximo domingo.

































