La diferencia pasó por Armando Méndez. Por ese cabezazo goleador del uruguayo para que Newell’s destrabe un partido al que no le encontraba la vuelta y se encaminaba a un empate difícil de tolerar. La victoria sobre Defensa y Justicia por 1 a 0, indispensable, urgente, se transformó en realidad por el aguerrido marcador de punta, al que le alcanzó con ingresar en el segundo tiempo para romper el molde y para la conquista de tres puntos que le dan oxígeno al cuestionado ciclo de Mauricio Larriera. Y de paso se acercó al grupo de los clasificados a copas internacionales. No es poca cosa en épocas de sequía.
Lo bueno y lo malo del primer tiempo fue responsabilidad de Newell’s. No le dio margen de maniobra a Defensa y Justicia y ejerció la iniciativa. Pero tuvo una ofensiva híbrida, sin variantes y sin peso en el área visitante.
Larriera volvió al esquema 4-3-3, con el que terminó jugando la fecha pasada frente Vélez. Metió a Brian Aguirre en el equipo y ratificó a Francisco González. La intención fue atacar por afuera. Lo concreto: la pelota pasó seguido por los pies de ambos, pero sin que realicen nada interesante.
La presión alta de Newell’s complicó la salida del conjunto de Florencio Varela. Rodrigo Fernández fue impasable. Recuperó y la entregó rápido para que sus compañeros se dediquen a atacar.
Con las líneas adelantadas, Newell’s dominó. El problema fue el de costumbre. La impericia para preocupar el arco rival. González tiró centros sin dirección. Aguirre se quedó en amagues. Martino y Schott se proyectaron poco. Ramírez quedó atrapado entre los centrales del Halcón. Banega falló el último toque.
Tantas dificultades tuvo Newell’s para preocupar en el último tramo de la cancha que las únicas aproximaciones fueron un derechazo de Rodrigo Fernández desde la medialuna y un disparo desde afuera del área de Schott que desvió Martino y se fue por arriba.
La producción de Defensa fue floja. Por Newell’s, pero también por culpa suya. Un par de remates de Herrera fue con lo único que se arrimó.
En los últimos 15’ de la etapa inicial, el local se fue alejando del área del Halcón. Fue menos eficaz en la posesión y retrocedió en el terreno. Defensa la tuvo más. Solo eso.
El declive rojinegro se profundizó en el segundo tiempo. Perdió la pelota y optó por agruparse en su propio campo. Careció de recuperación, no encimó y Defensa buscó con mayor insistencia, aunque con una liviandad similar a la que mostró hasta entonces la Lepra.
A Newell’s cada avance le resultó forzado. Y encima por momentos no soltó a sus futbolistas en ataque, en una clara inferioridad numérica.
Aguirre probó de afuera. Rodrigo Fernández y Bogarín lo mismo. Ninguno con puntería. La muestra de un enfrentamiento falto de emociones.
Larriera movió el banco, pensando en que el ingreso de Armando Méndez le podía dar profundidad al equipo por derecha. Y así lo hizo. Lástima para la Lepra que Ramírez cabeceó al medio, donde estaba Fiermarín, ese centro lanzado por el uruguayo en momentos en los que el local seguía con inconvenientes para manejar el desarrollo del partido.
Antes de esa acción, Hoyos sacó con mano cambiada un derechazo de Echeverría, en la más clara del visitante.
El trámite fue torcido para Newell’s. Pero los futbolistas que llegaron desde el banco rompieron la monotonía, la paridad, la preocupación. Esteban Fernández abrió para el centro de Misael Jaime y Méndez puso la cabeza para meterla arriba. Gol y desahogo en el Coloso.
Desde el temperamento y actitud, Méndez llevó a Newell’s al triunfo. Una victoria indispensable, para esperar las dos últimas fechas antes del receso con mayor optimismo y otro ánimo, pensando en mejorar un rendimiento que sigue dejando dudas.