Ovación

Más que nunca Central debe hacer valer la consigna del Chacho para lograr objetivos

Con chances en ambos frentes, Central está ante el desafío de no perder intensidad para mantenerse en la pelea por el torneo y la Copa Argentina.

Viernes 04 de Septiembre de 2015

Coudet habló, habla y seguramente seguirá hablando de que pretende un equipo intenso. Sus colaboradores, en especial el preparador físico Ernesto Colman, trabajan para que Rosario Central no pierda esa intensidad que hasta aquí lo ha caracterizado en el juego. Y si de intensidad se trata, al Canalla no le queda otra que seguir transitando el carril que eligió tomar en busca del protagonismo y que a la luz de los resultados viene usufructuando de la mejor manera. Pero más que el ímpetu que le mete a cada partido, lo que no deberá cesar de aquí en más es la intensidad que tiene que ver con esa fisonomía de equipo con pretensiones. Es que restan ocho fechas para el final del torneo y tres partidos (en el mejor de los casos) a todo o nada por Copa Argentina. ¿Qué quiere decir esto? Que el equipo de Chacho está (ahora sí) en medio de una recta final de semestre que incluye dos competencias, con posibilidades concretas en ambas, aunque con mayores chances en una (la Copa Argentina) que en la otra.
  El principal aliado que puede tener hoy Central es ese convencimiento de que la pelea aún forma parte de ese ideal fijado a principios de temporada. Claro que en aquella época a lo que se hacía básicamente hincapié era al torneo local, precisamente la meta que parece un poco más lejana. Y lo de “lejana” tiene una explicación algo lógica. Porque Boca está a 7 puntos de distancia, por lo que el Canalla necesita al menos 3 partidos para darle alcance. Y en el medio está San Lorenzo (a 5) y Racing, que tiene pendiente la resolución del partido contra Godoy Cruz.
  Poco más de dos meses separan a este Central de lo que realmente merecerá. Pero serán dos meses en los que aminorar la marcha significaría un pecado capital al que nadie querrá exponerse. En el medio estarán las contingencias propias del fútbol coqueteando con resultados que potenciarán el espíritu o castigarán alguna mala tarde, pero eso vendrá de la mano de la sabiduría, el temple y, por qué no, de ciertos imponderables.
  Podría entenderse como ventaja contar con ocho rivales de poca monta, que hoy se encuentren de mitad de tabla hacia abajo. Pero, paradójicamente, para Central es una ventaja tener entre esos ocho equipos a enfrentar en el torneo a los dos mejores: Boca y San Lorenzo. La explicación es sencilla: es la única forma de sumar sin que el rival lo haga, con los riesgos que ello implica, claro. Y en el medio un clásico más, que puede arrojar un resultado desfavorable, pero que de la misma forma puede inyectar una alta dosis de confianza de cara a las últimas fechas.
  Para todo ello la intensidad debe ser la misma que para lo que depare la Copa Argentina. Es que por estos días a ese desafío se lo mira de una manera distinta. Con mucha más saña que hace un tiempo. Porque al posar la vista al frente lo que se observan son 270 minutos para la obtención de un título y, además, la clasificación a la Copa Libertadores. También tiene su grado de complejidad. Por primera vez desde que se retomó la competencia en esta instancia (cuartos de final) quedan todos equipos que militan en primera división. De allí la alta exigencia que puedan llegar a poner cada uno de ellos. Central ya sabe que deberá enfrentar a Estudiantes, mientras que en una hipotética semifinal ya se anotaron San Lorenzo o Racing.
  No obstante, a esta altura hay pocas cosas que puedan llegar a amedrentar a un Central que fijó pautas y estableció objetivos allá por febrero, antes de iniciarse todas las competencias.
  Resultará decididamente más sencillo ensayar análisis y balances cuando todo llegue a su fin. Allí habrá ítems que se colocarán en la columna del haber y otros en la del debe. Lo que hay hoy es la visualización de un futuro que le abre sus puertas a una ilusión que debe encontrar sustento en el convencimiento, el juego, la inteligencia y hasta si se quiere la fortuna. ¿Algo más? Sí. La intensidad que se les puso a los 25 partidos disputados en el año es la que se les debe poner a los posibles 11 que restan.

Coudet probó pero no lo confirmó

“Todavía no tengo definido el equipo, tengo que pensarlo y tomar una decisión”. Eduardo Coudet se amparó en el derecho que le asiste y pasó para hoy la confirmación de los once que pondrá mañana en cancha. No obstante, ayer hubo una práctica de fútbol en la que el entrenador ensayó de principio a fin con los mismos, en lo que se destaca el cambio de esquema (4-4-2) y las cuatro variantes respecto de la formación que viene de ganar frente a Unión: Alejandro Donatti, Cristian Villagra, Nery Domínguez y Franco Niell por Yeimar Gómez Andrade, Pablo Alvarez, Franco Cervi y Marcelo Larrondo, respectivamente. ¿Puede haber algún golpe de timón en la práctica de hoy? Sí. Pero de no mediar imprevistos los once de ayer (ver infografía) serían los que estarán desde el arranque.
Afuera de los once, al menos ayer, quedó Cervi, quien igual concentra. El juvenil se entrenó aparte toda la semana (ayer no pudo hacer fútbol) por la lesión en el hombro, pero además arrastra cuatro amarillas, un motivo más que suficiente para que se siente en el banco.
Su reemplazante sería Nery Domínguez, precisamente este nombre permite darle vida a ese cambio de esquema que, en teoría, se produciría. El volante central volverá a compartir el anillo central con Damián Musto después de tres partidos (la última vez fue ante Sarmiento, por la 19ª fecha).
Después, suspendido Larrondo, Coudet optó por Niell como acompañante de Ruben. ¿Delgado? Podría ser una chance, pero además de que no está en su mejor nivel también se entrenó aparte durante varios días. Mientras, con Donatti recuperado y Villagra a disposición (cumplió una fecha de suspensión), al DT se le acomodaron las fichas en el fondo.

 

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