Cuando el asistente marcó el cambio de la salida de Lovera la sensación en el Gigante fue que estaba mal marcado el número. El 34 no debía salir. Cómo un técnico iba a reemplazar a la figura de su equipo, al jugador que estaba haciendo un gran partido, al que desequilibraba cada vez que aparecía. Y esto independientemente de que un minuto antes el visitante había llegado al empate. Menos aún. Para ir a ganar se necesita de los que mejor están jugando y el joven mediapunta canalla lo era. Incluso, no había necesidad de reemplazarlo antes con el partido 1-0 y con un hombre más. Diego Cocca se equivocó. Seguro, y todavía debe estar lamentándolo. Tenía a otros 9 jugadores para sacar (obvio, no al arquero). Si hasta el trámite le favorecía, estaba tranquilo, se podía pensar en que era más fácil que llegara el 2-0 que la igualdad. Pero la tentación de realizar el cambio acostumbrado pudo más. Lo puso a Gamba, como otras veces, pero en esta le erró feo.


































