Ovación

“Lo único que le pedí fue una foto”

Ezequiel Luna, quien se inició en Tiro Federal y hoy juega en Chile, le contó a Ovación detalles del encuentro que mantuvo con Messi, compañero de travesuras y colegio en Rosario.

Lunes 29 de Junio de 2015

El carrusel de emociones que es la vida lo puso a Ezequiel Luna en el mejor de los pedestales. Es que para él la estadía de la selección argentina en Viña del Mar fue una verdadera bendición. Le permitió reencontrarse nada menos que con Lionel Messi. Aquel viejo compañero de travesuras en el colegio Comercial Nº 5 (La Draguito) en la infancia compartida en Rosario.
  Ezequiel nació hace 28 años en Villa Gobernador Gálvez y actualmente está jugando en Santiago Wanderers de Valparaíso, una ciudad portuaria que se encuentra a media hora de auto de Viña del Mar. Pero Rosario forjó su carrera futbolística ya que sus comienzos se produjeron en Tiro Federal.
  Ahora en el equipo chileno comparte plantel con Paulo Rosales, aquel volante ofensivo de Newell’s, que también encontró su lugar en el mundo en el fútbol trasandino. Juntos programaron una visita de lujo. Fueron hasta el hotel Radisson Concón con la ilusión fija de ver a Messi y de paso charlar un rato con Ezequiel Lavezzi, a quien también conocen desde antes de que los piques del Pocho tuvieran cartel francés.
  Luna le contó a Ovación en Viña del Mar cómo fueron los detalles del encuentro con Messi.
  — ¿Cómo surgió la idea de ir a ver a Messi?
  — El que me hizo la mano fue Paulo Rosales, que lo conoce a Nahuel Guzmán porque jugaron juntos en Newell’s. El Patón nos hizo de puente para llegar a Leo y también estuvimos con el Pocho Lavezzi. Lo conozco porque yo soy de Villa Gobernador Gálvez y además jugamos juntos en Coronel Aguirre. Paulo también estuvo con Mascherano y Zabaleta, con quienes compartió la selección Sub 15. Cuando fuimos al hotel Radisson, donde concentra el equipo, Leo nos recibió muy gentilmente. Yo estuve con mis hijos, pero no había nadie porque en el hotel no le permiten el paso a ninguna persona. Y como nosotros fuimos recibidos por Messi no hubo problemas. Estuvimos dos horas charlando sobre anécdotas de la infancia y la verdad es que no se puede creer la humidad que tiene.
  —¿Se acordaba de que habían ido juntos a la escuela?
  —Sí, enseguida recordamos algunas cosas. Un poco se sorprendió de verme. Me preguntó cómo iba la carrera deportiva y también hablamos de la vida. En un momento no sabía si quedarme porque pensé que le estaba hinchando las pelotas, pero nada que ver. La pasamos muy bien. Hasta me regaló entradas para el partido contra Colombia y sin que yo le pidiera nada me trajo un bolso lleno de remeras y buzos de la selección. Esas son las cosas que tienen los grandes de verdad. No tenía ninguna necesidad de regalarme nada y otro en su lugar me saludaba y listo. Yo lo único que quería y le pedí fue una foto. Pero él es así. Conozco la buena familia de la que viene y es pura humildad.
  —¿Qué anécdotas recordaron de la escuela?
  —Todas tienen como protagonista a la pelota. Cuando jugábamos en los recreos ya se notaba que era distinto. Ya era increíble a los 13 años. Chiquito y flaquito no le podían sacar la pelota.
  —¿Entonces ya de chiquito pintaba para crack?
  —Sí, yo fui uno de los primeros que se enteró de que se iba a Barcelona y nunca tuve dudas de que iba a ser el jugador que es hoy.
  —¿Qué valor tiene en tu vida este reencuentro con él?
  —No quiero mentirte, pero es una de las cosas más importantes que me pasaron. Hacía mucho que quería charlar con él porque desde chicos que no hablábamos. Cursamos juntos en la Comercial Nº 5 (La Draguito) de zona sur y después no nos vimos más. Obviamente él siguió con su gran carrera y yo con la mía. De Newell’s se fue a Barcelona y yo terminé en Tiro Federal. Recién lo crucé en España, cuando estuve en Tenerife y nos enfrentamos, pero nunca charlé tanto tiempo como ahora.

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