Ovación

Hermanos, primos y parejas cuentan cómo viven la nueva edición del clásico

Muchos no dudarían en graficar al escenario que se vivirá mañana entre Newell's y Central con la polémica figura de la "grieta", de un enfrentamiento irracional sin tregua ni pausa.

Sábado 23 de Abril de 2016

Más allá de todos los deseos, esfuerzos y discursos políticamente correctos, el clásico divide futbolísticamente a Rosario. Muchos no dudarían en graficar al escenario que se vivirá mañana entre Newell's y Central con la polémica figura de la "grieta", de un enfrentamiento irracional sin tregua ni pausa. ¿Es tan así? ¿Qué pasa puertas adentro de muchas de las familias rosarinas? Más de uno se sorprendería al ver que los legados futbolísticos no son lineales, que la genética auriazul y rojinegra tienen sus propias leyes. Con leprosos y canallas, de tal palo no necesariamente sale la esperada astilla. Pero hay aún más curiosidades. En una ciudad alimentada, desde ambas hinchadas, por discusiones violentas, enojos y también sutiles cargadas, la convivencia entre rivales es posible. Ovación convocó a los adversarios más cercanos, a aquellos que se criaron o incluso se gestaron juntos. Y a los que viven bajo el mismo techo por opción. Primos, hermanos y parejas. Aquí cuatro historias. Sólo un puñado de los afectos más cercanos que pueden distanciarse o dividirse por una camiseta o lo que dure un partido. El límite no es fácil, pero el dolor del otro tampoco. Les cuesta la pelea, intentan moderarla y ese es el freno, el límite, el código. Mentira que todo es matar o morir. Adriana, Lisandro, Juan, Emiliano, José Luis, Rubén, Agustín y Lucio dan cuenta de ello. El fútbol en esta ciudad es cosa seria. Divide, enfrenta, pero también hace vibrar y alegra. No son pocos los que querrían hoy ver un clásico como antes: con las dos hinchadas, a cancha llena, acompañados de los afectos. Para eso habrá que seguir jugando, con las camisetas puestas, aunque sean de distintos colores. Que todo quede en familia.

Primos... Una distancia que hace años dura sólo 90 minutos

No son hermanos, sí algo muy parecido. Los primos suelen compartir la infancia, la adolescencia y a veces bastante pasajes de la vida adulta. Y en algunos casos la unión es tan difícil de dividir como los números primos en matemática. Salvo que se juegue un clásico: ahí la cosa cobra otro matiz. Hasta futbolísticamente el mote “los primos” enfrenta a hinchas de uno y otro cuadro. Con este tándem que reunió Ovación pasa algo similar. Crecieron en el mismo árbol familiar pero mañana tomarán distancia: sólo por 90 minutos, después todo seguirá igual.

Juan Sánchez, de 22 años, estudiante de psicología, empleado e hincha de Newell's, y Emiliano Pavicich, de 21 años, estudiante de ingeniería electrónica, docente e hincha de Central, se criaron muy cerca. Son primos hermanos por parte de madres, pero cada uno heredó de sus padres el color de la camiseta.

Cuando uno habla del equipo del otro dice “ellos” y a pesar de estar a pocas horas del clásico, recordaron más los momentos en que el fútbol los unió que en el que los dividió.

“Cuando los partidos eran codificados los veíamos juntos y sin problemas. Hasta el 2002 en que ganaron ellos 2 a 0, me enojé y ya no compartimos más ese momento”, reconoció Juan.

El rojinegro se refirió así al clásico jugado en el estadio de Newell's donde los canallas, con goles de Luciano Figueroa y Gustavo Arriola, cortaron una racha de 22 años sin ganar en el parque Independencia.

Pero Emiliano salió al cruce de la anécdota y puso paños fríos.

“Fue en Oliveros que lo vimos juntos. Un lugar donde pasamos muchos momentos de nuestra infancia y donde a pesar de todo jugábamos siempre. Es más: con nuestros viejos simulábamos un clásico entre los cuatro. Y en general nos ganaban ellos”, se rió Emiliano, el centralista.

En los encuentros familiares de los Sánchez-Pavicich el tema “fútbol” no está prohibido, pero cuando alguien amaga a ponerlo sobre la mesa salen al cruce las madres de ambos (y tías de cada uno) para apaciguar y descomprimir los ánimos. La idea es que nada amargue la fiesta. Y lo logran. Ambos recuerdan las navidades de cuando eran nenes. “Casi siempre caía de regalo una camiseta para cada uno”, dijo Emiliano. “Y luego que pasaba Papá Noel la estrenábamos”, remarcó Juan.

Hace tiempo que van a la cancha solos. Y cada uno ve el partido por separado, preferentemente con amigos. Se reconocen pasionales en fútbol: celebran, se amargan, cargan y se cargan. Pero dicen que entre ellos hay un límite sobreentendido. Si a uno de los equipos le va muy mal, el otro no castiga: no al punto de herir y enojar, al menos. Mañana Juan y Emiliano lo verán como siempre, con las camisetas encima y hasta con banderas a mano. Los dos descartan que ganan. ¿Después del partido? Como siempre, todo seguirá igual.

Gemelos... "No nos vestimos iguales ni en el fútbol"

Agustín y Lucio Maldonado son gemelos. Nacieron hace 19 años, unidos por la misma placenta pero en dos bolsas distintas. Ellos dicen que eso es toda una curiosidad, casi un presagio de que en la vida tendrían diferencias. Una es el color futbolístico: Agustín es hincha de Newell's y Lucio, de Central. Agustín en ese aspecto salió al padre. Lucio, a la madre. "Tal vez la más futbolera de la familia", coinciden ambos sin dudar un minuto.

El preconcepto es creer que porque son tan parecidos físicamente son un calco en todo. Pero no. "El es más cabrón que yo...", dijo Agustín, que estudia medicina en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). "Y vos sos más narigón", apuntó Lucio, quien cursa Licenciatura en Ciencias Biológicas.

A diferencia de otros mellizos y gemelos, a Agustín y Lucio nunca los vistieron iguales.

"Hubiera sido un garrón que nos pusieran el traje de marinerito a los dos como se usaba en una época. Tenemos el mismo estilo: jean y zapatillas, pero a mí me gusta más la ropa oscura y parece a propósito pero uso más el rojo. En cambio Lucio usa más el azul y la ropa clara", dijo Agustín. Futbolísticamente no hizo falta forzar nada. Cada uno tenía su camiseta desde chiquito. Y hasta las lavaban juntas, en el mismo lavarropas, "sin problemas", confiesan los Maldonado sobre una medida doméstica que no aprobaría más de un hincha fanático, de los tantos que abundan en esta ciudad.

Es que estos gemelos aprendieron a compartir muchos espacios y festejos, a pesar de la íntima cercanía que los une desde su gestación.

En los cumpleaños no había acuerdo posible. "O dos tortas o nada", dijo Lucio. "O el típico bizcochuelo con la cancha dividida: mitad con los jugadores leprosos y mitad con los de Central", comentó Agustín.

Pero en afán de encontrar similitudes y diferencias, sigue el conteo. Ambos se graduaron en el Politécnico, ambos juegan en el medio o de defensa en el Fútbol 5, pero: Lucio pesa tres kilos más que Agustín, les gustan chicas distintas, uno ama la garra de Maxi Rodríguez y otro la de Damián Musto. Uno dice que este clásico termina en empate y el otro que gana su equipo. ¿Quién? No importa. Los Maldonado parecen iguales, pero son distintos. Como este clásico, distinto a cualquier partido.

Pareja... A pesar de los colores...hogar dulce hogar

La primera cita fue hace cinco años en un bar. Ella de Central y él de Newell's. Hablaron prácticamente todo el encuentro de fútbol, pero no discutieron. Lejos de eso, se sedujeron, se pusieron de novios, se casaron y llegó Emma, ya de un año y medio y con carné del club del Parque. Una pareja rara desde el principio. No sólo por ser "muy" hinchas de su equipo y dormir cada noche con el rival por antonomasia, sino porque ella heredó la pasión futbolera de un padre de Boca y él de un padre de River. Una familia con clásicos por duplicado.

Sin embargo, el de Adriana Gómez, 32 años, creadora de videos y canalla y Lisandro Plano, 34 años, administrativo y leproso, es un hogar con clara impronta futbolera local: los colores rosarinos se despliegan en los juguetes y cochecito de la nena, en cuadros, tazas y hasta en dos chanchos de cerámica con camisetas rojinegra y auriazul, son parte del paisaje.

"Los chanchos fueron parte del cotillón de la fiesta de casamiento. También filmamos un video y armamos una historia con fotos que tenían que ver con Central y Newell´s", contó Adriana, quién reconoció que cuando se conoció con Lisandro eran dos hinchas furiosos, pero ahora bajaron un cambio.

"Yo soy muy fanático. Pero trato de controlarme. Quería que mi nena naciera un 3 de noviembre (aniversario de Newell's) pero se adelantó: nació el 16 de octubre, estuvo en neonatología y finalmente le dieron el alta el Día de la Madre (el 19 de octubre de 2014, donde el clásico fue 2 a 0, favorable a Central). Hasta le prometí que si era nena me bancaba que fuera del canalla pero no cumplí. Uno crece, es padre, se va moderando. Ahora lo que me falta es que Ema me venga con un novio de Central", se rió Lisandro.

Adriana lo corrige, "él más que leproso es anticanalla: llegó a meterse en el baño para celebrar cuando nos iba mal en la B. Yo no, será la maternidad, o que nos va bien en este último tiempo que ya no peleo tanto", dijo ella, jujeña de origen, pero nieta de un centralista y convertida en hincha del club de Arroyito cuando se vino a vivir a Rosario y todos sus amigos eran simpatizantes del canalla.

La pareja asegura que la previa al clásico, el partido y el pos encuentro se vive pacíficamente, "con códigos". Es la casa. Pero por las dudas, nunca lo ven juntos. Hogar dulce hogar.

Hermanos... "Somos el agua y el aceite en el fútbol y en casi todo"

El agua y el aceite. Así se definen los Rodríguez, los hermanos Rubén y José Luis, unidos por consanguinidad y distantes en casi todo. El “Pelado” Rubén tiene 48 años, es canalla, calza la camiseta de Giovani Lo Celso, es soltero, le gusta la noche, la música electrónica y votó al PRO. En cambio José Luis, de 46 años, a quién le dicen el El Puma (“por el cantante, no por el ex jugador de Central”, según aclaró), es leproso, viste la camiseta de Maxi Rodríguez, está casado, tiene un hijo, le gusta el rock y votó al Frente para la Victoria. Los que comulgan con “la grieta” los tomarían de ejemplo.

Se criaron en una familia de clase media, en barrio San Francisquito y con padre de Boca _pero simpatizante de Newell´s_, y madre de Central. Pero las influencias futboleras suelen reforzarse con parientes y amigos: allí jugaron papeles protagónicos Tony, un primo del rojinegro y Raúl, un tío del equipo auriazul.

Cuando vivían con sus padres, José Luis y Rubén compartían habitación y separaban los espacios y la liturgia futbolera con un biombo.

“Recuerdo que los domingos de clásico almorzábamos juntos: mi vieja hacía ravioles y luego cada uno por su lado de iba a la cancha. Los dos siempre a la popular. Si se jugaba en el Gigante tomábamos la E juntos, pero íbamos separados”, dijo Rubén. En la cancha ni se veían. “Sabíamos que el otro estaba, pero ni nos buscábamos”, contó José Luis quien aclaró que de acuerdo al resultado del partido, siempre faltaba uno de los dos a la cena familiar.

“Hemos dejado de hablarnos una semana, rotábamos en la pieza para no vernos demasiado: si uno tenía que hacer la tarea el otro se iba al living”. Hasta ahí todo moderadamente contenido. Pero hubo momentos más ásperos, cuando uno le tiró al otro la camiseta a un baldío y las piñas no se hicieron esperar, según confesaron.

Ambos extrañan que siga en pie la prohibición de jugar con hinchada visitante. Para ellos era mejor ir a un partido cuando tenías al rival enfrente.

“Era más divertido y mejor para las gastadas”, coincidieron antes de reconocer que ser hermanos pero de equipos rivales nunca los separó y sí los divirtió mucho.

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