Cuatro años de espera. O más bien, tres y medio, ya que el último en Qatar se jugó a fines de 2022 para que se soporte mejor el calor que no da tregua. Acá se volvió a lo que siempre fue, jugar a mitad de año, aunque las altas temperaturas no tengan nada que envidiarle a la del “invierno” qatarí. En ese marco, empezó un Mundial histórico, el primero en tres países, con uno de ellos, México, con el récord de ser anfitrión, con más selecciones que nunca. También con connotaciones políticas que no pueden ser escindidas. En ese contexto, la espera terminó, la pelota empezó a rodar ahí donde hace 40 años el mundo se rindió a los pies de Maradona, y en estos pagos y muchos del mundo espera que esta vez se rinda a los de Messi. Dai Dai, vamos, dale, a jugar se ha dicho.
Hasta el fútbol es distinto, se ha basquetizado. Ya es de cuatro tiempos, con la parada obligatoria para que los jugadores se refresquen. Saludable para ellos, pausa útil para el marketing. Pensado para el show como tanto gusta sobre todo en uno de los organizadores, Estados Unidos.
Una ceremonia y un triunfo tranquilos de México
Una ceremonia colorida, seguramente más emotiva para los mexicanos, una de las tres que tendrá este Mundial, complementada con un triunfo tranquilo sobre una Sudáfrica que no por nada no pasó nunca de fase en las tres copas que disputó.
En el escenario, Shakira, como cuando la propia Sudáfrica se convirtió en el primer (y único hasta ahora) país organizador africano de un Mundial, en 2010. Cantando "Dai Dai" junto al nigeriano Burna Boy, aparecerá de nuevo en la final, junto a Madonna y BTS.
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Porque Estados Unidos presionó mucho para los shows de los entretiempos, pero hasta ahí llegó la FIFA y solo dio el vía libre para la final, el 19 de julio en el MetLife Stadium en Nueva Jersey. Eso sí, la pausa no será de 15 minutos sino de media hora. Toda una novedad que de alguna manera se anticipó en la final de la última Copa América, con la misma cantante en el medio.
El otro fútbol de hace rato
Hay otro fútbol hace rato, claro, ya de butacas para todos, sin “populares” pese a que es el deporte más popular de todos. El espectáculo ante todo para quien pueda pagarlo. Este Mundial es una muestra concreta de eso. Se corre cada vez más hacia eso.
Y por supuesto que la política siempre atraviesa todo. No puede estar escindida, son parte insustituible. No se entendería sino cómo Estados Unidos, un país que atacó a Irán y encendió de nuevo la mecha de la guerra en Medio Oriente hace tan poco, no corra por ejemplo la misma suerte de Rusia luego de invadir Ucrania, de ser borrada de toda competencia.
Las circunstancias hicieron que Irán clasificara a este Mundial. En algún momento parecía que se reemplazaría inclusive, pero finalmente juega. Eso sí, no podrá permanecer en EEUU por más de 24 horas, por lo que debió cambiar el lugar de residencia a Tijuana e ir y volver en el día los días de partidos. Deportividad al palo.
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Interrogados y deportados en EEUU
Como la que sufrió la estrella de Irak, retenido e interrogado por varios horas al llegar al país, o la del árbitro somalí, el mejor del fútbol africano, que directamente fue deportado.
También eso es este Mundial, el que premia a Donald Trump, el que amenazó con desaparecer a toda una generación de iraníes, con el Embajador de la Paz por parte del presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Claro, la Furia Epica aún no se había puesto en marcha entonces.
Pero el Mundial sobre todo es fútbol, la pugna de jugadores como pulsión vital atrás de esa pelota que hace que todo se mueva en pos de la expectativa de lo impredecible. Es cuando se piensa que, pese a todo y contra todos, no se mancha. A rodar entonces.