Formosa es una ciudad cautivante, pintoresca y muy calurosa, que está en el límite norte del país. En su costanera serpentea el caudaloso río Paraguay y a simple vista, del otro lado del curso de agua, se divisa la geografía del vecino país guaraní. Hasta este recoveco del mapa llegó Central para disputar esta noche la semifinal de la Copa Argentina, ante Atlético Tucumán, donde miles de canallas que estarán en las tribunas harán fuerza para que el grito de la clasificación a la final tenga el epicentro en el estadio Antonio Romero y se escuche como un estruendo en cada barrio rosarino. Justamente en esta ciudad limítrofe se juega un partido límite. Un encuentro emocionante por donde se lo mire, que tendrá siempre la adrenalina a flor de piel, con el DT auriazul Paolo Montero otra vez en un punto definitorio para la continuidad de su ciclo y con el premio extra de que un triunfo puede devolver al Canalla al plano internacional, nada menos que con la participación en la próxima Copa Libertadores. Será una noche a todo o nada, a suerte y verdad. Están todos los condimentos arriba de la mesa. A jugar.
En lo que va del 2017 Central tiene dos caras opuestas e irreconciliables en su fisonomía futbolística. Porque viene imparable en esta edición la Copa Argentina, con victorias ante Cañuelas, Deportivo Riestra, Boca y Godoy Cruz, que le valieron instalarse en la semifinal de hoy ante los tucumanos. Pero, simultáneamente, el equipo de Paolo Montero arrastra un lado oscuro, que es el que pone al DT en el ojo de la tormenta de su continuidad. Y es la racha fatídica de 13 partidos sin ganar en el torneo argentino. Incluso en las ocho fechas jugadas de la flamante Superliga logró apenas cuatro empates.
Este contexto de rendimiento bipolar genera que hoy el resultado del partido frente al aplicado Decano de Ricardo Zielinski no tenga término medio para Central. Un victoria aportará oxígeno y esperanza, pero una derrota apagará definitivamente la luz de la era Montero. Así de sencillo, sin vueltas, excusas, ni derecho a réplica.
De esta manera Central está a un paso de todo, de meterse por cuarta vez consecutiva en la final de la Copa Argentina y, también, a apenas un escalón del precipicio. Lo saben muy bien Montero y sus muchachos. Justamente son los jugadores los que otra vez deberán dar la cara por el club de Arroyito y por el entrenador uruguayo. Y aquí el mayor aporte de fútbol y carácter lo deben dar los más experimentados, como el gladiador de mil batallas Marco Ruben, el Loncho Ferrari, Diego Rodríguez, Federico Carrizo y el Chaqueño Herrera. Ellos deben marcarle la senda al resto.
Central demostró que en esta competencia federal supo tumbar al poderoso Boca y a Godoy Cruz. Por eso hoy está en condiciones de pegar el zarpazo ante los tucumanos. Claro que no será fácil porque enfrente tendrá a un equipo astuto e inteligente como el Decano, que sabe capitalizar cada error del adversario para mandarlo a la lona.
Serán 90 minutos a cara de perro y si hay empate directo a los penales. Sin concesiones. Como le ocurre a un cazador que debe diferenciar en el preciso momento de apretar el gatillo si es pato o gallareta.
Así, Montero se juega su pellejo en Arroyito, los jugadores el orgullo de meter al club en la cuarta final al hilo de la Copa Argentina y todo el pueblo auriazul se aferra al sueño de jugar la próxima Copa Libertadores (ver aparte). En esta ruleta rusa habrá que ver en qué casillero cae la bola. Si el canalla resulta vencedor o vencido.



































