Que fantástica la fiesta! Pero todo llega a su fin. Las máquinas del Rally Dakar
cerraron el show iniciado dos semanas atrás con un colorido desfile por avenidas del barrio porteño
de Palermo. Los motociclistas holandeses y el piloto norteamericano Robby Gordon, tercero entre los
autos, fueron los que dieron un cierre más artístico a esta competencia que por primera vez se
desarrolló fuera de Africa.
De esta manera concluyó el Rally Dakar, que en los anuncios
previos, si bien eran optimistas, quizás no previeron que una competencia añeja y con historia,
pero novedosa e inédita por estas latitudes, despertaría tal interés en el público, ni que le
pondría un colchón de plumas al exigente desafío de los participantes.
El Rally Dakar, que por primera vez se escapó de Africa por
amenazas terroristas, llegó este año a Argentina y Chile, en su trigésima edición, para correr por
las pampas, sortear caminos rurales y pedregosos, batallar contra altas dunas y hacerle frente al
calor insoportable del desierto, como siempre, como nunca.
Llegó tímido, examinando el panorama de reojo, casi con
desconfianza. Seguramente se fue lleno, con la frente bien alta, sabiendo que las puertas quedan
abiertas para el futuro y que será bien recibido, como esta vez, cuando miles y miles de personas
presenciaron la largada y la llegada, y acamparon al costado de los caminos para ver pasar las
imponentes máquinas.
Por allí pasaba en su cuatriciclo Can Am con sus sueños
sobre cuatro ruedas Marcos Patronelli, gestor de la mayor hazaña conseguida por un argentino en el
Dakar.
El piloto de Las Flores, nuevo héroe, resultó ganador no
sólo de tres etapas sino de un reconocimiento que se espera no sea efímero ni exitista. Al cabo
subcampeón del sólido checo Josef Machacek, pero que más da, si aprobó con un amplio margen su
debut en el Dakar.
Por estas tierras pasó también el Volkswagen del
oportunista sudafricano Giniel De Villiers, quien aprovechó primero la descalificación del qatarí
Nasser Al Attiyah y luego el abandono de Carlos Sainz para erigirse como el mejor piloto en
autos.
El público fue testigo de la consistencia y regularidad del
español Marc Coma, protagonista de un comienzo sensacional que le permitió sacar la ventaja
necesaria para imponerse sin objeciones en motos, donde el dominio de las KTM fue abrumador.
La victoria en camiones, especialidad por demás particular,
fue para el ruso Firdaus Kabirov en una dura lucha final con su compatriota Vladimir Chagin.
El Dakar dejó como resultado desfavorable la muerte del
motociclista francés Paul Terry y varios heridos. Uno de ellos un rosarino. Esas fueron las notas
tristes en una competencia que por exigente, permite presagiar sucesos adversos como esos. En el
caso de Terry, la organización mostró el lado flaco por la demora en ir en busca del piloto que
envió el mensaje de que se encontraba parado. Una equivocada información dando cuenta de que había
llegado al vivac empeoró la situación. A Terry lo encontraron dos días después de haber muerto en
un paraje aislado de La Pampa.
Pero la competencia en Sudamérica no dejó grandes espacios
para la crítica y su balance es altamente positivo. Por ese motivo, por estos lares ya se piensa en
albergar la edición 2010, aunque se rumorea que algunos países del sur y del este de Africa
surgieron como competidores.
Si de atender la opinión de los pilotos participantes y la masiva
convocatoria se tratara, el Dakar debería volver a Argentina y Chile si es que no regresa a su
escenario original. Ahora, por lo pronto, sólo se trata de esperar.