Juan Ignacio Ramírez volvió al gol. Newell’s lo necesitaba y el nueve apareció. La necesidad de la lepra de un triunfo requería que su goleador se hiciera presente en la red. Personalmente tenía que enmendarse. Llevaba cuatro partidos sin goles. Y el uruguayo quebró la racha adversa. Abrió el enfrentamiento contra Tigre, desviando un disparo rasante de Angelo Martino. Hizo lo que se espera del nueve, para que el conjunto rojinegro abroche la victoria por 1 a 0.
Newell’s debía avasallar a Tigre, atacarlo por todos lados. Pero la ofensiva rojinegra fue predecible, liviana. Los ataques por los costados no preocupaban. Los centros que se lanzaban no tenían destinatario. El equipo rojinegro insinuaba, no concretaba. Ante tan escasa gestación, Ramírez entraba poco en juego. Pero a los 8’ dispuso de una oportunidad inmejorable, que terminó fallando. Martino se la bajó de cabeza, el centrodelantero se filtró entre los centrales y de frente al arco le pifió de zurda.
Una ocasión que, teniendo en cuenta las urgencias de Newell’s, se lamentó. Parecía que era el anuncio de otra noche negra del delantero. Una sensación que prosiguió con ese cabezazo que mandó por sobre el travesaño, luego del tiro libre ejecutado por Banega.
A Newell’s le costaba avanzar a paso firme, incursionar con firmeza en el área visitante. El delantero continuaba agazapado, expectante de cualquier ocasión de peligro. Que llegó a partir de una pérdida de Tigre en la salida. Ramírez la recibió dentro del área y trató de hacer pasar de largo a Nardelli. El defensor puso las manos sobre el cuerpo del delantero, que se tiró al piso. El árbitro Pablo Echavarría no sancionó nada. Tampoco lo llamaron del VAR. Estuvieron correctos. No fue penal.
Pero el nueve tendría su revancha antes de llegar al descanso. Martino le pegó de zurda desde media distancia y Ramírez, habilitado por Giacopuzzi, se tiró al piso para desviar la trayectoria del balón. Gol y sonrisa en el rostro del uruguayo.
No era para menos. Es que abría la victoria de Newell’s. Y regresaba al gol, después de aquel arranque tan prometedor en la Copa de la Liga, con cinco tantos en cuatro fechas. Todas conquistas determinantes, porque sirvieron para que la lepra se retire ganador. Tal cual ocurrió anoche.
En un equipo en el que son pocos los que aportan goles, el peso de Ramírez es fundamental. Y por eso fue tan importante lo que hizo, reencontrándose con el gol.
Es que luego de marcar por triplicado frente a Unión (3-1), y previamente un gol contra Lanús (2-0) y otro ante Belgrano (1-0), su poder goleador se apagó en las siguientes cuatro fechas. Pero anoche dijo presente en el marcador y trajo algo de alivio al conjunto rojinegro.