Central

Central, un equipo que creció pero que necesita reinventarse

El ciclo de Leo Fernández se inició con todo pero en los últimos partidos fue desmejorando su imagen. Cinco razones para entender las causas de la recaída.

Viernes 20 de Abril de 2018

Central no parece el mismo del inicio del ciclo de Leonardo Fernández. No hace falta hurgar demasiado para darse cuenta que el canalla perdió algo de potencial futbolístico y que, por ende, los resultados entraron en un vaivén que antes no se daba. Fue por eso que el equipo jamás pudo lograr meterse en el lote de clasificación a la Copa Sudamericana (uno de los objetivos del semestre) pese a que desde hace varias fechas se mantiene a pocos puntos de distancia. Tampoco pudo marcar la diferencia en el choque de ida contra San Pablo. De aquel Central sólido, que ganaba, aunque muchas veces con los justo, y que le hacía la vida imposible a los rivales, pasó a este de mentón un tanto más frágil. Lo que ya es la recta final de la competencia, en la que deberá realizar un esfuerzo supremo para meterse entre los once primeros de la Superliga, y lograr el pase a la segunda fase de la Sudamericana, el canalla está obligado a reinventarse. Pero para ello primero deberá detectar qué cosas fallaron en este último tiempo para que la levantada, indispensable por cierto, comience a tener forma en lo inmediato. Necesita algo que se mueva en concordancia con esos muy buenos números que el equipo logró de la mano de Leo Fernández, que fueron precisamente los que pusieron al equipo nuevamente en carrera después del tendal que había quedado cuando Paolo Montero decidió dar un paso al costado. No obstante, hay razones para entender la recaída.

Juego diezmado

En el fútbol el juego lo es todo. Muy pocas veces se obtienen buenos resultados sin que las formas no sean las apropiadas. Indudablemente Central perdió volumen de juego. Desde que Leo Fernández tomó las riendas, el canalla nunca fue un equipo vistoso, de circulación aceitada y movimientos excelsos. Pero en el inicio del ciclo hubo una idea más clara que lo que hoy se está mostrando. No significa que aquello haya sido mejor o que esto no es lo que corresponde, sino que las formas son otras. Quizá por la necesidad de empezar a lograr buenos resultados, lo que antes se buscaba era más efectividad que vistosidad. Hoy, con futbolistas con algo más de rodaje, la rúbrica futbolística entró de un terreno fangoso, en el que no hay solidez y mucho menos capacidad para imponer condiciones. Es un hecho, se está apuntando más a lo segundo, pero la imagen es notoriamente más borrosa.

Rotación obligada

Tanto se habló de las lesiones en lo que va del semestre que el tema ya resulta repetitivo, pero indudablemente allí está una de las causas de la merma futbolística. No cualquier equipo se puede dar el lujo de tener tantas bajas obligadas (por el motivo que sea) y Central claramente no es la excepción. Más aún si la mayoría de los jugadores que padecieron esa situación forman parte de ese selecto grupo a los que más se les puede exigir. Ruben, Martínez, Camacho, Gil, Ortigoza, Tobio, Fernández, Herrera, Lovera y algún que otro más padecieron lesiones (en algunos casos de mayor gravedad que otros) y en ningún partido del año (ni siquiera el primero contra Independiente) Leo Fernández tuvo a todos los jugadores a disposición. Lesiones musculares, por traumatismo o lo que sea (las razones en este caso son lo de menos), al técnico le fue imposible armar dos veces el mismo equipo.

Bajos rendimientos

Por más estrategia o táctica que se quieran implementar, si los rendimientos individuales no acompañan, lo colectivo carecerá de fundamentos. Y Central padece hoy de muchos casos en los que los nombres están muy por debajo de lo que, en teoría, pueden dar. Resultaría un tanto injusto entrar en algún tipo de detalle en lo que hace a nombres propios, sobre todo porque la mayoría de quienes son elegidos por el técnico se muestran en un bajo nivel. Es más, uno de los pocos que mostró un nivel ascendente es Oscar Cabezas, de lo mejor del equipo en los últimos cuatro partidos (Patronato, Belgrano, San Pablo y River). El resto, tanto en lo que hace a defensores, volantes y delanteros, se sumergieron en un mar de dudas permanente. En medio de un sistema colectivo en el que las cosas no funcionan a pleno, hoy no aparece ninguna individualidad que pueda marcar la diferencia.

Falta de identidad

Intimamente relacionado con el tema del juego, Central de a poco fue perdiendo su identidad. La chance de mostrar que era un equipo capaz de jugar de una determinada manera, cualquiera sea el rival y tanto de local como de visitante, nunca estuvo del todo clara. Un equipo con una idea lo suficientemente clara hace que el desempeño no tenga picos pronunciados de un partido a otro. Ultimamente Central no mostró esos picos porque el rendimiento es parejo, pero de regular hacia abajo, pero sí dejó en evidencia que en el Gigante es capaz de entregar ese plus que fuera de Rosario todavía le cuesta. Apenas un triunfo (Huracán), tres empates (Independiente, Lanús y Vélez) y tres derrotas (Gimnasia, Patronato y River) fue lo que consiguió cuando le tocó salir en este semestre. ¿De local? Cuatro triunfos (Unión, Olimpo, Chacarita y Belgrano) y una caída (Godoy Cruz). La identidad y comportamiento puertas adentro no es la misma que afuera.

Falta de rebeldía

Los últimos partidos, que fueron los que expusieron la imagen más desdibujada del equipo, tiraron sobre la mesa la inequívoca idea de que además de flacos rendimientos hay una pérdida notable de confianza y rebeldía. Después de lo que fue la pésima presentación contra Patronato, en la que el primer gol del equipo paranaense pareció ponerle fin a la historia, Central se mostró sin el convencimiento necesario como para llevarse por delante a San Pablo. Y ni hablar de lo ocurrido en el Monumental. Es que más allá de que River no le generó muchas chances antes del gol de Santos Borré, a los cinco minutos del partido ya se preveía un trámite en el que el millonario iba a hacer que el canalla corriera siempre detrás de la pelota. Sin rebeldía para plantarse, Central parece conformarse con quedar a expensas de lo que haga el rival de turno. Le sucedió en menor medida contra San Pablo, pero lo padeció en Paraná y en el Monumental.

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